El ambiente laboral en una oficina es realmente aburrida. Te levantas temprano para llegar a trabajar a un lugar que simplemente está encerrado en un cubículo donde a duras penas y cabes tú. La mayoría de tus compañeros te odian si sabes hacer algo mejor que ellos, simplemente es un fastidio en alguna manera.
Las reuniones de trabajo no te motivan a seguir ahí, la mayoría son aburridas y no único de lo que se habla es de nosotros con afán de ofender. Así que trabajar en una oficina no es como si me alegrará todas las mañanas al despertar.
-Ahh ahh ahí ahí -dijo mi compañera rubia-. Más fuerte, Hiccy
Tenía sexo con mi compañera desde hace dos años aproximado, bueno, todos en este edificio tenían sexo con todos. Desde un inicio era divertido realmente, la idea de hacerlo en el trabajo me exitaba tanto que podía hacer los raunds que tanto quería. Pero ahora, simplemente esa magia acabó con Astrid, tanto que simplemente ni me vine y ni tampoco tenía ganas de hacerlo. Admitía que ella sabía hacerlo bien, pero tal vez ya no me encontraba interesado.
Me quite el condón vacío y acomode mi ropa. Ni una gota de sudor había derramado mientras que ella se encontraba como si hubiera vuelto de un maratón.
-¿Cuándo será nuestra próxima reunión? -dijo mientras se acomoda su vestido que hace un momento se había deshecho.
-Astrid, creo que ya no deberíamos tener estos encuentros.
-¿Qué?
-Fue demasiado divertido mientras duró estos años, pero creo que es hora de conocer a otras personas.
-¿Qué paso? ¿Lo he hecho mal? Podemos hacerlo donde tú quieras la siguiente vez, daré mi mejor esfuerzo. Si deseas sin condón entonces será sin el pero no me dejes así. -me tomo de los brazos suplicandome.
-Perdon Astrid, pero realmente no creo que lo nuestro funcione.
-¿Todo esto es por la nueva pelirroja, verdad? ¿Me estás terminando para irte con la vieja esa? Pues ojalá y lo disfruten -ni si quiera me dió tiempo de darle una explicación que ella misma se había formulado.
Yo entendía que la chica nueva y yo habíamos estado muy cerca trabajando juntos. Okey, había algo de verdad de todo lo que dijo y puede que si me agradaba la chica nueva. Era menor que nosotros por unos años y es todavía muy inocente para esta clase de trabajo donde existían cada tipo de chico en el. Claro que varios chicos se han acercado con otras intenciones, pero yo lo único que sabía hacer era acercarme a dónde estaba y los ahuyentaba con él simple hecho de estar ahí.
Ha pasado dos meses desde que Astrid y yo terminamos lo nuestro, no fue de esperarse que al mes ya se encontraba cogiendo con uno de los chicos del piso de arriba, creo que es contador. Honestamente, me da igual lo que hiciera de su vida, yo tenía a la linda secretaria pelirroja.
Hoy habíamos quedado varios hasta tarde debido a que surgió un problema con el proveedor y varios del equipo tuvimos que quedarnos. Ya pasaban más de la media noche y ya solo me encontraba esperando a Mérida para poder irme.
-No tenías porque esperarme -dijo la chica colocándose su abrigo con su bolso de mano.
-No pierdo nada -me excuse para comenzar a caminar con ella, sin antes despedirnos de algunos de los chicos que se encontraban acomodando sus cosas para irse también.
Nos encontramos caminando por el largo pasillo escuchando los tacones de la chica al pasar. Mérida era menor que yo por unos años hasta donde sabía, pero era totalmente mi tipo. Inteligente, divertida, bonita, tenía que terminar con lo que tenía con Astrid para poder tener algo con esta pelirroja que no solo fuera sexo. Cada que veía a Mérida me daba ternura, supongo que así nos vemos todos al momento de salir al campo laboral, inocentes.
-¿Qué piensas hacer llegando a casa? -le dije.
-No lo sé, dormir y comer. Desde que trabajo es mi única rutina.
-Bienvenida al campo laboral, preciosa -solte una risa nerviosa.
