Capítulo 7

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Es domingo en la mañana y decidimos ponernos a entrenar en el jardín, dado que es un bonito día de sol, y solemos pasarnos encerrados la mayor parte del tiempo en la morada, que está en el subsuelo. 

Un poco más a lo lejos de dónde estamos nosotros, Stellan está ayudando al niño con la bicicleta. No fue necesario que yo diga nada para que los demás no hicieran ningún comentario al respecto. De haber sido yo quien confesara no saber andar en una, probablemente se burlarían de mi hasta en mi lecho de muerte. Claro, si no los mato yo antes. 

- Sigues poniendo mal la posición de los pies, Lari. - le corrige Ross con ese semblante serio y firme tan característico suyo. 

La pelirroja, quién es un fosforito como todo Markov, resopla irritada. Lleva sus manos a la cintura. 

- ¿Por cuánto tiempo más me lo vas a seguir diciendo? - pregunta hastiada. 

- El tiempo que te tome aprenderlo. - sentencia tajante. 

- Solo lo recalcas porque eres un quisquilloso, no hace gran diferencia. 

- Bien. Hagamos una demostración. - sigue el castaño. - Si en ambas ocasiones tú ganas, te daré la razón cada vez que la pidas. 

Ella sonríe con malicia. - Oh sí, me ha gustado como sonó eso. - habla animada. Frunce el ceño. - Pero no contigo, no vale. 

- De acuerdo, me da igual. Elige a quien tú quieras. 

Ella echa un vistazo a cada uno de nosotros. Su mirada se detiene en su objetivo. 

- Juanito, ¿Qué dices de un pequeño combate tú y yo? - le pregunta sonriente. 

Todos posamos nuestra vista en él. El mencionado se detiene en seco, quien está arriba de la bicicleta de la cual se tambalea. La expresión serena y relajada que tenía desaparece por completo y su rostro se torna serio, y un tanto sombrío. 

- No. - responde en seco. 

- Anda, yo también quiero la oportunidad de enfrentarme a un Hyun. - dice Lari. 

- Lari... - la regaño por lo bajo al ver el rostro perturbado que tiene el niño. 

Me mira. - ¿Qué? Tú ya tuviste tú oportunidad. No pudiste con Atlas, ahora yo quiero sentir como es que te lancen por los aires un maestro del karate. - vuelve la vista al niño. - ¿O tú no has recibido el mismo entrenamiento? - pregunta con decepción. 

- Si, lo he recibido. - responde en un murmuro. - Pero no es algo de lo que estoy orgulloso. No... no me gusta la violencia. Me he rodeado de ella toda mi vida, viendo el peor lado de un hombre que se suponía que tenía que cuidarme de eso. - sigue con voz temblorosa, que intenta que suene firme. - Lo... lo que... lo que hice fue por mi hermano. Y lo haría un millón de veces más, pero solo por él. - aparta la mirada y vuelve a enfocar su atención en Stellan, quien sale de su transe y continúa con sus explicaciones. 

Regreso mi mirada a mi equipo, que también siguen observándolo en silencio, pensativos. 

- Milo, tú entrenaras con Lari. - anuncio, logrando que poseen sus ojos en mí y vuelvan a pestañar (y a respirar). 

No replican, tan solo asienten y se ponen en sus posiciones para continuar con el entrenamiento sin rechistar. 

- No seré amable. - dice Milo, con esa sonrisa infantil que vuelve a su rostro. 

- Que bueno porque yo tampoco, y no tengo intenciones que tú lo seas. - habla ella con arrogancia. 

- Menos charla y más acción. - hablo firme. 

Estoy Pensando en Ti (Mafia Marshall VI)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora