Espantaviejas

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"Hmmm... ¿Por qué yo no tengo amigos cómo el resto?"

Preguntó el pequeño niño de pelo castaño, sentado en una banca del patio y con una cara de pura tristeza en su rostro, mientras veía a los niños corriendo de un lado a otro, jugando juntos, charlando, y en general, divirtiéndose juntos. Dicha imagen provocaba un fuerte sentimientos de tristeza y soledad al infante, pues le hacía creer que en ese lugar, él no era más que un niño rarito y sin amigos

"¿Hay algo mal en mí? Quizás es por mi personalidad, o a lo mejor es por mi apariencia..."

Y cómo era obvio, los complejos, inseguridades en uno mismo y miedos no tardaron en hacerse presentes en la mente del chiquillo, causando que el pequeño tuviera que soportar una auténtica tortura psicológica por todo lo que le restaba del día. Hasta que finalmente la hora escolar terminó y él pudo volver a su hogar tras una larga jornada de estudios y clases. Y cómo de costumbre, el pequeño fue completamente solo de camino a casa

"Ya llegué"

Anunció él entrando a la puerta de su hogar, tratando de ocultar su expresión decaída y triste con una sonrisa forzada en su rostro

"Mi amor, ¿cómo estás?"

Preguntó la mujer de pelo rubio acercándose a su hijo para poder abrazarlo fuertemente, dándole así algo de cariño y calidez a su horrible día. Y pese a que claramente no estaba bien, el niño simplemente fingió y dijo que sí lo estaba para no preocupar a su madre, aceptando a su vez el abrazo que esta le daba

"Estoy bien, Vanessa, ya puedes dejar de abrazarme"

Respondió él comenzando a cansarse por el constante cariño y apego que aquella mujer le estaba dando. A lo cual, Vanessa hizo caso a sus palabras y se zafó de su abrazo, no sin antes darle unos cuantos besos en el moflete derecho y unas suaves caricias en el pelo

"Y bueno, Gregory, ¿qué tal el día de escuela? ¿Todo bien ahí? No hay nadie que se meta contigo... ¿Verdad?"

Preguntó ella queriendo asegurarse de que el pequeño Gregory se sintiera cómodo en su nueva escuela, y aunque la respuesta era un rotundo no, el chiquillo no podía simplemente decirle eso y hacerla sentir mal, así que, aún resistiendo las ganas de ponerse a llorar y confesarle todo, el niño pudo mentirle exitosamente sin salir sospechoso en el intento

"Ah, lo de siempre, todo bastante bien, la verdad. Y no, no hay nadie que se meta conmigo, la gente me trata bien realmente, y no tengo ninguna queja sobre ello"

Respondió el chico con una sonrisa para después pasar al lado de su madre e ir directamente a su habitación, yendo ahí para poder cambiarse la ropa de calle que llevaba por una más cómoda como un pijama o algo. Y nada más cambiarse, pudo escuchar el llamado de su madre anunciándole que la comida ya estaba lista

"Ya voy"

Respondió para después bajar las escaleras rápidamente, teniendo cuidado de no tropezarse en los escalones y caer al suelo. Una vez llegó al salón en donde comían, tomó asiento en una de las sillas y agarró los cubiertos que habían en la mesa con cuidado, listo para devorar con gusto la comida que dicha mujer había preparado con tanto cuidado, amor y cariño. Tras unos minutos, el plato ahora estaba completamente vacío, el chico se levantó, agradeció su comida y fue directamente a su habitación otra vez. Aburrido, se lanzó en su cama y sacó su móvil para ver cualquier cosa por Internet, ya sean videos de YouTube, streamers, datos aleatorios, etc... Poco fue el rato que pasó hasta que Gregory se aburrió de dicho contenido, se había aburrido del Internet, cosa por la cual, acabó apagando su móvil y dejando caer este mismo encima de su pecho, observando con la mirada pérdida el techo de su habitación. Y así estuvo por un rato hasta que la voz robótica de su compañero robot lo llevó de vuelta a la realidad

El multiverso de FNAFDonde viven las historias. Descúbrelo ahora