Capítulo 11

1.9K 231 27
                                        

Otra vez me vuelvo a despertar en el medio de la noche a causa de unos gritos desgarradores.

Me levanto y me pongo algo de ropa, mientras maldigo irritado. Pero no al niño, sino al hijo de puta de su padre.

Salgo cabreado de mi habitación, a paso firme hacia la suya. Entro con ímpetu, abriendo la puerta de golpe, pero me freno en seco al ver que ya está despierto.

Se encuentra sentado en la cama, con sus rodillas hacia arriba y abrazando sus piernas. Tiene su rostro escondido en el hueco que se forma, sin embargo no tarda en alzarla al percatarse de mi presencia. Me mira con esos ojos llorosos.

- Lo siento... - murmura apenado. - Hoy pude despertarme solo, pero parece que igual moleste a toda la casa. En verdad lo lamento.

Doy unos pasos más cerca. - No le des tanta importancia. - hablo y me sorprendo a mí mismo. - Los demás duermen siempre profundamente. Además, en su momento tuvimos que soportar los ronquidos de tractor de Milo, a Stellan hablando dormido y la música que ponía Lari cuando apenas se levantaba. - hago una pausa, pensativo si entre decir lo que quiero decir o no. - Yo soy de sueño ligero, también me cuesta dormir por las noches. Así que no lo tengas tan en cuenta.

- ¿Ah si? - pregunta con sorpresa. - ¿Te cuesta dormir?

- Si. - respondo. - Pero no por pesadillas, sino porque... - quedo callado porque no se bien que decir.

- Tienes una trabajo difícil. - agrega él.

Lo miro con algo de sorpresa. Asiento levemente. - Si... - susurro. Se forma un silencio. Suspiro. - ¿Quieres comer helado?

Se le forma una sonrisa brillosa en el rostro de lo sincera y espontanea que es.

- Si. - responde.

- Vamos, veamos si tenemos un poco de suerte y Milo nos dejó algo.

Al igual que la noche anterior, los dos bajamos juntos a la cocina. Él se acomodó en una de las banquetas y yo en la otra su lado después de buscar el pote de helado y las cucharas. Comemos en silencio.

Y eso se siente bastante tranquilo.

- ¿Ya has decidido que vas a hacer cuando consigas la libertad? - pregunto, luego de un largo rato callados. Sigo con la vista al frente, comiendo.

- No puedo ni decidir que nombre quiero usar a partir de ahora, ¿y tú crees que puedo decidir con respecto a que hacer con mi vida? - inquiere. - No soy capaz de tomar una maldita decisión.

Lo miro extrañado. - ¿Y qué demonios pensabas hacer si tú hermano no te ponía está restricción?

Se encoje de hombros. - No lo sé, yo solo quería salir de ahí. - responde. - Me sentía sofocado. No me importaba mucho el lugar, mientras estuviera lejos.

- Escucha niño, no te estreses. - comienzo a decir. - Nadie sabe qué diablos hacer con su vida a cualquier edad, mucho menos a los 20 años. Aún te falta mucho. Primero debes conocerte a ti mismo para saber qué es lo que quieres para tú vida. - hago una pausa, pensativo. - Yo creo que la idea de todo consiste en... ir probando, fallando, probando otra cosa, y así hasta acercarte más a lo que en verdad deseas, o sueñas. No sé... - vuelvo a quedar callado por un momento. - Te lo dice alguien que pensaba que iba a ser veterinario.

- ¿¡Qué!? - exclama divertido con una sonrisa que intenta reprimir.

- Si, anda, puedes reírte. - digo con fastidio, no tardo en oír su risa.

- ¿Tú veterinario? - inquiere todavía riendo.

- Solo siento respecto por los animales, y por alguna que otra persona.

Estoy Pensando en Ti (Mafia Marshall VI)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora