Capítulo 25

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Y como bien anuncie que haría, no solté sus labios en toda la noche. O puede que solo de vez en cuando, cuando quería bajar a su cuello. Nunca alguien me había resultado tan adictivo. 

Estuvimos así por horas, hasta que empezó a quedarse dormido y me vi obligado a mandarlo de vuelta a su habitación. Además de que tenía que terminar de ver lo que me pidió Milo, por lo que no dormí en toda la noche. Pero no me importa. Lo valió. 

Al entrar a la cocina veo a los chicos terminando de desayunar. 

- Vaya, hasta que al fin te levantaste. - comenta Dexter. - Creímos que te tomarías el día por primera vez en seis años. 

- Tuve que terminar de ver lo que me dio Milo. - digo sirviéndome una taza de café. - No dormí, por ende no estoy de humor. No empiecen. 

- Pero es verdad. - sigue Lari. - Ahora que lo pienso no te has tomado unas vacaciones en 6 años. 

- Esa es la respuesta a porque está tan malhumorado todo el tiempo. - menciona Milo. 

- Voy a hacerme un tatuaje en el brazo que diga "No puedes dispararles" - comento. - Porque con honestidad cada vez se me dificulta más recordar esa regla. 

- Pero podrías usar ese tiempo para llevar al pequeño Rain a Disneylandia. - menciona el rubio. - Que tenemos que cumplirle sus deseos. 

- Eso me suena más a un deseo tuyo, que de él. - digo frunciendo el ceño. Miro a mi alrededor. - ¿Dónde demonios está por cierto? 

- Dijo que no quería desayunar. - responde Stellan. 

- Todos en está maldita casa desayunan. - sentencio. - Es la parte más importante del día. 

- Bueno, pero no mates al mensajero. 

- Niño idiota. - bufo irritado. - Que con él todo me cuesta el doble. - me doy la vuelta y salgo de la cocina. 

Subo las escaleras y me dirijo hacia su habitación. Toco la puerta con insistencia. 

- Baja a desayunar. - digo con voz firme. 

- No estoy con apetito. - responde desde el otro lado. Su voz suena un tanto extraña, lo que me impaciente más.  

- Y a mí me importa tres pepinos, he dicho que bajes a desayunar. - repito tajante. 

- Luego voy...

Bajo el picaporte y empujo para entrar, pero la puerta se encuentra cerrada desde adentro. Y ahí termino de perder la poca paciencia que poseía. 

- ¿¡Pero que carajos!? ¡Abre! - grito. 

- No. Quiero algo de privacidad. 

- ¿¡Qué has hecho!? - inquiero entre dientes, irritado. 

- ¡Qué no he hecho nada! - exclama a la defensiva. - Solo que quiero un día para reflexionar y meditar en la comodidad de mi habitación. 

Llevo mis manos a la cintura. - Niño. Sabes cómo funciona esto. Abre por las buenas, o por las malas. - sentencio. - Y déjame advertirte en una de las opciones tiro la puerta abajo. - no oigo respuesta de su lado. - Ya me estoy cabreando, y apenas son las 8 de la mañana. - silencio. - 3... 2... - comienzo a contar. 

Llego a oír como resopla. - Bien, bien, ahí abro... - accede con desgano. - Pero no te burles... 

- ¿A te refi....? - y la pregunta queda inconclusa cuando abre la puerta y lo primero que me llama la atención es su boca. 

Y ahí no tardo en comprender que sucede. Y me encanta... 

- Como que tienes los labios un poco más gruesos de los normal, ¿no? - menciono divertido. - ¿Qué te pusiste? ¿Acido como una Kardashian?

Estoy Pensando en Ti (Mafia Marshall VI)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora