Aude Lois Grameth, estaba emocionada realizando su sueño y el de sus padres, ir a la universidad para ser una abogada prestigiosa.
Xder Fleming, es el más joven de los Alfas y estaba seguro que alguien quería que perdiera su manada.
El era el Alfa...
Besarnos fue el comienzo de entregarnos, me sorprende que haya sido ella la que tomó mi rostro en sus manos y dio ese primer beso, cuando yo deseaba decirle todo lo que siento, que la amo y que la amaré por la eternidad. Deseaba quitarle toda la ropa y sentir su piel. Asi que la subí al auto, abrí sus piernas y sintiendo el olor embriagante que emana su interior, bese su abdomen, mi lobo no deja de gruñir, está tan extasiado como yo, levanté la fina tela de su franela y posé mi boca en su piel desnuda, que delicia tan encantadora es su piel, quisiera probarla por completo.
Debemos marcarla, con la marca nadie nunca nos la quitará — escucho como me interrumpe el lobo, y subo mi rostro para verla.
Subo mis besos rozando el centro de sus senos, tomó su boca.
— Necesito hacer algo, que quizás te duele mucho — susurro entre besos — pero tengo que hacerlo Aude.
— Hazlo... — me pido y sonreí.
— Te cuidaré — digo tomando su rostro entre mis manos y haciendo que nos miremos — voy a cuidarte, haré que no te duela, lo prometo. Ahora vámonos.
Le doy un pequeño beso en su hinchada boda, y la tomó para llevarla a la camioneta.
No hablamos pero es tan claro que nuestros corazones y respiraciones estaban fuera de control, al llegar a la cabaña todo queda en una completa oscuridad, la oscuridad del bosque., de la noche; enciendo una linterna que llevo siempre en la guantera y la ayudó a bajar. Cuando entramos a la cabaña la dejo sola en el centro de la pequeña sala y busco el generador para que le de luz al lugar, y nos alumbre mientras aún está oscuro.
Ella se vuelve y miro lo sexy que está, pantalón largo de pijama color rosa, franela blanca y una chaqueta grande que muestra su hombro.
Será su hombro, no su espalda donde lleve mi marca, ahora estoy más seguro,
— ¿Quieres algo? — pregunto y veo como se sonroja, sonrió cuando negó con su cabeza.
Me acerco a ella y le quito la chaqueta.
— Yo si quiero, te quiero a tí — la jalo tomando sus manos y la guío hacia la habitación. Ella mira todo, notando que solo hay una cama.
— Es lo único que necesitamos, por ahora — le digo.
Besarnos, tocarnos, desnudarnos, todo eso me volvió completamente loco pero mas loco estaba con dejar mi marca en ella, necesitaba hacerlo, y mientras sentía su tibio y húmedo interior, Dark gruñía, en ese momento, era más animal que hombre, sabía que estar ahí con ella no podría aguantarme, la tome por las caderas y voltee su cuerpo, mire sus espalda desnuda, tan provocativa, mientras la arqueaba, y yo la llenaba de deseo; saboreaba su piel, anhelando su sangre, me excitaba, quería probarla, tenerla en mi boca, gruñí muy fuerte cuando logre correrme y caí sobre su cuerpo, respirando pesadamente.
Yo lo haré — Dark posee mi cuerpo.
— Debohacerlocariño — lo escuchó decir. — debo poner mi marca en ti.
No me dio tiempo darme cuenta cuando clavó sus dientes en su piel sudada y logré saborear, la sangre ligada con mi saliva, podía sentir como latía tan fuerte su corazón , la adrenalina, el miedo, el éxtasis.
De repente, la escuchó llorar y me asustó.
Basta Dark — le digo pero la sangre de Audi en mi sistema me tiene algo aturdido a mi también.
Casi acabo — mi lobo es terco.
La vas a matar — suplico.
Jamás — responde pero siento su cuerpo frío y tomó el control.
Me aparto y veo el desastre de sangre que se volvió el lecho, mi boca y mis manos llenas de su sangre y hago lo que debo hacer, abro una herida grande en mi brazo soportando el dolor y la volteo poniéndola frente a mi.
¡Maldición Drak!, no se mueve — me asusto aun mas a no sentir que se queje o se mueva.
Calmate solo haslo — discuto con él mientras mi brazo sangra también y tomo de mi herida y hago que ella beba.
No la toma — me quejo — si no la hace puede morir — me lamento, estoy asustado, la abrazo. — ¡maldición!
Tapa su herida esperemos que despierte — dice mi lobo y eso hago.
Pongo mi franela en su hombro y lo aprieto, escucho que se queja, y suspiro.
— Creo que está bien — digo en voz baja — ¿estás bien?
No responde, pero siento que respira.
Marcar a nuestra mate es lo más horriblemente grotesco que hay, nadie habla del miedo de dañarla, del miedo de ella de morir y mucho menos ver como un lecho donde ambos compartían llenos de pasión, ahora está llena de la sangre de ambos.
Pero la historia de nuestra especie no solo tiene magia y encanto, si no que tiene mucha sangre.
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