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El trayecto hasta los galpones dónde se escondía el resto de la banda de piratas fue hecho sin resistencia. Aún estaba en shock por descubrir la identidad de Akagami. No tenía ningún sentido, ambas entidades eran como el agua y el aceite.

Quitándole cualquier oportunidad de seguir evaluando a Akagami, la dejaron caer al suelo sin mayor delicadeza. La banda de piratas comenzó a amontonarse alrededor de ella, observándola como un montón de salvajes. Después de murmurar sobre qué hacer con ella, una orden se alzó entre la multitud y todos comenzaron a darle paso a su líder.

No debió sorprenderse al descubrir que el capitán de los Piratas Candy era una mujer. Tenía el cabello largo cayendo como una cascada hasta rozar su trasero, de un color rubio muy parecido al de ella, ojos enigmáticos y fuertes de color avellana que mostraba la plena seguridad que sentía. Era una mujer preciosa, que parecía poseer un fuerte temperamento.

En cuanto la escaneo por completo. La mujer no espero más para agredirla, golpeándola en el estómago con fuerza. Haciéndola gritar de dolor, dejo que Reina se retorciese en el suelo por unos segundos. Luego la jalo del cabello para obligarla a mirarla a los ojos, por la cercanía pudo detallar que sus ojos avellanos tenían chispas violetas. Su boca se torció en un intento de sonrisa, pero el enojo en sus ojos no dejo que la comisura de sus labios subiera lo suficiente.

—Entonces ¿eres tú la pequeña puta que está consintiendo Akagami? —Después de formular la pregunta, enrollo el cabello de Reina en su puño y lo jalo, sintió como se desprendía varias hebras de raíz causándole un dolor horrible— ¡Tráelo!

Ordenó la mujer pirata con voz rotunda. Los hombres a su alrededor parecían repentinamente incómodos ante el acto que estaban presenciando, pero no dejaron de seguir las órdenes de su líder. Uno de ellos se acercó con cautela, con una bandeja de plata reposando en ambos brazos, la mujer quito la tapa redondeada que protegía la comida. Una fruta pequeña y extraña en forma de manzana apareció.

—Seguramente no sabes esto...— Tomo la extraña fruta, con un jalón de cabello obligo a Reina a abrir la boca, introduciendo la comida. Luego con su mano libre la hizo masticar a la fuerza y tragar. Como si disfrutara de su tortura, se acercó a su oído para susurrarle con malicia— Shanks nunca ha dejado a un Usuario estar en su barco. Nunca.

Como si la fruta estuviera podrida, un sabor agrio cubrió su boca. Mientras se retorcía, la pirata reía de su desgracia alejándose de ella. La mujer pronto se miró las manos, entre sus dedos quedaron mechones dorados de la cabellera de Reina, largo y sedoso. Volvió a ordenar algo a su tripulación, pero Reina no pudo entender lo que decía, pues el dolor que aquejaba su garganta la hacía sentirse a punto de desmayar. El sonido de una navaja era lo único que podía reconocer entre los murmullos y risas burlonas.

Mientras sus ojos se encontraban fijos en el techo del galpón, intentado no perder la conciencia. Su mente, que estaba fuera de sí, volvió a vagar hacia su reciente descubrimiento. Tal vez ella había oído mal, o solo se trataba de una mera coincidencia. Shanks, el aprendiz de Gold Roger era la misma persona que Akagami. Si se había dado cuenta de que ningún tripulante del Red Force había llamado a su capitán por su nombre, pero ella había asumido que era porque no poseía uno. Como un rayo, recordó repentinamente lo que le había dicho Beckmann esa mañana antes de tocar las tierras de Dressrosa. Ellos ya habían hablado de mantener la información de la tripulación en secreto, todos incluyendo a Olfan.

Era imposible que el dulce Shanks se hubiera convertido en un ser tan temible y poderoso como Akagami. Si era cierto que tenían un leve parecido, pero eran personalidades tan distintas que no podía encontrar una sola similitud. Akagami solía ser carismático de vez en cuando, pero ese humor duraba poco, antes de comenzar a discutir con ella. Por su parte, en el poco tiempo que había conocido al pequeño Shanks, nunca tuvieron una discusión, e incluso se habían sentido felices de saber que ambos compartían puntos de vista.

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