Cada xx años se celebra en todo el mundo varios partidos de fútbol, uniendo a países completos solo con varios juegos. Y hoy, hoy era el gran desenlace de esto.
Entre los jugadores de hoy se encontraba el joven Haddock, uno de los chicos más jóvenes y reconocidos por su habilidad con el balón en la cancha. Siendo la última oportunidad de su equipo al meter el gol decisivo y saber si el y su equipo y el resto de su país habían logrado ganar este año el mundial de fútbol.
Al momento de patear la pelota todo el mundo quedó en silencio, esperando el climax de la historia. Fue entonces que todo el mundo grito en su victoria a ellos por haber logrado meter el gol en el último minuto.
Gritos, fuegos artificiales, abrazos había en todo lados. Hiccup había logrado meter el gol decisivo y no lo podía creer. Sus amigos lo cargaron en sus regazos para llevarlo a recibir el premio en sus manos y declarar a su selección el ganador de este año.
Los minutos pasaron y todos se encontraban en los vestidores sin poder creerlo.
-¿A dónde piensan ir a festejar? -hablo uno de los chicos del equipo mientras buscaba algo en el casillero.
-A un bar, necesito embriagarme hasta no recordar que nosotros somos los ganadores del mundo -respondió otro- ¿Nos acompañas, Hiccup?
-No lo creo, posiblemente me quede de ver con alguien -dijo el recién nombrado mientras se aplicaba desodorante después de haber tomado una refrescante ducha en los vestidores.
-Ya vemos, con alguien -dijo sarcásticamente uno de sus amigos para que los demás comenzarán a soltar risas divertidas entre ellos.
Era claro que Hiccup sería el más suertudo de todos al momento de festejar. Pero lo merecía, entre todos los integrantes del equipo fue el que mayor se esforzó para que esté sueño se volviera posible.
Fue solo cuestión de tiempo para que la mayoría de los jugadores si hubieran ido a festejar entre ellos. Hiccup se fue al edificio donde le habían asignado el despacho de su entrenador durante el mundial para poder organizar sus papeles y que dentro de dos días que debían irse tuviera todo ordenado. Fue entonces que sintió unas manos en su cintura que lo rodeaba.
-¿A quien tenemos aquí? Al mejor futbolista del mundo al parecer -hablo la voz rodeándolo.
-Y a la novia del mejor futbolista -dijo dándose la vuelta.
-¿Hablas de ti? -respondió graciosa la pelirroja a su amado para que ambos estallaran en risas.
La pelirroja atrapó los labios de su amado en un beso. Era dulce, cálido para ambos. El chico subió a su novia tomándola de los glúteos a la mesa del despacho de su jefe para sentarla. Se supone que debía organizar el papeleo de su jefe e irse. Esperaba que no se moleste si lo ocupaba para otras cosas.
-Espera, Hicc. Aquí no, alguien podría vernos -susurro la pelirroja mientras apartaba a su novio de ella pero el seguía entretenido en su cuello.
-Todos ya se fueron, no hay de que preocuparse -hablo en susurros en el cuello de la chica mientras se encontraba desenfrenado.
La temperatura en el cuerpo del chico comenzó a subir y sus actitud lo delataba. Amaba mucho a la pelirroja, con su vida entera. Había veces que lo hacían en todas partes de su departamento; en el baño, en el garage, en la cocina, en el auto, en la ventana, todas las veces que lo permitieran sus cuerpos en una noche. Tantos lugares que no se cansaba de hacerla suya. Solo que hacía meses (casi un año) que no se tocaban.
Debido a los entrenamientos de fútbol por parte de él, sus rutinas entre ambos cambiaron y solo llegaba a casa para dormir y comer. Mérida lo entendía, al fin y al cabo, ella también era deportista y llevaba la misma rutina pero no tan extrema. Aún recuerda la primera vez que la vio en el gimnasio de la selección, únicamente que ella práctica otro deporte, haciéndola basta flexible.
Pero los entrenamientos ahora les tocaba esperar.
Desesperado se deshizo del pantalón de la chica con un movimiento rápido. Dejándola únicamente en bragas. Bajo su cabeza a sus labios inferiores y con sus dientes comenzó a bajar sus bragas lentamente mientras la chica reía.
Su lengua comenzó a jugar con la vagina de la pelirroja. Bailaba de arriba a abajo, de adentro y a fuera. Escuchaba como su pelirroja jadeaba mientras con sus manos tomaban la cabeza del chico, le gustaba escucharla.
Al terminar con ella antes de que se viniera, sus labios comenzaron a besar todo su cuerpo, subiendo lentamente su ropa para esconderse debajo de ella. Encontró su sostén y lo retiro rápidamente para comenzar a succionar sus pezones mientras jugaba con ellos acariciandolos. Sentia como la chica envolvía su cintura con sus piernas mientras jadeaba su nombre.
Fue solo cuestión de tiempo para que el chico se hubiera desecho de sus pantalones y solo le quedará una tela que cubría su intimidad completamente erecta. La chica se encontraba a merced del castaño, siempre sería así para él y para nadie más.
Desde hace mucho ambos chicos dejaron de cuidarse; ya vivían juntos y confiaban el uno con el otro que eran los únicos en sus vidas sexuales (y así era). Así que ninguno de ellos poseía con preservativos en ese justo momento y estaba bien. Ambos siempre se encontraban saludables y contaban con citas al médico cada cierto tiempo por su trabajo.
El chico se deshizo de su última prenda mientras se encontraba con su pelirroja saboreando su cuello mientras sus manos jugaban con ella.
-No puedo dejarte ir, Mer -hablo el chico mientras acariciaba sus glúteos-. No te puedes ir hasta que te embarace.
La comenzó a bombear lentamente mientras la chica acurrucaba su cabeza en el cuello del castaño y sus manos se perdían en su espalda dejando un camino rojo en él. Pasaron los minutos y el chico comenzó a ser más agresivo en sus movimientos, pero sin lastimar a su chica. Era bueno en lo que hacía, lo sabía por las expresiones de su chica.
Podía notar una perfecta O en sus labios cada que se profundizaba en ella. Al momento de que chocaban sus cuerpos, el cuerpo de la chica daba un pequeño rebote por la fuerza que el castaño penetraba a su chica. En cada movimiento un sonido de sus labios salía de ella.
Fue entonces que el chico termino corriendose dentro de ella. La chica sentía como cada parte de él chocaba y se derramaba en ella. Únicamente ambos se miraron sonriendo con sus cuerpos y respiraciones agitadas, sabiendo que no pagarían toda la noche hasta lograr el objetivo del chico le había dicho.
