La luz de la lámpara de aceite bailaba suavemente en el camarote del Capitan, proyectando sombras cálidas sobre las paredes de madera. Reina estaba sentada frente al pequeño espejo que colgaba de la pared, era una de las cosas que habia insistido en cambiar de su habitación una vez habia aceptado el trato, la mujer peinaba su cabello dorado con movimientos lentos y metódicos. Cada hebra parecía captar la luz como si fuera oro líquido, y Shanks no pudo evitar mirarla desde la cama, absorto en sus pensamientos.
El crujir del barco se hacía más evidente mientras la tormenta ganaba fuerza en el exterior. El golpeteo de las gotas contra las paredes apenas competía con el murmullo de las olas chocando contra el casco del Red Force. La atmósfera era íntima, casi frágil, como si el más leve movimiento pudiera romperla.
Shanks apoyó su brazo sobre su rodilla y ladeo la cabeza, recordando la conversación que había tenido con Olfan minutos antes. El guardaespaldas de Reina le seguia generando una desconfianza que no podía ignorar. El ex pirata le había insinuado que Rayleigh, el legendario primer oficial de Roger, sabía mucho más de lo que aparentaba sobre Reina. Y ahora, observándola bajo la luz tenue, la similitud era innegable. La forma en que inclinaba la cabeza, su cabello e incluso sus gestos... Era imposible que Rayleigh no hubiera sospechado la verdad, que Reina era su hija.
Pero, entonces, ¿por qué nunca había actuado al respecto? ¿Por qué había dejado que el destino la arrastrara de esa forma? La idea de alguna manera lo enfurecía, habia sido criado por él, mientras su verdadera hija era vendida a los Tenryubitos. Todo ese tema lo llenaba de incertidumbre. Si él le revelaba la verdad, ¿la heriría más de lo que ya estaba?
—Shanks — la voz de Reina lo atrajo a la realidad, suave pero llena de curiosidad—, llevas rato mirándome como si estuvieras viendo un fantasma. ¿Qué ocurre?
Él se quedo perplejo por unos segundos, pero logró esconder su incomodidad con una sonrisa ligera.
—Nada, solo estaba pensando... —respondió, aunque sabía que no era toda la verdad.
Reina dejó el peine a un lado y giró para mirarlo de frente. Bajo la luz de la lámpara, su camison se transparentaba enseñando la verdadera silueta de su cuerpo. Su cabello dorados brillante y sus ojos violaceos la hacia parecer una ninfa de mar, dispuesta a hechizarlo y llevarlo hasta las profundidades.
—¿Pensando en qué? —insistió ella, cruzando los brazos.
Shanks soltó una pequeña risa y se recostó contra la pared, intentando restarle peso a la conversación.
—En cómo alguien tan hermosa como tú terminó en esta tormenta conmigo —dijo, con un tono juguetón, aunque por dentro se debatía entre revelar la verdad o seguir cargando con ella.
Reina sonrió por su intento de desviar el tema. Se levantó del asiento y caminó hacia él, todo el cuerpo de Shanks se tenso cuando ella se apoyo en la cama para acercase y verlo mejor. Su silueta bajo la luz era casi hipnotizante, y él sintió un repentino nudo en el pecho. Era su deber protegerla, no solo de los peligros que la acechaban, sino también de su tormentoso pasado.
El ruido de un trueno resonó, y el barco se inclinó ligeramente. Reina se sujetó del corpulento cuerpo de él, sin perder la compostura. Su unica mano la tomo de la cintura para asegurarla.
—Bueno, parece que nos espera una noche agitada —murmuró seductoramente, dejando que ella notara el doble sentido en sus palabras.
Dudo por un instante en acostarse con ella aquella noche, pero al verla ruborizada la acerco a él para besarla, pobrando sus labios dulces y suaves. En ese momento, supo que no podía dejar que el pasado la alcanzara de forma tan cruel. Si iba a decirle la verdad, sobre su encuentro o sobre Rayleigh, tendría que encontrar las palabras correctas, y tendría que hacerlo en el momento indicado.
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Wanted
FanfictionLady Dominique está ansiosa por iniciar su viaje al Nuevo Mundo, era la primera vez que viajaba fuera de la ruta de la nobleza y estaba emocionada por ello. Al menos todo estaba saliendo bien, hasta que divisaron una bandera pirata a la lejanía. Aka...
