045. Cuñado. Merida

140 12 0
                                        


—Así nena, ¿te gusta verdad? —estaba Frederick entrando una y otra vez dentro mío. Justamente como a mí me gustaba.

—Oh Fred ... —estaba tocando el mismo cielo en ese momento.

Fred y yo éramos novios desde hace un año. Las pocas veces que había venido a su casa eran porque sus padres no estaban y podíamos tener un momento a solas los dos. El era mayor que yo por unos cuatro años, él estaba en este momento en la universidad mientras que yo todavía tenía 16 años, casi por cumplir los 17. Nuestros padres siempre habían sido amigos así que nos conocemos de toda la vida

—Oh nena te sientes tan bien —se agachó a mi oreja mientras me tomaba todavía del trasero.

Hace unas horas había descubierto que Fred me engañaba. Peleamos pero no supe en qué momento él ya se encontraba dentro mío, tal vez era la única forma que me hacía creer que él era mío o se quedaría conmigo; a pesar de saber que se había acostado con alguien más del instituto.

—Freddy, más rápido —pero aún así no comprendía porque porque a pesar de que era un idiota. Seguía con el.

—Oh Ana, estoy por venirme.

—¿Quién mierdas es —antes de que pudiera terminar, él ya se había venido dentro de mí y se choreaba todo a mí al rededor.

Frederick únicamente se dejó caer en la cama como todo un campeón. Mientras yo solo me cubría con la sábana sintiéndome sucia.

—Voy por un vaso de agua —exclamé rápidamente mientras me colocaba mis pantalones y mi blusa.

—Me traes algo.

Dijo antes de que azotara la puerta de su habitación y yo me dirigiera a la cocina que ya muy bien conocía. Me serví agua del grifo para al momento de cerrarlo yo cayera en un llanto de lágrimas. No entendía porque a pesar de todo yo seguía aquí, esperando que de un acto de magia él cambiara y no me pusiera los cuernos cada que ve un par de bubis caminando.

Subí lentamente sin hacer ruido, seguramente él ya se había dormido. Me dirigí al balcón que está a un lado de su habitación que se dirigía hacia su patio trasero. Solo necesitaba algo de aire.

Pero al momento de abrirlo, Hiccuo ya se encontraba ahí dándome la espalda.

Hiccup era mi cuñado, era de último año de prepa siendo el hermano menor de Frederick. Muy pocas veces había dirigido palabra con él, en la preparatoria no había razón para hablarnos y casi siempre no se encontraba en la casa porque siempre estaba en el entrenamiento.

—Oh perdón, no sabía que estaba ocupado —dije apenada intentando huir de ahí.

—No te preocupes, puedes hacerme compañía si deseas. —me dijo mostrando esa sonrisa.

—¿Tú...? Mmm

—¿Escuché todo? Lamento decirte que si, lo escuché todo —dijo para volver a depositar su cerveza en su boca.

—Mierda.

—¿Por qué no dejas todavía a mi hermano? Es un idiota, te lo digo yo que soy su hermano.

—Es... es complicado. Yo sé que tu hermano me ama y solo son problemas que tienen todas las parejas —me coloque a un lado suyo mientras abrazaba mi brazo.

—Mérida, dijo el nombre de otra chica mientras estaba contigo.

—Lo sé —le arrebate su cerveza para darle un trago—. Haz de pensar que soy una idiota por permitirme esto ¿verdad?

—En realidad no, creo que él es el verdadero idiota aquí por hacerte esto.

Seguí platicando un par de horas con Hiccup en el balcón mientras nos sentamos en el piso. Era muy fácil hablar con él, era gracioso y bastante inteligente, ahora entiendo porque iba a graduarse con honores su último año. No sabía si era el alcohol en mi cuerpo o el dolor en mi pecho pero no comprendía porque la idea de que este hombre era atractivo no salía de mi cabeza.

—¿Sabes? Yo jamás diría otro nombre que no fuera el tuyo si estuviéramos cogiendo —exclamó dándole otro sorbo a su cerveza. No entendía si Hiccup todos los viernes se tomaba dos paquetes de cervezas en su balcón o porque no lográbamos acabarnos la.

