Capítulo setenta y ocho

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(Meses después)

Me encontraba sentada en el sofá de mi casa en Irlanda viendo la tele. Ya tenía siete meses de embarazo, mi panza había crecido considerablemente. La obstetra nos dijo que era una niña y un niño. En este mes los sentidos de los bebés ya estaban bastante desarrollados, solo es la visión lo que todavía no experimenta pero sus párpados ya se cierran y abren.
Los huesos siguen formándose y su piel ya está lisa, no arrugada como en lo otros meses. Aún los pulmones están en proceso de maduración.
Los cambios que he tenido es que mis tobillos se hinchan, mi espalda me duele, aumente de peso y mis senos me duelen. Tampoco he dormido bien.

Lena llegaba de comprar ya que ella tenía que ir porque yo no podía estar sin que me doliera algo, además, me faltaba la respiración cuando caminaba.

—Hola, amor, ¿Cómo estás? —me dijo sonriente.

—Bien, mi amor. ¿Cómo estás tú?

—Yo bien —Se arrodilló y se puso enfrente de mi panza—. ¿Cómo están mis pequeños? Ya falta poco para poder verlos. Muero por tenerlos en mis brazos.
Sean buenos con su mamá, _______, que no la están dejando dormir muy bien.
Los amo pequeños.

—Me encanta cuando les hablas, es muy tierno.

—Y a mí me encanta hablarles. Voy a preparar la cena.

—¿Quieres que te ayude, mi amor?

—No, está bien. Quédate tranquila en el sillón que yo puedo.

—Lena —dije mirándola seriamente.

—Está bien, mi vida. Yo lo hago, enserio.

—Lena, estoy embarazada no inválida. Puedo hacer cosas como cocinar o limpiar.

—Lo sé, linda. Pero yo lo hago.

—Suspiré y me fui a la cama—. ¿Por qué duelen tanto, pequeños?

Lo que había pasado estos meses era raro. La relación con mi madre había mejorado un poco. Pero no sin antes ponerme a la defensiva.

(Flashback)

Alguien había llamado a la puerta y fui a abrir, pero cuando abrí me esperaba de todo menos a esa mujer.

—_____, ¿Podemos hablar?

—¿Qué haces aquí? ¿Cómo me encontraste?

—Tengo que hablar contigo.

—No tengo nada que hablar contigo.

Antes de que cerrara la puerta, ella se interpuso y me dijo lo siguiente.

—_______, yo si fui a tu casamiento como me lo solicitaste.

Me di la vuelta y la miré con mis ojos rojos.

—Eso no es verdad.

—Si lo es. Me retrasé pero sí fuí, escuché como le decías todas esas palabras bonitas a tu esposa y también cuando te estaban felicitando.

—Entonces, ¿Por qué no te acercaste tú?

—Quería darte tu espacio, no sabía sí querías que lo haga.

Lena y TúHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora