La tormenta rugía afuera, mientras azotaba la embarcación con viento y lluvia. Sin embargo, dentro del camarote, todo estaba en calma. Shanks y Reina permanecían juntos, ajenos al caos del exterior, envueltos en la calidez de su propia intimidad.
—Cuando encontré a Uta en un cofre... al principio pensé en mí y en cómo Roger me había encontrado de la misma manera —Shanks hablaba con la mirada perdida en algún punto lejano, la sombra de un recuerdo reflejándose en su expresión. A pesar de la calidez de su toque sobre la espalda desnuda de Reina, su voz sonaba fría, envuelta en una nostalgia distante—. Me dije... «Debes cuidar de ella, es lo que le debes al mar»... El mar me llevó a Roger para vivir, y a su vez me trajo a Uta para pagar mi deuda.
Reina se acurrucó más, como si pudiera absorber la carga que parecía pesar sobre Shanks.
—¿Por eso aceptaste tener a una niña en tu tripulación? A pesar de que solo tenías veinte años —preguntó, con una inocencia que le sacó una sonrisa silenciosa al pelirrojo.
—Muchos son padres a esa edad. Incluso los he visto más jóvenes… Lo que nos diferenciaba era que no tenía una mujer con quien dejar a Uta en tierra. Así que tuve que apañármelas mientras crecía.
Reina observó el rostro de Shanks, intentando leer en su expresión lo que realmente había significado ese peso en su vida. No pudo evitar pensar que, con lo apasionado que era, fácilmente podría haber confiado la niña a alguna mujer cercana. Seguramente muchas estarían dispuestas a hacer lo que él les pidiera, absortas en la idea de profundizar su relación con el emperador. El pensamiento la inquietó más de lo que debía, y sintió un calor repentino en las mejillas al reconocerlo.
Shanks se acomodó de lado, notando su cambio de actitud. Su melancolía se disipó como el humo y en su lugar apareció la misma sonrisa pícara que solía desconcertarla.
—¿En qué estás pensando, querida? —susurró.
Reina cerró los ojos cuando sintió su barba rozarle la clavícula, el contacto suave y juguetón. Su respiración se aceleró cuando sus labios encontraron su cuello, trazando un camino de caricias que la hicieron estremecerse. Pero antes de que pudiera dejarse llevar, la curiosidad la reclamó de vuelta.
—No… quiero saber qué sucedió con Uta —susurró, alejándose apenas, rompiendo el hechizo que los envolvía. Antes de marcharse, necesitaba conocerlo, entender cómo había sido su vida después de que el Oro Jackson dejara de surcar los mares. —Hare lo que quieras despues.
Shanks soltó un leve suspiro, no del todo complacido, pero aceptó su petición con una sonrisa.
—Perfecto. Si eso es lo que quieres, te recordaré tus propias palabras más tarde.
Se acomodó mejor en la cama y volvió a acurrucarla a su lado, retomando la historia donde la había dejado. Le habló de las dificultades que enfrentó en su nuevo rol de padre, de la vergüenza de no saber cómo lidiar con situaciones básicas, de cómo Uta creció rodeada de hombres con un áspero sentido musical. Aún así, había desarrollado una voz preciosa, convirtiéndose, poco después, en la cantante de la flota.
—¿Uta cantaba? —preguntó Reina con fascinación. La idea de que la hija de Shanks compartiera su amor por la música la sorprendió. Sabía que él disfrutaba cantar, aunque no lo hiciera bien, pero imaginar que su hija había heredado esa pasión lo llenó de una felicidad inesperada—. Me hubiera encantado escucharla.
Shanks esbozó una sonrisa melancólica.
—No es lo único en lo que se parecía a tí. No solo cantaba, también amaba el escenario y las ovaciones. Era una niña dramática, inteligente… componía sus propias canciones y creaba mini escenarios con cualquier cosa que tuviera a su alcance.
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Wanted
FanfictionLady Dominique está ansiosa por iniciar su viaje al Nuevo Mundo, era la primera vez que viajaba fuera de la ruta de la nobleza y estaba emocionada por ello. Al menos todo estaba saliendo bien, hasta que divisaron una bandera pirata a la lejanía. Aka...
