Revisé tres de los cinco libros ese día, había perdido la cuenta de cuantos dioses había revisado, y ninguno era el que estaba buscando, algunos parecían similares, pero no eran él.
No eran dioses serpiente, sus marcas no eran partes oscuras en la piel, la descripción de su mundo o su apariencia no era la misma a las que tenía grabadas en la memoria, empezaba a pensar que no lo encontraría.
Eran casi las tres de la tarde cuando me di cuenta de la hora, lancé un resoplido y me dejé caer sobre los libros, mi frente tocando las viejas páginas que ya empezaban a tintarse de amarillo.
-estás muy lejos, querida- la voz de aquel dios reapareció.
Cerré los ojos con fuerza lanzando un suspiro antes de enderezarme.
Se encontraba sentado en la silla de al lado, inclinado sobre el papel en el que había anotado un par de nombres que ahora sabía no era ninguno de esos.
Volví la mirada hacia los lados, no había mucha gente, en realidad creo que había escuchado a menos de cinco entrar por la puerta de la biblioteca en todo el día.
-alguien podría verte- susurré pasando las manos por mi cabello, intentando peinarlo un poco.
-nadie más que tú puede verme- volvió la mirada hacia mí.
Respiré hondo y asentí.
Por supuesto, ahora tendría que cuidarme cada que apareciera fuera de casa, si alguien me viera hablarle a la nada pensarían que estoy loca.
-Yena... ¿No tienes hambre? – Vallie apareció con un par de carpetas en la mano, se encontraba haciendo inventario.
Volví la mirada hacia el reloj en una de las paredes a la distancia.
-no me había dado cuenta de que era tan tarde- sonreí, intentando ignorar al dios que se encontraba mirando sobre mis hombros.
-pedí algo del restaurante de la esquina, puedo compartir si gustas- me indicó con la mirada hacia la entrada de la biblioteca.
-no, gracias...- empecé a cerrar los libros frente a mí y tomé el papel con los nombres y lo arrugué, lanzándolo a la papelera a mi lado- creo que debería irme, se hace tarde.
-¿encontraste algo útil sobre tu dios?
-no- lancé un resoplido- volveré mañana y leeré los que me faltaron.
Ella asintió y me indicó que dejara los libros en un carrito que tenían al frente de cada estantería de libros, luego ella los acomodaba en su lugar.
-lo encontrarás...- intentó animarme- de todas formas, muchos dioses de la oscuridad son en realidad agradables, así que no te preocupes, estoy segura de que no te dará problemas.
Volví la mirada hacia él, sus ojos lanzaron un destello y una mueca apareció en su rostro, estaba bastante segura de que ese no era su caso, las palabras de anoche aun resonaban en mi mente.
"Quemaremos mucho juntos"
-si, bueno...- me levanté de la silla, coloqué los libros en el carrito y empecé a caminar directo hacia la puerta principal.
Escuché los pasos del dios que lentamente me seguían a un par de metros de distancia.
-las bibliotecas no han cambiado mucho- suspiró él mientras salíamos.
Recordé que quería que le enseñara la ciudad, pero caminar por Ravine lo que restaba de la tarde no me parecía buena idea, no quería a más personas mirándome.
-¿Por qué escondes tus manos?- apareció frente a mí de repente.
Había estado mirando hacia el suelo desde que salí de la biblioteca, la luz del sol me llegó directo a los ojos y por unos segundos sentí una pequeña sensación de ardor. Me detuve en seco, intentando no chocar con él.
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Claroscuro
FantasyTodos los jóvenes que cumplen la mayoría de edad deben elegir un dios de la luz o de la oscuridad como su guía. Yena lo sabía, pero ese día llegó más rápido de lo que pensó y tomando una decisión al azar, terminó con un Dios sin nombre a su lado y u...
