032. Patinar. Mérida

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Sabía que Jacob me engañaba, pero por dentro simplemente quería olvidarlo y no tomarme atención. Durante estos años yo jamás había visto a otro hombre pero el había tenido tantas aventuras que había perdido la cuenta el primer año de relación. Ahora estábamos comprometidos y nos casaríamos entrando la primavera, cuando justamente hoy al haber ido a nuestro departamento lo encontré con otra mujer.

Después de eso hice un alboroto y el simplemente se justifico que no era lo que creía que fuera. ¿Entonces que debia pensar al momento de ver a una mujer debajo de mi comprometido mientras la penetraban? ¿No era justamente lo que creía que era? Ni si quiera ví la cara de la otra chica, solo me dedique a huir de ahí.

Patinar es lo único que ha estado desde que yo era niña. Es la única forma que me ha calmado y me ha hecho sentir un poco menos triste. Así que fui corriendo al centro comercial más lejano y me adentre al patinaje sobre hielo.

Mientras pasaban las horas las personas se iban, ya casi era hora de cerrar y yo solo me dedicaba a dar vueltas y piruetas sobre la pista intentando olvidar la horrible imagen de mi comprometido acostándose con otra mujer a solo cinco meses de la boda.

Nunca entendí porque no me fui de ahí mientras fuimos novios. Tal vez me encontraba tan desesperada de estar sola que cuando el abrazaba mi cuerpo desnudo y lo besaba me hacia olvidar todo lo que hizo y que realmente me amaba.

—¡Oye! ¡Disculpa! —grito una voz de lejos interrumpiendo mis pensamientos—. Ya vamos a cerrar.

—Oh, perdón, en un momento voy. —dije apenada para que aquel chico castaño volviera detrás de aquella mesa y siguiera en su celular. —mierda.

Di una última vuelta para después dirigirme a la salida de la pista y deshacerme de los patines rentados y ponerme mis tenis. Tome mi bolso de los casilleros rentados y me dirigí al chico para poder devolver los patines.

—En serio perdón —le dije al chico depositando patines sobre la mesa.

Un ruido se escuchó por detrás del vidrio que separaba aquel lugar de la pista. Se trataba de un hombre con una pulidora de hielo limpiando la pista. Pude notar que traía audífonos, seguramente por el ruido de la máquina.

—No te preocupes, suele pasar. —mire el reloj por arriba de él y me di cuenta que ya había pasado media hora de la hora de cierre habitual.

—Por mi culpa vas a salir tarde, ¿verdad? —dije apenada.

—Francis apenas llegó, lo estaba esperando y mientras llegaba te dejo un tiempo más en la pista.

El chico que me atendía no dejaba de mirar la computadora mientras que con mi credencial que me había dado en un inicio llenaba algunas cosas.

Tuve unos segundos para verlo, era más alto que yo o seguramente mayor que yo por algunos años. Era de piel tostada y su cabellera caía levemente sobre su rostro. Traía unos lentes puestos, seguramente los usaba para la computadora, no se los había visto antes. Era atractivo, demasiado para mí gusto. Aunque traía una playera, podía notar lo trabajado que estaba su pecho y sus brazos. Y me cuestione a mi misma, si yo fuera lo suficientemente bonita para el o que estuviéramos en una relación ¿me engañaría como mi comprometido?

—Te gusta mucho patinar ¿verdad? —pregunto entregando me mi credencial.

—¿Se nota mucho? He patinado desde que era una niña, así que es lo único que se hacer bien —suspire guardando mi credencial.

—Siempre te veo cuando vienes. No te importa si hay mucha gente o no, siempre haces piruetas diferentes.

—No pensé que nadie me viera —rei por debajo.

¿Lemonlandia Mericcup?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora