014. Prueba 54

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-¿Estás seguro que quieres hacer esto?- Pregunto la pelirroja detrás de aquellos vidrios

El castaño asiente para recostarse en aquella cama de metal nervioso.

Mérida e Hiccup eran dos científicos del gobierno que trabajaban ya hace tiempo con sus colegas de un experimento para poder transformar a las persona invisibles para las futuras guerras que se presentarán. Lo cual en este caso como en todos los anteriores, Hiccup se sometia a las constantes pruebas.

-Prueba 54 da en comienzo. - Comenzó a hablar mirando a sus colegas.

Lo cual uno de ellos jala la palanca que se encontraba a un costado en la pared, para entonces comenzar en si la prueba. Varias luces comenzaron a asomarse a aquella cápsula donde se encontraba el sujeto de prueba. Varios quejidos comenzaron a hacerse presente parte del castaño, ninguno de sus colegas pudieron detener el experimento por el cual el castaño había aceptado a pesar de las secuelas.

Notaron que las extremidades del chico comenzaron a desaparecer a la vista de todos, cada uno de ellos comenzaron a dar saltos y gritos de alegría.

Al terminar el experimento, el castaño no lograba verse a excepción de su ropa especial, se levantó cansado para poder observar sus manos que no se veían. Salió de la recámara para encontrarse con sus colegas felices y triunfantes.

-Hemos decidido que me quedaré contigo esta noche para saber los cambios o alteraciones que puedes tener. -Comenzó a decir la pelirroja mientras ajustaba ciertos cables en la habitación.

Las horas ya habían pasado, y después de que todos realizarán sus apuntes del experimento, ya se habían marchado del lugar. Así que los únicos que se encontraban eran ambos chicos.

-Estaré en el cuarto de a lado si necesitas algo. - Menciono la pelirroja a Hiccup desde la puerta de la habitación.

-Esta bien. - Hablo el chico.

La pelirroja se fue a la recamara dicha para comenzar a cambiarse a su pijama ya empacada un día antes, minutos más tarde ya se encontraba en cama durmiendo, solamente que no sabía que alguien la veía.

El castaño que no era visible en ese momento se encontraba aun lado viéndola, se acercó a ella para recostarse a un lado y comenzar a tocar su cuerpo. Comenzó a deslizar suavemente las bragas de la pelirroja por sus piernas.

-¿Hiccup?- Susurró la pelirroja.

El chico solamente se detuvo. Cuando noto que nuevamente la chica volvió a dormir retiró las bragas de la chica con delicadeza para que esta no despertara.

Aceptaba que Mérida era hermosa en realidad, siempre la había visto de otra forma desde que trabajan juntos estos últimos años en este experimento. Claro que habían tenido distintos encuentros en sus oficinas o en los corredores pero nada subido de tono.

Las manos del castaño se vieron detenidas por las de la pelirroja, que lo miraba con una sonrisa.

-Sé que estás aquí.

Las labios de ambos se vieron unidos por un beso lleno de lujuria a cada segundo que seguían. Las manos del chico se deslizaban por cada parte de la chica que yacía únicamente con un camisón que cubría esos pequeños pechos.

Cuidadosamente, sus manos comenzaron a pasarse por debajo para encontrarse con aquellos pares de montañas exitados, eso lo prendía. Comenzaba a jugar con ellos mientras su otra mano se perdía en la entrada de la chica, comenzaba a sacar varios jadeos en medio de su beso. Uno, dos, cuatro dedos dentro de ella moviéndose con lujuria.

Aunque no pudiera verlo, el castaño se encontraba de la misma forma que la pelirroja. Una ligera capa de sudor comenzaba a delatar su presencia, gotas resbalando por su abdomen y músculos sobre el lugar.

De un momento a otro, su lengua se encontraba jugando con los labios vaginales de la pelirroja, torturando la cada segundo. No era un misterio que su lengua te hacía contemplar el cielo mismo en cuestión de minutos cuando unían sus labios; pero tenerlo ahí abajo era tocar el cielo con las yemas de tus dedos. Sus manos acariciaban la cabellera de aquel chico que no podía visualizar.

Juraba que si alguien la veía en este estado pensaría que se masturbaba sin siquiera colocarse un dedo encima o que se encontraba teniendo relaciones con algún demonio. Aunque en parte era cierto, Hiccup no era de todo un santo y en este momento daba honor a ello.

-Hiccup... -gemia en todo momento.

Ya había lubricado lo suficiente la entrada de aquella chica. Sabía que al momento de tener relaciones, jamás debía dejar ese paso importante; la mujer siempre debía de encontrarse lubricada por sus jugos o por alguna especie de pumada o al momento en el que el hombre se adentrara en ella la lastimaria sin piedad. Era lo menos que podía hacer para su pelirroja, cuidarla antes de partirla en dos él mismo.

Si no fueran por sus manos que acariciaban las caderas de la chica y un suspiro, no se había percatado que el castaño había vuelto a la estatura de la pelirroja. Era obvio que aquella chica era más pequeña que él, parecía una muñeca ante aquel cuerpo varonil que no podía apreciar en ese momento. Era una lastima, aquel castaño había hecho deporte solo para este día.

Las piernas de la pelirroja se encontraban preparadas para aquel castaño; abiertas ante su prescensia. Jamás había visto el tamaño que la tenía; únicamente una vez que habían tenido un "desliz" en los corredores, sintió aquel bulto entre sus piernas, desde ahí supo que el día que estuvieran juntos la dejaría en estado de postración por una semana por lo menos. Tristemente no podía asegurar el tamaño real, no era capaz ver nada más que ella en la habitación.

No hubo necesidad de palabras para saber lo que el otro quería. Un gemido de lujuria de ambos cuerpos broto a unicion cuando el castaño la embistió por primera vez, sus manos comenzaron a deslizarse a las caderas de la chica falicitandole sus embestidas del chico. La penetró una y otra vez, con más fuerza que la anterior que hacía gritar a la pelirroja de exitacion. Si alguien se atrevía a entrar al camarote no sabría lo que pensaría de la pelirroja, técnicamente estaba sola a simple vista envuelta de gemidos y de una capa fina de sudor en todo su cuerpo.

-Hiccup...

Las manos del chico comenzaron a grabar el cuerpo de ella, no quería que esto terminará. Las hermosas piernas de la chica se enrrollaron en la pequeña cadera del castaño, provocando que sus movimientos fueran más fáciles de realizar y más profundimiento en su acto. En la invisible espalda del castaño, Mérida comenzó a dejar rasguños mientras emitía jadeos de sus labios sin saber que el castaño solo estaba calentando.

Fue solo cuestión de minutos que el castaño se encontrará de rodillas con su espalda recta mientras que una de sus manos se recargaba a la pared mientras que la otra sujetaba la cadera de la pelirroja. Podía ver a su pequeña pelirroja retorcerse de placer mientras rasguñaba el pecho del castaño con ligereza, eso lo prendía. En aquella posición podía bombearla de una manera rápida y sin rodeos.

Seguramente, a la mañana siguiente, eliminarían el vídeo de las cámaras de seguridad que se encuentra en todos los dormitorios.

¿Lemonlandia Mericcup?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora