—Creo que estoy lista —dije con mi voz agitada.
Tome su erecto pene con una mano mientras mi cuerpo comenzaba a descender e insartarlo en mi.
No sabía que mierda estaba haciendo en lo absoluto. Ni si quiera sabía cómo hacer lo que estaba haciendo en este momento, jamás había estado con un chico y mucho menos lo había pensado hacerlo con alguien un poco mayor que yo.
Apenas curso la preparatoria, este chico va unos años más adelante en la universidad y ahora estaba a punto de tener sexo con este chico.
—Hazlo lento, tranquila —dijo el chico, después de ver mi rostro de preocupación. Me comenzó a dar leves besos en el rostro, ayudándome a distraer de lo que estaba entre mis piernas.
Por las tardes había tomado la decisión de inscribirme al grupo de fútbol con mis amigas de la preparatoria, solo para distraernos un poco. Lo único que no sabía era que la mayoría de las chicas de la preparatoria se habían inscrito por el nuevo entrenador del equipo. Se trataba de Hiccup, era el hijo del entrenador que al parecer se había lesionado dos semanas atrás, dejándolo en capacitado por dos meses, así que su hijo decidió ayudarlo con el equipo.
El pueblo en el que vivimos es pequeño, así que el rumor que un chico guapo entrena a chicas le llegó a mis amigas e insistieron en entrar solo por el. Por tanto tiempo rechace la oferta. Cuando lo ví por primera vez, no entendía porque tantas chicas estaban tan emocionadas con él. Pero tiempo después, comprendi tal vez.
—Lo estás haciendo bien, tranquila.
—No me hables como si estuviéramos en el entrenamiento —le dije sufriendo, mierda. No sabía que ser virgen molestaba tanto la primera vez.
—Okey chica ruda, solo quiero ayudarte echándote ánimos —se acerco a mi rostro para hacer que lo mirara y el me besara—. Si no quieres continuar, está bien. No hay ningún problema.
—No, no, no. Yo quiero hacer esto. Quiero hacer esto contigo.
Hiccup no sabía que era virgen y que jamás había estado con un hombre, pero supongo que ya lo sabía.
Cuando iniciaron los entrenamientos todo fue como lo esperaba, Hiccup es un chico respetable con todas las chicas que jamás quiso ponernos un dedo sobre nosotras. Hiccup era todo un profesional, a pesar que aquel grupo de chicas siempre se quedaban con el después de los entrenamientos para invitarlo a comer, el solo tomaba la decisión de irse de ahí lo antes posible.
—Esta bien, sigamos —tomo la iniciativa y coloco sus manos en mis caderas.
Fue hasta que unas semanas después, Hiccup me invitó a salir. Lo cual me sorprendió muchísimo, de todas las chicas que le coqueteaban, me había elegido a mi que ni si quiera le daba el tiempo de despedirme al terminar los entrenamientos. No sé que había visto Hiccup en mi, pero me alegraba tanto que lo haya hecho.
—Okey, preciosa, ahora tienes que mover tus caderas —podia escuchar como gruñio Hiccup al haberlo metido todo el mi. Tal vez se encontraba algo desesperado por iniciar, pero jamás lo expreso.
Y después de tantas salidas juntos, ahora estábamos aquí. Me encontraba completamente desnuda sobre el, en la parte trasera de su coche en el observador que tenía nuestro pueblo. No tenía ni la mas mínima intención de que terminaríamos así, no quería coger o bueno, eso pensaba antes de que me bajara como hoy. Pero yo le propuse que nos fuéramos detrás de su carro, yo comencé a deshacerme de su ropa, yo había tomado la decisión que cogieramos. Aunque no tenía ni la mas remota idea de como se hacía.
Coloque mis manos en su cuello e hice lo que me dijo. Mis movimientos eran tan torpes, no sabía si lo estaba haciendo bien, pero Hiccup me ayudaba. Con sus manos en mi cintura, comenzó a guiarme en mis sentadas sobre él. No sabía si era la práctica que el tenía o era para simplemente satisfacerlo a él, pero ver cómo gruñía, jadeaba y sudaba por culpa de mi cuerpo, aceleraba mis latidos.
Hiccup no era el único que lo disfrutaba, el dolor que sentía en mi entrepierna se había convertido en pura lujuria en mi cabeza. Comencé a jadear, nunca había escuchado un gemido en mi vida y también me daba miedo hacerlo mal. Dios mío, tenía tantas dudas del sexo, tal vez me las hubiera ahorrado si hubiera visto porno por lo menos una vez en mi vida.
Hiccup comenzó a besar mi cuello, sus manos rodeaban mi cintura sin necesidad de soltarme y que yo perdiera el ritmo que a ambos nos mantenía vivos en este momento. No sabía cuál era la mejor posición para tener sexo como tú primera vez en realidad¿Había una? En un inicio pensaba que está podría llegar a ser algo cansado para mí, pero en este momento no tenía idea de lo que hacía. Podía sentir mi cuerpo arder y como el sudor bajaba por mi espalda. Mierda, esto cuenta como cardio seguramente.
—Ahh ahhh —no lo pude contener en mi garganta, salió de mi y ni siquiera sabía que era eso.
—Gime más, princesa —gruño.
Mis jadeos cesaron y lo único que se escuchaba en el carro era ese ruido salido de mi garganta. Sentía como si algo estuviera poseyendome, cambiando todo de mi.
Mis manos comenzaron a perderse en su piel, dejando un camino con líneas rojas sobre su dorada tez. Lo besé, me devolvió el beso instintivamente sin dejar de mover mis caderas. Hiccup y yo no llevábamos tanto tiempo siendo novios en realidad, tal vez unos dos meses. A pesar de que su padre ya había sanado, Hiccup y yo nos seguimos viendo la mayor parte de la semana.
Fue entonces que Hiccup detuvo sus movimientos en mis caderas, dejando todo su erección dentro mío. Fue ahí donde sentí un líquido caliente siendo expulsado en mi cuerpo, arquee la espalda y eso fue solo necesario para que yo llegara junto a Hiccup al climax. Me recargue en el pecho del castaño mientras jadeaba y recuperaba mi respiración.
De alguna manera, entendía porque Hiccup se había corrido dentro mío. La posición de como estábamos era algo difícil para mí, así que salirse de mi rápidamente podría haberlo lastimado, había leído casos de fracturas en el acto sexual. No me encontraba enojada con Hiccup, me gustó de alguna manera se hubiera venido dentro mío.
—Estamos bien, princesa —dijo mientras acariciaba mi cabello.
