Capítulo 18

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El viaje a la ciudad fue tranquilo. Yo iba conduciendo a una velocidad normal, el niño en el asiento del conductor no despegaba la mirada de la ventanilla, y se fondo se oía algo de música que puse en el estero del auto. Por lo esos minutos que duró el trayecto, me sentí muy relajado. Hubiera continuado conduciendo por horas sin quejarme. Así fue lo mucho que lo disfrute.

Cuando llegamos, lo primero que hice fue detenerme en uno de nuestros tantos negocios que tenemos, dónde Milo se encontraba haciendo el mantenimiento del sistema de seguridad, y que me miro muy extrañado cuando aparecí. Y no es para menos si alguien entra a un lugar, se queda 10 minutos parado sin decir, ni hacer nada, y luego se marcha. Pero es que tenía que mantener la mentira que le dije al niño.

Al regresar al auto, me pidió que lo llevara a algún mercado donde comprar alimentos y distintos elementos e ingredientes de cocina. Así que lo lleve al lugar más grande y surtido que conocía.

Y cómo soy el tutor responsable que no debe perderlo, y que encima tiene que pagar, baje con él.

El niño puede ser mandón cuando quiere. Llegué a esa conclusión cuando me obligo a que lleve el carrito de las compras. Por lo que allí iba yo, apoyado encima de este, mientras lo transportaba, caminando detrás de él, entre tanto no dejaba de meter cosas dentro.

- ¿Vas a cocinar para un pelotón? - inquiero hastiado, frunciendo el ceño-

Gira su cabeza y me mira, me apunta con el dedo. - El ceño... - vuelve la vista al frente, justo en el momento para no verme que casi instintivamente lo relaje. - Luego de tres meses conseguí que alguien me trajera, por lo que prefiero llevarme para los próximos tres meses que siguen hasta que pueda volver a venir.

- Eso se solucionaría si te decidieras a sacar tú licencia de una vez por todas. - digo firme.

Menea la cabeza y continúa agarrando productos, leyendo sus etiquetas y metiéndolos en el carrito.

- Todavía no me siento seguro del todo para hacerlo.

- ¿Qué te da miedo?

Se detiene, por lo que yo también. Vuelve su cabeza hacia mí, de golpe y me mira fijo, con esa mirada penetrante que pone cuando algo le molesta. Y entre nos, un poco consigue darme un leve escalofrío.

- No tengo miedo. - sentencia.

No. Claro que no. Eres el niño más valiente y fuerte que conozco. - pero no se lo digo.

Me encojo de hombros. - Te entiendo, es difícil dar ese último paso. - digo en cambio. - Yo creo que saque mi licencia luego de casi cinco meses desde que termine mis lecciones.

- ¿A ti quien te enseño? - pregunta en voz baja, como si temiera preguntar. Pero él no sabe que no debería, ya que le respondería (casi) lo que sea.

- Mi padre. - respondo.

- ¿Y él también te grito al punto de perforarte un tímpano, amenazo con ponerte pinzas en los ojos para ver mejor y maldijo a cada uno de tus ancestros? - inquiere divertido.

Se me escapa una suave risa. - No. Él... él tuvo una paciencia infinita. - respondo con algo de tristeza. - Él... siempre fue así.

Pese a lo que el común de la gente cree al ver a mi padre, (que lo ven como un ex criminal, jefe de un clan mafioso, repleto de tatuajes como si fuera un pandillero) él es la persona más amable que conozco, dueño de una gran inteligencia y paciencia, además de bondad. Nuestra madre siempre nos dijo que él volvió en si cuando dejo de lado el trabajo en el clan. Y me alegro que haya sido así, porque no me lo imagino siendo de otro modo.

Estoy Pensando en Ti (Mafia Marshall VI)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora