Capítulo 41 "Rizo"

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Montar a caballo había sido una de las mejores cosas que le gustaba, pero al tener su lesión en la pierna se le dificulto montar y su mayor pasión se había acabado. Ahora podía ver a su abuelo, un hombre de 80 años bastante fuerte que aún cabalga hasta el amanecer, tenía a Gustavo con él, la contagiosa risita de su bebé le gustaba. Su hermano y su cuñada igual estaban cabalgando juntos y le gustaba, extraña cabalgar.

— ¿De verdad no puedes montar? – dijo Elena, cuando bajó del caballo.

— Gracias a mi lesión en la pierna no puedo – sonrió de lado y miró su propio bastón.

— Pues que lastima princesa — dijo su abuelo al llegar a su lado. — Pero tengo una mejor idea.

— ¿De qué hablas abuelo? – dijo Magnus, mientras tomaba al bebé en brazos.

Su abuelo chiflo a uno de los hombres del establo, y dijo que trajeran al puro sangre. Todos vieron al caballo color negro con una silla con su nombre grabado.

— ¿Qué es esto abuelo? – sonrió Loky al acercarse al caballo. — Hola precioso, eres una hermosura.

— Es tuyo – bajó de su caballo y se cruzó de brazos.

— ¿Mío? Oye, ¿tengo que recordarte que uso bastón y tú no?

— Soy fuerte, ninguno de ustedes llegará a mi edad estando como un roble – les sonrió. — Dile que baje, que lo vas a montar.

— ¿Enserio?

Loky estaba casi atónito por esa sorpresa, acarició al caballo y suspiro. Realmente no creía que algo tan bueno fuera a pasar, pero lo hizo.

— ¿Cómo se llama?

— Rizo.

— Está bien — se acercó a él — Rizo, querido, baja quiero montarte.

No esperaba nada, pero al ver cómo Rizo doblaba sus rodillas y casi se echaba sobre la tierra, sonrió enorme, sintiendo su corazón latir con fuerza.

— ¿Cómo lograste que lo hiciera? — dijo Magnus.

— Entrene bien a ese caballo desde que le di ese batón – sonrió de lado – No soy de rescatar animales como él, pero era una hermosura cuando lo vi, un caballo salvaje en apuros. No podía dejarlo solo, moriría fácilmente y pensé en Loky.

Magnus estaba feliz, todos prestaron atención a Loky cómo le daba el basto a Elena cuando pudo sentarse en la silla del caballo. Como si fuera de nuevo ese niño subiendo por primera vez a su caballo, se aferró a la cuerda cuando el caballo se levantó.

— ¿Cómo se siente? – sonrió Magnus.

— Raro, es como reconocer esta sensación y al mismo tiempo ser tan ajeno. Tengo que acostumbrarme, solo un momento.

— Pues vete, haremos la comida — dijo Elena — Gustavo estará bien, no te preocupes.

— Les tomaré la palabra, tengo que conocer mi territorio.

Cuando vieron a Loky irse mientras cabalgaba, todos entraron a la antigua casa de los Nygard, esa casa que fue construida por el primero que llegó a Belfast en plena guerra. Elena se llevó al bebé para cambiarle el pañal y ponerlo a dormir mientras su padre regresaba, cuando Magnus se sentó junto a su abuelo.

— Magnus, me alegra que tu hermano y tú se lleven bien – le sonrió – Por eso quiero que lo convenzas de que se quede aquí.

— ¿Qué? ¿Le ofreciste la casa?

— Claro, pero dijo que era injusto, está casa es para ti y no quiere quitarte eso. Por eso está construyendo en su terreno.

— ¿Le dijiste que yo rechace la casa?

Ahora soy papáDonde viven las historias. Descúbrelo ahora