Estaba como siempre en aquellas fiestas al terminar la escuela, realmente no se podía caminar en ella sin tirar algo o pisar a alguien en el camino de este. Había ocasiones (cómo lo era está) dónde varias escuelas se reunían en un solo lugar para poder celebrar y por eso había demasiada gente.
A veces era mejor solamente quedarte cerca de las bebidas o de algún lado donde no hubiera gente besandose o pisando tus pies. Entonces la vi.
Mérida DunBroch era una chica un año menor y se encontraba entrando por aquella puerta, escuché que su novio el jugador estrella del futbol la había engañado en los vestidores con una amiga suya, no recuerdo bien su nombre pero creo que fue una hermana Overland. Había ya vario tiempo que quería acercarme a ella pero no encontraba la ocasión para hacerlo.
Las horas pasaban y la gente seguía aumentado como lo era a la hora de caminar, me acerqué a la cantina para poder pedir tal vez la última ronda de la noche.
-Hola! Me podrías dar un escosés, gracias.- Hablo una voz alado de la mía para poder voltear a ver.
Era ella, no podía desperdiciar mi momento
-Hola.- Dije captando su mirada.
-Hola, ¿Nos conocemos?- Dijo confundida sonriendo.
-De echo no.
Pasaron tal vez horas que nos encontramos platicando en una esquina donde varía gente estaba a nuestro al rededor dónde éramos literalmente invisibles. El tiempo pasaba y de un momento a otro tenía mi boca unida con la suya, tal vez era más baja que yo pero no sé nos complicaba.
Mis manos comenzaron a perderse en su cuerpo, lo cual a ella no le molestaba ya que en cambio comenzó a guiar mis manos por su cuerpo. En eso se toparon con mi cinturón y comenzó a desabrocharlo.
-Espera, ¿Que haces?- Pregunté tomándola de las manos.
-Espera, ¿Tú no querías tener sexo conmigo?- Dijo eso un poco avergonzada.
¿Bromeas?
-No es eso, es solo que ¿Aquí?
-Todas las habitaciones están ocupadas, pero si hay algún problema.- La interrumpí.
-Ninguno
No mentía que tal vez lo pensé en algún momento en alguna cama ya que es más cómodo, pero no podía negarme con esta diosa.
-Tranquilo, nadie se dará cuenta.- Dijo acercando sus labios a mi oído desabrochando mi pantalón.
En eso mi amigo salió y claramente ella sintió que se encontraba totalmente despierto, lo tomó con una mano y comenzó a acariciarlo lentamente deseando con más fuerza. Empezó a susurrarme cosas al oído que hacía que la arrinconara más al igual que sacar ciertos gruñidos que al parecer le gustaban. Comenzó a jalarme más a ella guiando mi amigo debajo de su falda sin antes poner sus dos piernas al rededor de mi cintura para poder ser más discretos.
-Soy toda tuya.- Me susurro.
Entonces baje su cuerpo al mismo tiempo que acerque mi cadera adentrándome en ella. Al momento de hacerlo oi su respiración agitada, entonces comencé a adentrarme y separarme de ella lentamente, a medida que pasaban los minutos podía escuchar sus gemidos gritando en mi oreja, solamente que nadie podía escucharla por el simple hecho de la música a todo volumen.
Paso sus manos por debajo de mi chaqueta al igual que de mi playera para comenzar a rasguñar mi espalda. Hundió su rostro en mi pecho sin parar de gemir.
-Hiccup! Dame duró!- Grito en mi pecho de la manera más sensual que eh escuchado.
Bajé mis manos a sus glúteos para poder bombearla de la manera que ella pedía. Hundi mi rostro en ella ya que seguramente me encontraba ruborizado. Cuando me deje venir dentro ambos suspiramos para vernos y dar varios suspiros con una sonrisa para después dejarla en el suelo.
Minutos más tarde nos encontramos platicando terminando nuestras bebidas.
-Prestame tu celular.- Dijo para comenzar a teclear algo. -Espero tu llamada.- Guilló un ojo para perderse en la multitud.