-¿O tienes algo en mente, Hiccup? -hablo con una sonrisa viéndome de reojo.
-Ah no, yo no
No pude terminar mi oración, me jalo del abrigo y acercó mi rostro hacia ella.
- Vamos a las escaleras -me susurro a la oreja.
Las escaleras de emergencia se encontraban escondidas en las paredes, nadie jamás las ocupaba ya que teníamos elevadores, así que nunca había un alma caminar por aquí.
Me encontraba besando por fin a la pequeña pelirroja del equipo contra la pared. Podía escuchar como nuestros labios batallaban, mi piel se calentaba deseando algo más de este momento. No sabía si Mérida había leído mi mente pero tomo mi mano para dirigirla directamente sobre su pecho. Dónde lo único que me impedía tocarlo era su camisa.
Comenzó a acercar su cintura a la mía y realizaba pequeños movimientos, me estaba provocando totalmente. Con mi otra mano podía tocar su cintura, sus piernas, sus glúteos. Podía simplemente tocar a Mérida y ni hablaba en mi sueños.
-No deberíamos estar haciendo esto -le dije entre el beso mientras me deshacía de su abrigo y del mío.
-No, no deberíamos -nunca detuvo el beso.
-Quiero hacerte mía -le gruñi en la oreja mientras besaba su cuello. No sabía que acababa de salir de mi, pero hablaba con la verdad.
-¿Así? Pues acaba con mi maldita rutina y dame algo más-su voz le costaba respirar, podía sentir su respiración apresurada.
-Si.
-Me tienes aquí y ahora, hazme tuya. -llevo sus labios a los míos y volvimos a besarnos.
Mis manos se fueron a su camisa para desabrochar cada botón y dejar ver su sostén. Maldecia por no encontrarnos en una habitación, tener la calma suficiente para tocar y lamer esos pechos sin preocupaciones o en una pose diferente. Mis manos únicamente se dedicaron a masajearlos por arriba de su sostén, deseando tocarlos en realidad.
Deslice mis manos a su falda y las subí a sus caderas, si fuera por mi la hubiera roto para no tener telas entre nosotros. Mis manos se perdieron en sus piernas largas y mis besos en su cuello, está chica me volvía loco con tan solo oler su perfume.
-Debemos ser rápidos, antes que los de vigilancia comience su turno.
-Mierda, si.
Lo peor de tener sexo en el trabajo era no poder tener sexo a gusto por ciertas cosas, con miedo a que alguien nos viera. Qué más daba, ojalá alguno de los idiotas que pretenden llegar a primera base con Mérida me viera ahora. A punto de meterle mi verga y ellos ni su número han podido conseguir.
Me deshice de su pantaleta, bajando la por sus piernas cayendo al suelo. Comencé a desabrocharme el cinturón para bajar el cierre de mi pantalón junto con él y mis boxers. Ya me encontraba exitado, así que no era necesario que la chupara en ningún momento.
Debido a su estatura, se subió un escalón de dónde estaba, mientras que con una mano yo sostenía una de sus piernas para poder darme estabilidad. Mi pene sabía dónde debía entrar, los pequeños movimientos de cadera que hacía Mérida podía solo penetrar la punta en su interior, seguramente ya se encontraba desesperada y yo igual.
Ninguno de los dos dijo nada, solo con una mano tome su cintura para ser el que guiará sus movimientos, entonces fue que la penetre en una sola intención.
Merida soltó un gemido y arqueo su espalda, mis movimientos primero fueron lentos dentro de ella. No sabía si se encontraba nerviosa pero podía sentir como me apretaba, no sabía si eso me exitaba a un más pero a medida que subía la velocidad de mis penetradas más me volvía caliente al sentir como me apretaba ahí adentro.
Solo me concentraba en mis movimientos y en besar el cuello de esta pelirroja, sus dulces y pequeños gemidos me exitaban. Con su mano que no se encontraba rodeando mi cuello, se tapo los labios para ahogar sus gritos. Lo único que salía de mis labios eran gruñidos en cada estoncada.
Solo fue cuestión de minutos para sentir que ya me encontraba a punto de terminar, no pude salir a tiempo de ella. Preocupación que dejaré para después.
