Capítulo 32

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El sol invernal brillaba sin mucha fuerza y se reflejaba en la gruesa capa de nieve que cayó durante la noche. Jaemin estaba sentado en la parte más alta de las escaleras que llevaban al segundo piso y observaba con desconfianza a Taemin, quien fumaba un cigarrillo apoyado en el marco de la puerta de entrada. Sus ojos estaban fijos en el camino que conectaba con el portón. Hace menos de cinco minutos que había recibido una llamada de Bae para decirle que estaba llegando con su parte del trato.

El neófito se sentía nervioso, su pie rebotando contra el suelo y sus ojos posándose en el pasillo de primer piso que llevaba al sótano. La casa estaba en completo silencio, lo cual era tan extraño que le generaba una nueva y desconocida sensación de inquietud en su pecho.

No pasó mucho cuando pudo oír el sonido de unos vehículos acercándose. Fue capaz de ver la comisura de los labios de Taemin formar una tenue sonrisa antes de que arrojara la colilla del cigarrillo a la nieve. Este observó en su dirección una sola vez para recordarle que debía de guardar silencio.

Finalmente una camioneta tan blanca que se confundía con la nieve apareció por el camino y, enganchada a esta, un contenedor enorme y de un color casi idéntico detrás. Luego un auto de lujo, un Mercedes negro que seguramente habría visto en la televisión como propiedad de algún magnate cruel y despiadado.

Quien suponía no era más que un empleado se bajó de la camioneta para poder soltar el contenedor. Bae bajó del auto mientras se ajustaba el saco de un fino traje negro. El hombre tenía un rostro tosco, era demasiado alto y su boca estaba en un rictus constante que le daba un aspecto aún más macabro. Los ojos pequeños y con tenues arrugas a su alrededor se pasearon por la casa con desagrado, como si se tratara de una vieja choza que estaba cayéndose a pedazos.

— Le diría que es un gusto verlo, Señor Bae, pero mi madre me ha enseñado a no mentir. — Taemin dijo con una brillante sonrisa ganándose de forma casi automática el disgusto del hombre. — Espero que mi encargo haya llegado en una sola pieza. — Mencionó mientras su atención se depositaba en el contenedor. —

— Por supuesto. Aunque no se porque has de quererlo. Es inútil.

— La basura de un hombre puede ser el tesoro de otro.— Dijo con simpleza antes de extender la mano izquierda en su dirección.— Las llaves. Quiero asegurarme de que es lo que acordamos.

Bae pareció molesto en que su palabra fuera puesta en duda, pero aún así sacó un juego de llaves de sus bolsillos y se los entregó al mayor de los hermanos. Taemin sonrió, abandonando su posición para ir al contenedor. El sujeto que lo custodiaba parecía incómodo pero se apartó en cuanto Lee hizo un gesto de su mano.

Pudo ver como Taemin abría la compuerta y sonreía antes de entrar. Jaemin no pudo ver lo que sucedía allí dentro pero a sus oídos llegó el sonido de unas cadenas antes de que volviera a bajar y lo cerrara, asegurándose de que no podría abrirlo nadie más que él.

— ¿No vas a sacarle de allí? — Bae preguntó y Taemin negó con su cabeza mientras volvía a guardar las llaves.—

— Hasta que sea hora de usarlo quedará allí ¿O tienes alguna clase de objeción al respecto de como trato a mis juguetes?

— No, en lo absoluto. — Bae sonrió con diversión. — Aunque debo admitir que tu petición me ha dejado sorprendido. Las generaciones jóvenes suelen ser tan…

— ¿Encantadoras? — Completó Taemin con burla. —

— Conflictivas. — Le corrigió Bae. — Siempre creyendo que las viejas costumbres son bárbaras pero es lo que nos ha mantenido en la cima. — El hombre volvió a acomodarse su saco. — Ahora, tu parte del acuerdo.

Bloody TearsDonde viven las historias. Descúbrelo ahora