—Merida ¿estás ahí? —hablo entre susurros un joven castaño a la ventana de su amante.
—¿Hiccup? —respondio una voz para después se asomara la chica— ¿Qué estás haciendo aquí?
—¿Puedo entrar? —volvio a susurrar el chico, temía a que algún vecino lo viera colgado de la ventana de aquella casa y llamarán a la policía. La chica accedió.
—¿Qué estás haciendo aquí? Si mis padres descubren que estás aquí nos matarán, empezando contigo.
—Te extrañaba. Y mucho.
La chica ni siquiera lo pensó, se aventó a su novio y lo beso. El beso era demasiado apasionado, como si llevarán años sin verse.
Merida e Hiccup eran de distintas clases sociales según los padres de la chica. Tanto así que llevaba un mes completo sin ver al castaño, únicamente se comunicaban por mensajes que se hacían llegar por sus amigos.
—Yo también te extrañe —respondio la chica al momento de dejarse respirar en medio del beso.
El chico volvió a besarla. No sabía cuándo sería la última vez que la vería nuevamente, tenía tanto miedo. Sus padres amenazaron con llevarla a otro lugar muy lejos de aquí para no verlo nunca más. No podía dejar que eso pasara, así que la única forma de que se quedará era que sus encuentros terminarán.
El castaño lentamente recostó a la pelirroja en la cama, ambos recostandose, él sobre ella. Sus manos comenzaron a acariciar el cuerpo de la pelirroja lentamente, hundiendose por debajo de su ropa y tener contacto de piel a piel.
—Espera, espera —hablo la pelirroja se parándose rápidamente del castaño en jadeos—. Mis papás están del otro lado de la habitación, no podemos hacerlo.
—Claro que podemos —susurro el chico volviendo a acercarase a ella— ¿Acaso me vas a decir que no te gusta esto? —hablo el castaño bajando sus dedos por debajo del shorts de la chica e introducirlos en ella. La pelirroja comenzó a gemir en voz baja mientras introducía otro dedo en ella— ¿Me vas a decir que no te gusta cuando te la meto?
—Si me gusta —dijo Merida para tomar la mano del chico—. Pero si nos descubren me llevarán y jamás podremos vernos de nuevo.
—No lo harán, confía. Podríamos coger fuera de su cuarto y no nos escucharían. ¿No me habías dicho que tomaban pastillas para dormir?
—Si lo hacen ¿Pero y si despiertan? Nos mataran a los dos.
—Nada es divertido si no hay riesgo —hablo el castaño para comenzar a besar a la pelirroja en el cuello y perderse en ella.
En realidad, Hiccup no tenía en mente tener sexo hoy. Pero se encontraba tan enojado por la decisión que tomarían los papás sobre su amada por el simple hecho que no se encontrarán en la misma escala social. Pensaba hablar con ella y llegar a algo, pero comenzó a olvidarlo cuando encontró el busto de su chica.
—Hiccup... —jadeo la pelirroja.
—Linda niña —sus dedos se metieron nuevamente en la entrada de la chica. Primero eran dos y se convirtieron en tres a los segundos.
Las manos de la pelirroja tomaron los hombros del castaño. Se encontraba jadeando y con demasiadas ganas de empezar.
—¿Tienes condones?
—Joder, no —ni siquiera había pensado que terminarían en esta situación—. No me molestaría tener un bebé contigo.
—¿Qué? —se sorprendió la chica.
—Si algún día tuviera un hijo, me gustaría que fuera tuyo —la pelirroja únicamente sonrió para juntar ambas narices.
—Metela, mañana Rapunzel me conseguirá una pastilla.
No fue necesario que se lo dijera dos veces. El chico velozmente se deshizo de todas sus prendas al igual que la pelirroja. Para que ambos se colocarán por debajo de la sábana de la chica, ocultando sus cuerpos.
—Pidemelo, otra vez —hablo el chico tomando su pene y tentar a la entrada de la chica lo que tanto deseaba—. Y te lo daré solo para ti.
—Cogeme, por favor —chillo la pelirroja. Cada tentación que el provocaba podía sentir como le ardía su vagina.
Hiccup la metió. El grito de la pelirroja se hizo escuchar en toda la casa, ambos empezaron a reír por eso. El chico comenzo a mover su extremidad dentro de su novia, sacudiendo a su chica a medida que transcurría el tiempo. Primero fue despacio, con miedo de lastimarla; pero a medida que la profanaba, no media ni su velocidad ni la fuerza con la que lo hacía. Tanto fue así que la cabecera de la chica azotaba una y otra vez con la pared a unision con los aplausos que provocaban sus cuerpos.
—Hiccup...
Merida enterraba sus uñas en la espalda del castaño, marcandolo. Por más que podía, no podía evitar soltar gemidos, se sentía sucia por hacer esto en la casa de sus padres y con ellos durmiendo, pero no podía parar de pedirle más a su chico.
—Mierda nena, si que te sientes bien.
Las piernas de la pelirroja enrollaron la cintura del castaño. Podía sentir como su cuerpo se movía junto al de Hiccup. Ambos se buscaron en un beso, pero la pelirroja ni siquiera podía durar en él, sus constantes gemidos no la dejaban.
—Ten —dijo en castaño metiendo todo su Hicc JR en ella—. Lo estaba guardando solo para ti.
Merida podía sentir cada líquido que se adentraba a toda velocidad en ella. Ambos habían llegado al orgasmo al mismo tiempo; mientras Hiccup eyaculaba dentro de ella, la chica sentía que moría de placer.
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¿Lemonlandia Mericcup?
Fiksyen Peminat• ACTUALIZACIONES LENTAS • Distintas historias+18
