044. Compromiso 2.0 Merida

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—Mierda, me correre dentro tuyo, chiquita —dijo aquel pelirrojo mientras me tomaba del cuello y me jalaba hacia el.

—Hazlo, no pares.

Hacia 6 meses que me había casado con Hans, vivíamos felizmente en el palacio mientras nuestro propio castillo se terminaba de construir o algo así nos dieron a entender nuestros padres. Estos dos meses no eran de algo que podría quejarme, era arreglado después de todo. Al igual, no veía a Hans todo el tiempo debido a que salía múltiples veces del reino para realizar cosas de príncipe con su padre. Y las únicas veces que llegaba a venir al palacio debía recibirlo como una buena esposa.

—Voltéate nena —me dijo mi esposo tomándome de la cintura, desconectando nuestros cuerpos y volteándome, dejándome boca abajo en la cama mientras elevaba mi trasero.

—Hoy no sales de esta cama sin estar embarazada —comenzó nuevamente a penetrarme.

En los últimos meses, no habíamos podido tener ningún hijo. Mi regla me había llegado conforme al mes sin ningún tipo de retraso y eso estaba poniendo nervioso a Hans. Su padre, el rey de las islas del sur, estaba presionándolo todo el tiempo para un heredero varón para ambos reinos.

—¿Te gusta eh? Gime para mí, más fuerte.

Así que cada que Hans volvía al reino no me dejaba salir de la habitación, solo nos llevaban agua y algo de comida. No podía decir que era malo esto, pero no creí que el matrimonio fuera así.

De niña yo me imaginaba estar con mi príncipe azul, hacer picnics, leer juntos, practicar arquería o espada; pero al parecer eso solo son cuentos de niños. El ni siquiera sabe cuál es mi color favorito o si quiera si me gustan o no las flores y cuales; solo está bombeando mi trasero una y otra vez por horas.

Cuando Hans terminó, me dejó en aquella habitación sucia y llena de sus fluidos, me sentía asqueada. Repito, no es que hubiera sido malo pero hace mucho que no siento lo que es estar en los brazos de alguien que realmente te ama.

Hans salió esta mañana a otro viaje con su padre y yo me quedé a dedicarme al reino. Desde que me comprometí, ya no he podido salir a cabalgar, tirar flechas o solo hacer lo que me gusta, ahora me dedico a tocar la arpa, pintar y otras cosas de una mujer casada.

Estaba a punto de anochecer, el atardecer estaba más hermoso que nunca y yo me colé a los establos por Angus y huí lo más rápido posible de ese castillo. Podía sentir el sol cálido sobre mi piel y el aire frío asomando la noche bailando en mi cabello. Me adentré en el bosque a una parte que hace tiempo no volvía.

Cuando los árboles comenzaron a ser conocidos me detuve, caminando hasta aquel arrollo que pasaba en medio del bosque. Justo donde lo conocí.

Una rama tronó por detrás de mí.

—Vaya, pensé que jamás te volvería a ver por aquí —dijo una voz a mis espaldas. La voz que hace otras vidas me enamoró.

—¿Hiccup? —pregunté por instinto volteando mi cuerpo hacia atrás.

El seguía como siempre, con aquella tez cálida como el sol, su cabello largo y trenzado y su armadura pulida como siempre.

—Vivo y en persona my lady.

Seguía igual como la última vez que lo vi en el establo el día de mi compromiso.

—¿Qué haces tú por aquí?

—Yo debería hacerme esa pregunta mi alteza, ya va a anocher y el bosque no es para una reina como usted.

—Basta Hiccup, no me trates como si no hubiéramos estado aquí millones de veces a estas horas. ¿Y tú cómo haz estado? ¿Cómo ha estado Astrid?

Me enteré por la servidumbre que Hiccup se comprometió casi al instante que yo. No me sorprendía, nosotros jamás podíamos estar juntos.

—Bien, estamos bien. ¿Y tú? ¿Todo bien?

¿Cómo podía mentirle a esos ojos verdes?

Sabía que estaba mal. Demasiado mal. Pero no podía detenerme si se trataban de los besos de aquel hombre. Yo sé que está con alguien y yo estoy con alguien, pero no podía quitar mi boca de su miembro mientras me tomaba con una coleta y succionaba su cuerpo. Y no quería parar. Me lleno de leche toda la cara, mierda esto iba a ser más difícil de limpiar.

—Princesa perdón, no era mi intención —se preocupó. Yo solo lo detuve y me limpié rapidamente después de tragarme lo que dejó en mi boca.

—Está bien, no es nada —dije volviendo a acercarme a él.

Hiccup y yo no era necesario decir lo que queríamos. En mi mente estaba mal y seguramente en la suya también, pero creo que nada de eso me importó cuando comenzó a alzar mi vestido como aquella vez en el establo o todas las veces que lo hicimos en esta misma parte del bosque como conejos.

—Está bien, estamos bien —le tomé del rostro al momento que ya se había adentrado dentro mío y se encontraba respirando profundamente.

Él comenzó a moverse, tan delicado y tierno como siempre. Hace mucho que había olvidado lo que era estar con alguien que te amaba.

—Hiccup... —gemí con suavidad en el borde de mis labios.

No recuerdo cuántas veces me contuve al decir aquel nombre cuando me encontraba con mi esposo, lo que me hacía entrar en razón era el tacto gentil de este hombre a diferencia del que me aguarda en el castillo.

—Princesa... —su mano comenzó a deslizarse por todo mi cuerpo, acariciando mi muslo y encontrándose con mi cintura.

Al momento de tenerme por la cintura, podía sentir sus movimientos más rápidos, más profundos a los que una vez conocí.

Hiccup jamás me lastimaría. Yo confiaba en el.

—Ohh Hiccup, más, necesito más —quería tener todo de él.

No sabía cuándo volvería a encontrarme con Hiccup, nada me aseguraba que esto se repitiera. Tal vez sería la última vez en mi vida que pueda estar con el hombre al que en realidad amo de esta manera, piel contra piel mientras me volvía suya una vez más. Podía escuchar sus gruñidos en mi oreja mientras yo deslizaba mis uñas en su espalda, aferrándome a su cuerpo y a esta realidad que me consumía por completo.

—Te amo Mérida —gruñó en mi cuello sin si quiera parar.

Yo no podía responder, mi garganta se dedicaba a soltar sonidos de una gata en celo. Quería que esto jamás terminara en lo absoluto.

Pude sentir como Hiccup salió rápidamente fuera de mí para sentir en mi intimidad su líquido ensuciando mi cuerpo y vestido sin parar. Hiccup se acercó nuevamente a mí para besarnos, en ocasiones solo me imaginaba mi vida si nos hubiéramos casado.

¿Lemonlandia Mericcup?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora