It's just Ratio

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-Eddie, tu casa se ve muy linda por fuera... ¿Vives solo? -

Preguntó Luca, observando al castaño abrir la puerta principal.

-Se podría decir que no... -

Edgar abrió la puerta de su casa, invitando a Luca a pasar. Luca asintió, entrando en la casa y esperando a que el pintor entrará.

-¿Vives con tus padres? -

Edgar entró detrás del inventor, pero ciertamente, esa pregunta lo había tomado por sorpresa.

-No, no vivo con ellos-

Se limitó a responder Edgar, desviando la mirada y cerrando la puerta principal.

-¡Ya llegué! -

Grito Edgar desde el primer piso de la casa. Eso hizo pensar a Luca que tal vez vivía con su pareja, aun que la idea hacía que su corazón doliera.

-¿Vives con tu pareja?-

El pintor dirigió su mirada al castaño, quien tenía una fingida sonrisa ante esa pregunta.

-Uhm.. No, no tengo una-

Luca no pudo explicar el maldito alivio que sintió, pero solo asintió, claro que su sonrisa se había hecho más natural. De repente, pudo escuchar una voz femenina proveniente del segundo piso.

-¿Ya llegaste, Edgar?-

Edgar se cruzó de brazos, alzando una ceja.

-No, me metí a robar-

Dijo el pintor con sarcasmo. Esto hizo que el inventor soltara una ligera risa. Melly se asomó por las escaleras, sonriendo con nerviosismo.

-¿Me explicas por qué están mis zapatos mordidos? -

-Solo digamos que... Ratio realmente no se queda quieto-

Luca ladeó la cabeza, ¿Acaso Edgar tenía un bebé?

-¿Tienes un hijo?-

Edgar y Melly se intercambiaron miradas, luego, simplemente rieron ante aquello.

-Claro, Luca, tengo un hijo-

El corazón de Luca latió con fuerza, no esperaba realmente recibir esa respuesta.

-¿Donde está mi Ratio?-

Melly dudó un poco en si debía responder esa respuesta, ella estaba hecha un manjar de nervios.

-En tu... En tu estudio-

De repente, Luca pudo notar como la sonrisa de Edgar se desvanecía. Rápidamente subió las escaleras, casi tropezando. Pasaron unos segundos en cuanto se pudo escuchar un fuerte grito.

-¡MELLY VEN PARA ACÁ! -

Melly trago saliva, intentando no parecer nerviosa. A paso lento subió las escaleras. Luca se dedicó a seguirla, realmente no podía con la curiosidad. Al llegar, pudo ver a Melly parada frente a una habitación cercana a las escaleras. Al acercarse un poco más, pudo ver varias pinturas derramadas en el suelo. Edgar sostenía algo, pero como estaba de espaldas, no podía ver que era.

-Yo... Se me perdió y luego se cayeron las cosas y yo realmente no quería y y y...-

Melly se callo repentinamente al ver a Edgar voltearse. El inventor pudo notar que una pequeña bola de pelos llena de pintura descansaba en sus brazos, a eso se refería con tener un hijo. Las lágrimas amenazaban con salir de los ojos del pintor. Edgar negó con la cabeza, dejando que sus lágrimas salieran con rapidez.

-No estoy molesto por eso, pero esas pinturas eran realmente importantes para mi siguiente trabajo-

Luca nunca había visto a Edgar llorar, de verdad se veía lindo hasta llorando. Pero eso no importaba, no le gustaba verlo llorar.

Melly bajo la mirada hasta el suelo, parecía que se sentía culpable. Melly simplemente se acercó hasta el pintor, rodeando al chico con sus brazos. ¿De verdad eran tan importantes esas pinturas? Aun que lo entendía, si alguien llegase a romper sus inventos, realmente lloraría.

Paso un rato hasta que Edgar pudo parar de llorar, Melly estaba sentada a su lado, sosteniendo una gran caja con pañuelos.

-¿Te sientes mejor?-

Preguntó Melly. Edgar se tapó la cara, no quería que Luca lo viera así, tan vulnerable.

-Eddie...-

El pintor miró a Luca a los ojos, seguían rojos e hinchados por tanto llorar, pero eso hizo que a Luca le entrarán unas grandes ganas de abrazarlo. Melly, leyendo el ambiente del lugar, simplemente se fue a la cocina para dejarlos solos. Luca se sentó a un lado de Edgar, el pintor desvió la mirada, un poco avergonzado.

-Eddie-

Luca frunció el ceño, notando que el castaño no era capaz de mirarlo a los ojos, así que inconscientemente colocó su mano sobre la del pintor. Las mejillas del pintor se ruborizaron en su totalidad, regresando su mirada hasta el más alto.

-Eddie, lo solucionaremos, ¿bien?-

Edgar asintió muy lentamente con la cabeza, simplemente le causaba felicidad que Luca estuviera para apoyarlo, incluso en sus peores y más vergonzosos momentos. Melly entró a la sala de estar, observando a los dos chicos tomados de la mano. Melly aclaró su garganta, haciendo que los dos chicos la mirarán. Edgar quitó su mano de la de Luca, mientras que Luca se levantó en dirección a Melly.

-Aun no me he presentado, mi nombre es Luca Balsa, mucho gusto, señorita...-

-Melly Plinius... Mucho, gusto, Balsa-

El inventor hizo una pequeña reverencia ante la chica. Melly ladeó la cabeza, observando a Edgar de reojo. Edgar le hacía señas con las manos para que no dijera nada raro, pero ya era demasiado tarde.

-¿Luca Balsa no era del chico del cual me hablabas a cada rato?-

El pintor sintió sus mejillas arder, mientras con la palma de su mano, golpeaba su frente, sin llegar a lastimarse. El inventor se giró hacía Edgar, esa acción hizo que el también se ruborizara. Ups, Melly comprendió muy tarde que había metido la pata.

-Es decir... Mis abejas, no las he alimentado, es mejor que me vaya... ¡Adiós, Edgar!-

Melly se retiró del lugar, dejando en un incomodo silencio a ambos chicos, los cuales, se intercambiaron miradas. Luca carraspeó, buscando un tema de conversación adecuado. Para su sorpresa, Edgar fue quien rompió el silencio. 

-¿Por qué ahora querías quedarte en mi casa, Luca?-

El inventor sonrió.

-Solo no quería dejarte solo, Edgar, luego de lo que viste... No quiero que te quedes solo por el momento... Aun que también es porque comparto casa con Andrew y le hice una maldad... Me quiere matar-

Edgar sonrió. Claro que iba a responder, pero entonces, vio como Luca cambiaba su cara a una de confusión. Aparentemente, Ratio estaba en su pie, mordiendo su zapato. Por fin Ratio había encontrado a la rata eléctrica.

Edgar soltó una pequeña risita, realmente agradecía poder compartir aquel momento con Luca. El castaño se levanto y cargó al pequeño conejillo en sus manos, acercándoselo a Luca.

-Es tan lindo tu conejo-

Edgar asintió, dejando que Luca lo acariciará.

-Me recuerda a alguien-

El inventor no respondió, pero tampoco notó la mirada de Edgar sobre él. Edgar lo miró con una sonrisa tierna. ¿Cómo podía Luca ser tan lindo pero tan tonto a la vez? 




Blome | EdlucaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora