Nos encontrabamos volviendo a casa mi novia y yo.
Ya había sido hace dos años que ambos nos mudamos a un pequeño departamento después de haber terminado la universidad. Era asombroso en realidad. En ocasiones yo llego antes que ella y puedo sorprenderla con la cena que ella quisiera, nos desvelamos juntos haciendo cosas para nuestros trabajos, entre tantas cosas que hacen las parejas y que todos queremos vivir de ello todos los días. Si saben a lo que me refiero.
Hoy fuimos a cenar con unos amigos de la universidad, más amigos de ella que míos. Sabía que antes de conocerla, ellos pasaban mucho tiempo tiempo con Merida pero nunca supe nada más. En ocasiones suponía que aquel chico rubio gustaba de mi pelirroja antes de estar con ella, aunque nunca nadie me lo confirmó.
Hasta hoy.
Algunos vasos de alcohol se apoderaron de sus amigos, comenzando a platicar de lo mucho que pasaban ellos juntos como un trío. Fue entonces que Raiden me lo confirmó. Comenzó a hacer chistes de lo gran enamorado que estaba de Mérida desde que la conoció, hasta la única vez que le declaró su amor y fue torpemente rechazado. Al parecer, después de haber besado a Mérida en una fiesta de la fraternidad, él pensó que entre ellos podría suceder algo más que amistad.
-¡Muero de sueño! -exclamo mi novia al entrar al departamento y dirigirse a nuestra recámara al baño que se encuentra dentro.
Después del comentario que soltó Raiden en la cena, Mérida no volvió a tocar algún tema relacionado.
Únicamente me recosté en nuestra cama mirando el techo. Soy conciente de que Mérida ha tenido más parejas antes que yo, también de que no fui su primer gran amor y él único que la ha besado o acariciando. Pero no puedo soportar la idea de que otras personas la han tocado como yo lo hago.
-Dime por favor que no estás pensando en lo que dijo Raiden en la cena -dijo mi novia viéndome desde el marco del baño deshaciéndose de sus aretes en sus orejas.
-No lo hago.
-Hiccup. Te conozco desde hace cuatro años, se que no dejaras de pensar en eso hasta que te lo diga.
Me hubiera sorprendido lo bien que me conoce si no fuera mi hermosa novia.
Mérida comenzó a acercarse a mi y se sentó en mi cintura mientras con sus manos jugaba con mi pecho.
-Raiden lo considero como a un hermano, siempre ha sido así. Es gracioso y lindo, pero pondría ante todo nuestra amistad a una relación, simplemente fue un beso aquella vez y todavía no te conocía -agacho su cuerpo para comenzar a sentir el aliento de mi novia en mi cuello-. Además, si te hubiera conocido en aquel instante, jamás lo hubiera besado. Jamás hubiera besado a nadie solo para esperarte a ti.
Sus labios comenzaron a rozar detrás de mi oreja con pequeños besos mientras sus manos jugaban con mi pecho y su cintura la frotaba en la mía.
Sabía que Mérida había conocido a más hombres antes que a mí. Me confesó que tampoco sería su primera vez con alguien, y eso jamás me molestó en lo absoluto. Yo solo amaba a Mérida sin importar su pasado.
Mis manos se comenzaron a deslizar a su trasero para comenzar a estrujarlo en mi. Esto era lo mejor de tener un departamento para ti y tu novia. Poder tocarse entre ustedes sin miedo a que alguien los descubra haciéndolo. También, podría vivir de sexo todos los días, solo si Mérida me lo permite y quiere. Jamás haría algo que ella no quisiera.
Los labios de Mérida solo se perdían en mi cuello y sus manos se encontraban dentro de mi camisa. Como adoraba a esta mujer. Mis manos se deslizaban con cuidado a sus muslo, simplemente quería tocarla.
-No podemos hacerlo. No nos hemos haciado -dijo entre risas para levantarse de mi.
Únicamente solté un bufido y observaba cómo se alejaba de mi, deshaciéndose de su ropa hacia el baño. Mi mirada se perdió en su cintura y luego en sus posaderas. Mérida estaba jugando conmigo.
-Puedes acompáñame en la ducha, si es lo que quieres. -dijo sonriéndome antes de entrar en él.
No sé en qué momento me encontraba sin ropa dentro de la ducha con mi novia frente mío. Desde mi altura, podía apreciar todas las pequeñas pecas que cubrían su hermosa espalda, mis manos comenzaron a perderse en ella mientras pasaba por ella la esponja, ayudándola a lavarse.
A veces me imagino cuando ella y yo seamos ancianos, tal vez Merida acariciara mi rostro arrugado en las mañanas, yo la ayudaré a bañarse en la bañera porque ella ya no podrá hacerlo en su totalidad. Tal vez veamos programas de venta de artículos en la televisión y jamás compraremos nada.
Ambos terminamos de haciarnos.
Me encontraba besando su cuello mientras ella se encontraba con su brazos aferrados al lavadero de nuestro baño. Ella era tan pequeña desde donde podía verla, podía apreciar sus pequeñas pecas espaciadas por toda su espalda. Mis manos se comenzaron a perder en su abdomen y en su busto, jugando con ella en su entrada trasera. Yo solo podía sentir sus pequeños suspiros con cada movimiento que hacía en ella. Las gotas de nuestros cuerpos caían en el piso del baño a medida de que pasaba el tiempo. Mi pene comenzaba a dolerme cada minuto que pasaba por la erección que tenía.
No tuve que decirle. Tome con ambas manos sus caderas y me adentre en ella lo más duro que pude. Me quedé adentro por un momento mientras nos acostumbrabamos a nosotros. Comencé a embestirla una y otra vez, cada vez más rápido y con más fuerza que la anterior.
-Hiccup... -escuchar mi nombre a través de sus labios de aquella manera, podía sentir como mi miembro crecía más centímetros dentro de ella.
El recuerdo de la conversación con sus amigos fue un relámpago en mi mente. Quien sabe la cantidad de chicos que pelearian por estar en mi lugar en este justo momento. ¿Se habrán imaginado tener a Mérida debajo suyo como estamos justo ahora? Me estaba volviendo loco la simple idea de eso.
Podía escuchar el constante chasquido de nuestros cuerpos al pasar los minutos. Los gemidos de mi pelirroja inundaba el baño, no podía creer lo bien que se escuchaba oírla. Era el mejor sonido que podía existir en el mundo.
Vivir con tu pareja era lo más recomendable.