—¿En serio? No te creo —todo estaba borroso pero no mi cabeza.

—Es en serio, cuando llevas enamorado de la misma chica desde hace tres años creo que sería difícil.

Me le quedé mirando a sus ojos, buscando alguna mentira que pudiera verse en sus pupilas. Y no vi ninguna. Fueron las suficientes pruebas que necesite para acercar mi rostro al suyo y darle un leve beso.

Ambos nos quedamos quietos al separarnos. Fue ahí donde todo comenzó a subir de calor.

No supe en qué momento estaba sobre los brazos de aquel chico y nos dirigíamos al otro lado del cierto de Fred y me depositaba en su cama. Su cuarto era ordenado y demasiado limpio, a comparación del de Fred. Este chico comenzó a besar mi cuello mientras sus manos se deslizaban debajo de mi blusa sin encontrar ningún sostén.

—¿Estás seguro? ¿No te arrepentirás mañana? —le pregunté preocupada al tomar su rostro.

—No sabes cuánta cantidad de alcohol debo de tomar para ignorar tu voz gimiendo por otro hombre las veces que estás en esta casa. Hoy quiero ser ese hombre. —ese tipo de voz áspera y gruesa, maldición.

Me quité mi blusa como si me lo hubiera pedido al igual que mi pantalón. No estaba utilizando a Hiccup para pasarla bien un rato, ni si quiera sé que estaba haciendo pero en este momento haría cualquier cosa que él me pidiera.

El se deshizo de su playera y su pantalón al mismo tiempo. Pude ver su boxer y el paquete que tenía como bulto en el. Mierda. No había tiempo para echarse para atrás. Yo quería eso en mi. Se deshizo de su prenda y confirme lo que mis ojos ya habían estimado.

Nos besamos, podía sentir su paquete deseando entrar en mi, rozando con mi intimidad.

—Hay que cerrar la puerta...

—A la mierda la puerta. Que él escuche todo —me gruño en mi oído.

No supe de dónde saqué la fuerza para cambiar de posición y yo estar arriba suyo. Nos acomodamos a modo de que es estuviera sentado y yo sobre de él. Me tenía de mis caderas clavándome sus manos en mi como si mi plan fuera huir.

Alce mi cuerpo para que con una mano tomara esa parte de él y dirigirla a mi entrada, tenía nervios. Con la única persona con la que había estado era la mitad del tamaño que lo que ya se encontraba entrando en mi. Pero tenía que hacerlo, quería sentirlo.

Me dio un beso en la frente, sacándome de mis un mil pensamientos. Fue entonces que entró todo y ambos jadeamos.

—Estamos bien nena —me dijo dándome un beso en los labios.

Sus manos y mis caderas comenzaron a moverse al mismo. Mis manos se enredaron en su cabello largo mientras su rostro se entretenía en mi pecho lamiendo cada parte de mi.

—Dime que soy tu papi, dímelo —gruñó con esa voz gruesa que jamás había escuchado de él.

—Papi... si —no era necesario que me lo pidiera, mi garganta lo tenía atravesado.

Podía sentir como cada parte de él se hundía más en el, completamente llenándome en cada rincón. Solo quería estar así con él, si hubiera sabido que era estar con Hiccup desde un inicio jamás hubiera volteado a ver a Fred. Pero tristemente no fue así, pero aún así, estaba con Hiccup en este momento.

—Mierda, nena estoy por correrme —pudo sentir como tensó los músculos de sus manos sobre mi piel intentando quitarme de encima suyo.

—Córrete dentro por favor, hazlo —dije para después besarlo.

Sus manos llevaron todas mis caderas dentro de él para sentir como aquel líquido no dejaba de dispararse dentro de mí a tal modo de desparramarse fuera mío. Nuestras respiraciones eran frenéticas y no dejábamos de jadear. Lo bese.

No importaba en este momento lo que diría la demás gente de esto. La gente podría hablar pero yo me encontraba cogiendo con el hermano de mi novio fuera de su habitación, haciendo todo el ruido que quisiera

¿Lemonlandia Mericcup?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora