Savas y yo permanecimos en su habitación hasta que llegó el momento de ir a cenar. Él tomó mi mano con suavidad, y mientras bajábamos las escaleras, mi mirada se encontró de repente con Blair, que estaba parada en el recibidor con una sonrisa radiante. Sin pensarlo, solté la mano de Savas y corrí hacia ella, lanzándome en un abrazo que me hizo sentir como si todo fuera posible.
— ¡Por fin! —exclamó, mirándome con sus ojos brillantes—. Te he extrañado tanto en todos estos meses.
— Yo también, no puedo creer que estés aquí —respondí, sintiendo que la felicidad me desbordaba.
— Hola, Blair —dijo Savas, acercándose para saludarla.
En ese momento, un hombre de mediana edad cruzó la puerta. Era alto, con pelo y ojos negros, y una barba que lo hacía parecerse a Savas. Mi corazón se aceleró.
— Buenas noches —saludó el padre de Savas con un tono más formal.
— Hola —respondió Blair, y Savas lo ignoró, tirando de mi mano hacia el comedor.
Al llegar a la mesa, noté que ya estaban allí Nik, Jackson, Jenna, Ángela y la señora Romina. Me senté entre Savas y Blair, y pronto una empleada comenzó a servir la cena: lasaña y vino. A medida que comenzamos a comer, una tensión palpable llenó el aire. Noté que Savas movía su pierna nerviosamente debajo de la mesa. Colocando mi mano sobre la suya, lo miré; él me sonrió, pero había algo en su mirada que me decía que no estaba bien.
— Tú debes ser Faith, la novia de Salvador —rompió el silencio su padre, mirándome con un aire de superioridad.
— Sí —respondí, sonriendo amablemente, aunque me resultaba raro escuchar que lo llamaran Salvador.
— Es un placer que estés aquí. Salvador no había venido a su casa en años, pero está aquí gracias a ti, según entiendo.
Lo miré fijamente, sintiendo que la rabia empezaba a burbujear dentro de mí.
— No hice nada, no tiene por qué agradecerme —dije con frialdad.
Savas me sonrió al escucharme, pero su padre frunció el ceño.
— ¿Y qué estás estudiando, Faith?
— Medicina —respondí cortantemente, sintiendo que las miradas se volvían cada vez más inquisitivas.
— Oye, Aurelio, no sé si lo notaste, pero también hay más personas en la mesa. ¿Por qué no haces una conversación que incluya a los demás y dejas el interrogatorio? Además, esta cena es por Ángela —intervino Blair antes de beber de su copa, su tono desafiante desafiando la tensión.
Aurelio la ignoró, lanzándole una mirada severa.
— ¿Por qué no nos cuentas cómo te va en la universidad, Blair? —dijo, claramente empeñado en continuar su hostilidad.
— Decidí tomar un descanso y ahora estoy pasante en una clínica legal gratuita, pero claro que ya lo sabían —replicó Blair, manteniendo su mirada fija en él.
— ¿Y qué opinan tus padres de eso?
— Apoyan mi decisión. La verdad, soy muy afortunada de tener unos padres que entienden y me apoyan. Hoy en día es difícil tener unos padres como los míos —respondió, y sonreí al ver cómo defendía su posición.
— Son estupendos, y los extraño —agregué, sin poder evitarlo.
— Y ellos a ti —dijo Aurelio, volviendo a mí.
— Creo que ese es el verdadero problema: cuanto más consideramos a nuestros hijos, más nos decepcionan. Como Salvador, que ha perdido algunos años sin estudiar —dijo, con una sonrisa de satisfacción.
Savas giró la cabeza hacia su madre, con una expresión de molestia.
— Aurelio, no empieces —intervino Romina, pero él no se detuvo.
— ¿Faith, te está gustando vivir en Madrid? —preguntó la madre de Jenna, intentando desviar la conversación hacia un camino más amable.
— Sí —respondí, pero Aurelio no se detuvo.
— ¿A qué se dedican tus padres, Faith? —insistió.
— Mi madre es uróloga, mi padre es empresario y dueño de la cadena de hoteles Ciare —dije, sintiéndome incómoda bajo su mirada inquisitiva.
Aurelio me observó sorprendido.
— ¿Qué opinan tus padres de que salgas con mi hijo?
Lo miré confundida, frunciendo el ceño.
— No entiendo su pregunta. ¿Por qué deberían opinar algo sobre mi relación con Savas?
— Está claro que eres una niña inteligente, que te estás preparando. Tu familia es de buena posición social, y mi hijo es un conformista, un malagradecido con sus padres.
— Papá —interrumpió Ángela, tratando de frenar el torrente de palabras de su padre.
— No estoy diciendo nada que no sea verdad, cariño. Salvador solo es una vergüenza para la familia.
— ¡Ya basta, Aurelio! —exclamó Romina, molesta.
— Las verdades incomodan, ¿no es así, Salvador? —dijo, desafiando a su hijo.
Yo fruncí el ceño, y de repente me levanté de la silla, sintiendo cómo todos fijaban sus ojos en mí.
— Les diré quién ha sido la única persona patética en esta cena. Usted está aquí, sentado, juzgando a todos: a Blair, a su hijo y a mí. ¿Con qué derecho se cree mejor que los demás?
Aurelio me miró con desdén.
— Niña, mejor siéntate y guarda silencio. No olvides que eres una invitada.
Savas se tensó, su expresión convertida en furia, con los puños apretados.
— No voy a permitir que le hables así a Faith.
Aurelio se puso de pie, mirándome con desdén.
— Estoy en mi casa. No olvides eso, Salvador.
— Se acabó. Nos vamos, Faith —dijo Savas, tirando de mi mano hacia la puerta.
Jenna, Nik, Jackson y Blair, también se levantaron, siguiéndonos. La tensión era palpable, y el aire estaba cargado de emociones mientras Savas me guiaba hacia la salida, decidido a protegerme de cualquier ataque más.
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Before I hate you
RomanceFaith llega a Madrid arrastrando las sombras de un pasado que aún la persigue. Para ella, el amor no es más que una trampa, un arma letal que puede destrozarte sin piedad. Pero entonces aparece Savas. Él no solo ve sus cicatrices, las entiende. Lo...
