019. ¿No? Hiccup

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Me encontraba enojado, lo admito.

Bueno, ¿Por qué no debería de estarlo? La chica más linda de la escuela me rechazó hoy porque al parecer tiene novio.

¿Novio? ¿Desde cuándo?

La tenía frente mío. Toda mía. Novio mis bigotes (bueno, los de mi gato, yo no tengo). Posiblemente mintió y hace unas horas para quedar bien con sus amigos. Sino ¿Por qué otra razón estaría debajo mío?

Mis manos se hundieron en sus glúteos. Ni en mis mejores sueños había pensado en algo como esto. Pase mi erección por en medio de sus glúteos, frotándolo mientras soltaba gruñidos. No podía imaginar lo que estaba haciendo, me estaba masturbando con Mérida debajo mío y no se inmutaba ante mis acciones, podía escuchar jadeos por parte suyo por mis movimientos.

-Dime que serás solo mía, nena -Gruñi haciendo todavía esos actos en ella susurrándole en el oído.

-So-soy toda tuya, Hiccup -jadeo

-Entonces ruegamelo. Ruegame que te haga mía y te creeré.

-Por favor Hiccup. Follame, te- te lo ruego. Follame duro. -cada palabra que ella daba introduje un dos dedos míos en ella, esperando a que terminará.

-Buena chica.

De un momento a otro ya me encontraba dentro. Escuché el pequeño grito que dió cuando lo hice. Me quedé dentro de ella unos segundos para que ambos nos acostumbramos al otro. Comencé a meterlo y sacarlo lentamente, pero después ya no era dueño de mis movimientos. Podía ver cómo el cuerpo de Mérida rebotaba una y otra vez a mis estoncadas que eran más fuertes y profundas a medida de que pasaba el tiempo.

La música de la fiesta se escuchaba de fondo, lo único que impedía el paso era la puerta de la habitación. El sonido que inundaba la habitación era el chapoteo constante de nuestros cuerpos uniéndose una y otra vez junto con los gemidos de la pelirroja debajo mío. En este momento ya no sabía si la habitación en la que nos encontrábamos era de la persona que organizó la fiesta, de invitados o de alguien más. En lo único que pensaba era en la diosa que tenía frente mío.

Tome ambos de sus glúteos con mis manos para hundirme completamente en ellos y sentir como llegaba al final de todo. No sé porque me resultaba extrañamente satisfactorio la idea de haberme venido en ella. De alguna manera, estaba dando a entender que era mía ¿no es así? Salí de ella.

Comencé a jadear en su cuello mientras ella también lo hacía. Mis manos comenzaron a acariciar su abdomen y mis labios comenzaron a perderse en su cuello. Podía sentir como sus piernas temblaban debajo mío. Posiblemente fui algo brusco con ella hace unos minutos.

Se dió la vuelta para ya no darme la espalda. Ambos nos quedamos viendo mientras nuestros pechos subían y bajaban la respiración. Colocó sus manos en mis pectorales, sentía como subían y bajaban mientras nuestras respiraciones se calmaban.

-¿Estás bien? -pregunte acercando mis labios a su cabeza.

Mérida era mucho más pequeña que yo. Su cuerpo era mucho más delgado y bien formado. Cuando la veía sentía que debía protegerla. ¿Pero quién podía protegerla de mi cuando perdía el control como en estos casos?

-Sí, no te preocupes -susurro acercando mi barbilla a sus labios para depositar un beso en mi.

El beso entre nosotros siguió incrementando. Había pasión en ellos mezclado con lujuria. La tome de sus caderas y la coloque a la altura de más mías para que ella envolviera sus muslos en mi cintura.

-Quisiera darte toda la noche, princesa -susurre mientras mis labios se perdieron en su cuello

-¿Y por qué no? -escuche que lo dijo en un tono medio burlón cuando lo dijo. Muy pocas veces llegué a hablar con ella (pensándolo bien, no recuerdo muy bien como llegamos a esta posición) pero lo que la hace característica es su tono en forma de reto.

La cargue entre mis brazos haciendo que sus muslos rodearán mi cintura. De un momento a otro volví a dirigir mi erección a su entrada con mi mano y me hundi en ella. Se sentía bien estar dentro, casi era hinoptizador hacerlo. Me hundi en ella mientras moví las caderas de mi chica para que poder llenar su útero. Pude ver a la perfección como sus labios se formaban en una perfecta O cuando me adentre.

Nos pegue a la pared y comencé a agitar las caderas de Mérida sobre las mías. Daba pequeños saltitos mientras rebotaba con mi cintura. Ella no podía parar de gemir mientras penetraba sus uñas en mis hombros mientras intentaba sostenerse en mi.
Acomode mi rostro en su cuello para gruñir en él mientras me adentraba en ella. El constante chapoteo entre nuestros cuerpos estaba en la habitación, en medio de nuestros ruidos.

 El constante chapoteo entre nuestros cuerpos estaba en la habitación, en medio de nuestros ruidos

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-Merida ¿Dónde estás? -hablo una voz masculina mientras caminaba por el corredor. Sabía de quién pertenecía.

Era su novio.

La voz del chico cada vez se adentraba y no sabía la razón por la cual me gustaba la idea de pesar que nos encontraría en esta posición. Ver a mi enorme amigo dentro de lo que se supone que es suyo, una y otra y otra vez. Podía sentir como crecía mi miembro en Mérida mientras la ponchaba. Mis movimientos se volvieron más profundos y bruscos en la pequeña pelirroja, mientras que ella no paraba de decir mi nombre.

-Dilo otra vez -gruñi mientras entraba más violentamente en la pelirroja.

-Hicc- Hiccup -a duras penas lograba formular una palabra. Y no la culpaba, no podía controlar la intensidad con la que la estaba tratando.

Fue entonces que escuché como la puerta de la habitación se abría por detrás de nosotros.

-¿Estás aquí Mer -el pobre chico no pudo parar de formular su frase debido a que me percate que cerró sus ojos tapándolos con la mano-. En serio perdón, ustedes sigan con lo suyo, perdón.

Rápidamente cerro la puerta detrás suyo mientras Mérida y yo seguíamos en lo nuestro. Fueron solo cuestión de minutos para que me adentrará en ella y me derramará dentro por segunda vez está noche mientras arqueaba su espalda y enterraba sus uñas en mi.

Merida era mía.

¿Lemonlandia Mericcup?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora