Beckmann irrumpió en el camarote sin esperar la aprobación de su capitán. Reina chilló, cubriéndose apresuradamente con las sábanas, mientras Shanks soltaba una maldición al aire por la interrupción. Para el vicecapitán, la escena evocó un inquietante déjà vu, como si el tiempo lo hubiera arrastrado de vuelta a aquel primer día, cuando llevó a Reina hasta ese mismo lugar contra su voluntad.
Con menos delicadeza de la que había tenido entonces, dejó caer un enorme paquete sobre el suelo. Olfan se desplomó con un gemido de dolor, encogiéndose sobre sí mismo. Su cuerpo estaba cubierto de cortes y moretones, una evidencia brutal del trato que había recibido de la tripulación de Akagami. Reina, aún envuelta en la sábana, se deslizó fuera de la cama y se apresuró hacia él. La indignación le ardía en el pecho.
—¿Qué significa esto, Beckmann? —exigió.
El albino la miró con la misma actitud de siempre, indiferente ante su furia. Sin responderle, giró la cabeza hacia su capitán, quien también esperaba explicaciones.
—Encontramos a Olfan tratando de comunicarse con la Marina —dijo, sacando un pequeño sobre de su bolsillo—. También le confiscamos esto.
Caminó hacia Shanks con la misma calma de siempre, sin inmutarse por la desnudez del pelirrojo, y le entregó la carta. Las iniciales «M.L.» estaban inscritas en el sobre, una firma que Shanks reconoció al instante. Era la misma que aparecía en los folletos del circo. Beckmann no creyó necesario añadir más explicaciones.
—Con esto podemos confirmar que trabaja para Madam Lorraine.
Reina sintió cómo su pulso se aceleraba. Sus ojos se posaron sobre Olfan, buscando una excusa, una negación, pero él solo la observó con desesperación. Antes de que pudiera retroceder, la agarró con fuerza del brazo, impulsándose con el poco aliento que le quedaba para mirarla de frente. Su nariz sangraba profusamente, sus dientes estaban rotos, y un charco carmesí se extendía desde su costado. Su estado era deplorable.
—No les creas, Reina —jadeó—. Han intentado manipularte todo este tiempo, y ahora quieren deshacerse de mí para que Akagami pueda tenerte por completo.
Escupió sangre tras decirlo y tosió con violencia antes de recobrar el aliento.
—Te han mentido. Pregúntales. Los “Tenru” llegaron a su destino poco antes de que pisáramos Dressrosa… Akagami te ha mantenido cautiva a pesar de que te prometió liberarte… nuestro primer encuentro…
Un disparo resonó en la habitación. Reina apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando sintió la bala rozarle el costado. Olfan aulló, aferrándose a su pierna destrozada por el tiro que Beckmann le había propinado sin titubear. La sangre salpicó la sábana que cubría a Reina, manchando su mejilla, y algo en su interior se quebró. El recuerdo de su vida con su esposo volvió con una intensidad sofocante. Su cuerpo comenzó a temblar. Debería estar acostumbrada. Debería ser capaz de tolerarlo. Pero al ver la pierna de Olfan, comprendió que no podía.
Buscó la mirada de Shanks, el hombre que la había mantenido entretenida en su travesía. Pero él no reaccionó. Su rostro seguía inmutable, observando la escena sin intervenir, sin acercarse a ella, sin siquiera defenderse de las acusaciones de Olfan.
—¿Es verdad? —susurró.
Shanks no titubeó al responder.
—La información nos llegó esa noche. En ese momento, ya habíamos zarpado de Dressrosa.
Su tono era tranquilo, pero con la certeza de quien no siente culpa. Le hizo una señal a Beckmann, quien se acercó a Olfan para arrastrarlo fuera del camarote. Reina quiso detenerlo, pero antes de que pudiera moverse, Shanks apareció a su lado y sujetó su brazo. La furia la consumió.
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Wanted
FanfictionLady Dominique está ansiosa por iniciar su viaje al Nuevo Mundo, era la primera vez que viajaba fuera de la ruta de la nobleza y estaba emocionada por ello. Al menos todo estaba saliendo bien, hasta que divisaron una bandera pirata a la lejanía. Aka...
