Capítulo 50

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Atlas

Pasaron cinco meses desde que recibí esa llamada que me paro la vida por completo. Lo peor que podía pasarme, me paso. O mejor dicho, le paso a la persona que más amo. Cinco meses desde que vi despierto, desde que me hablo y me dedico una de sus sonrisas. 

Desde entonces es como si hubiera dejado de funcionar. Todo se volvió más oscuro y pesado. Me siento ajeno a la vida, como si no formara parte de ella, porque me falta una parte de mi. La más importante. 

Cada día que pasa se me hace más difícil que el anterior. 

Nos dijeron que debíamos aguardar, tener paciencia y que le diéramos su tiempo, que el despertaría cuando fuera el momento. Que su condición era grave cuando llegó, y que podría haber muerto, pero que con el correr de los días iba evolucionando favorablemente. Sin embargo eso no me quita el miedo que siento. 

¿Cómo podría estar tranquilo viendo a mi hermanito pequeño, inconsciente en una cama de hospital, desde hace cinco malditos meses? 

Pero en un segundo todo eso desapareció...  Y cuando mis ojos se cruzaron con los suyos, sentí como si el mundo hubiera vuelto a girar, como si mi corazón hubiera vuelto a latir y que ahora puedo volver a respirar.

Me paro de la silla que está al lado de su cama y me acerco a él. Sonrío lo más que me permite la cara, y mis ojos se llenan de lágrimas.

- Hermano... - hablo lloroso tomando su mano y dejando un beso en está. - Hermanito...

Jamás me había sentido tan feliz como en este momento. El corazón me late con fuerza de la alegría. Por su parte veo que él está serio, y noto la confusión en su mirada, la cuál inspecciona todo a su alrededor. Es obvio que esta desorientado.

- Tranquilo, estas bien... - hablo un poco más calmo, acariciando su rostro. - Estamos en el hospital, tuviste un accidente en auto. Pero estas bien.

Se lleva la mano a la garganta y abre apenas la boca y hace un esfuerzo por gesticular, pero todo lo que sale es un sonido.

- ¿No puedes hablar? - pregunto preocupado.

Noto que intenta decirme algo, pero no lo consigue. Es como si no tuviera fuerzas, que de hecho no la tiene. Hace cinco meses que esta en está cama de hospital sin moverse.

Alza apenas la mano y señala algo con el dedo. Miro en esa dirección y le apunta a la botella de agua que está sobre la mesa.

- ¿Agua? ¿Tienes sed? - asiente. - Izan fue por agua fresca, ¿si?. Tranquilo que ya viene.

No termino de decir la oración, que la puerta se abre y por esta entra Izan, quien enseguida fija su mirada en la mía, pero cuando los desvía un segundo hacia mí hermano, se frena en seco. Abre bien los ojos y se le forma una sonrisa, que consigue hacerme volver a sonreír a mi.

- ¡Ey! - exclama alegre, acercándose. - Volviste con nosotros...

Pero Rain no responde, parece incomodo, como si algo le molestara. 

- Debe tener la garganta seca, por eso le cuesta hablar. - digo.

- Ya le sirvo.

Se apresura a abrir la botella para servirle en su vaso, el cuál tiene un sorbete. Se lo acercamos a los labios y toma.

- Despacio si. - dice Izan.

- Te lo compró Astor. Creyó que te sería más sencillo tomar, y tenía razón. - menciono. - Es naranja, tú color favorito.

Asiente levemente y sonríe apenas, mientras continúa tomando del vaso que Izan de apoco le va llenando. Le damos unos minutos para que siga tomando agua, e incluso nos pidió para hacer unos buches para aclararse la garganta. 

Estoy Pensando en Ti (Mafia Marshall VI)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora