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Dos semanas despues
Cerca de la Frontera con Paradise

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En la cubierta del barco de los Piratas del Pelirrojo, la noche estaba impregnada de una calma inquietante. Esa noche las estrellas brillaban intensamente, como miles de pequeños faros en un océano oscuro, mientras el sonido de las olas rompiendo con fuerza atronadora contra el casco era su unico acompañante. Georgi se frotó las manos, soplando aire caliente sobre ellas en un intento por combatir el frío. A medida que se aproximaban a la frontera entre el Nuevo Mundo y Paradise, la temperatura parecía descender con cada milla recorrida.

Habían transcurrido dos semanas desde que fue asignada como guardia de Reina. Al principio, Georgi pensó que el destino había vuelto a jugarle en contra, pero no tardó en descubrir que estaba equivocada. Reina no solo le había prometido protección, sino también un lugar donde pudiera ser ella misma, un refugio donde su verdadera identidad no fuera una carga ni para ella ni para Luka.

Georgi no sabia su verdadera edad, pero estaba clara en que la cifra debia superaba las 2 decadas. Para su buena suerte, su cuerpo no se desarrollo como el de muchas, lo que la ayudo a engañar a las personas de su poblado. Aun asi, y a pesar de que su cuerpo no tenía las características curvilíneas que solían delatar a las mujeres, su rostro resulto ser fino y delicado. Reina le había advertido que debía ser cuidadosa, y no debía permitir que las miradas curiosas de los hombres del barco repararan demasiado en los detalles de su apariencia.

Por alguna extraña razon esa noche recordo sus palabras, mirandose en el espejo de agua de una de la cubetas. En su reflejo no veia mas nada mas que un muchacho bien parecido, asi que no entendio le dio mayor importancia a su advertencia.

Para no darle mas vueltas al asunto, la pelinegra realizó su recorrido habitual como parte de su rutina de guardia, al llegar al último tramo de la escalera que conducía a la proa, se detuvo en seco. A la distancia, entre las sombras de las palmeras decorativas del barco, distinguió dos figuras imponentes. Una de ellas era inconfundible: su capitán, Shanks. La otra, con una presencia igualmente intimidante, era "Ese Sujeto", el hombre al que se le había ordenado vigilar. Georgi contuvo el aliento mientras el viento arrastraba fragmentos de su conversación hacia ella. Al escuchar el nombre de Reina, aguzó el oído, y sus sospechas se confirmaron con una revelación inquietante que le heló la sangre.

A su vez, Benn Beckmann salió a la cubierta en busca de aire fresco. El frío era cada vez más intenso, y el estruendo de las olas contra el casco del barco advertía la llegada de una tormenta. Como vicecapitán, no tenía por costumbre preocuparse, pero algo en la fragilidad del joven grumete bajo su cargo lo inquietaba. Los vientos del Nuevo Mundo no eran amables, y un cuerpo tan menudo podía fácilmente desaparecer entre las aguas embravecidas.

Mientras cruzaba la cubierta, Beck notó una sombra oculta en las escaleras que conducían a la proa. Avanzó con sigilo y, para su sorpresa, descubrió a Georgi, aparentemente absorta mientras escuchaba a escondidas. Sus ojos se alzaron hacia el lugar donde Shanks y Olfan discutían sobre Reina. El ceño del vicecapitán se frunció al captar fragmentos de la conversación.

Iba a regañar al grumete, pero en ultimo momento decidio no hacerlo, sin hacer ruido, decidió retirarse, dejando el lugar sin ser detectado. Mas tarde le daria una leccion.

La conversacion duro más de lo pensado. No tenia contexto de la situacion, pero en su mayoria parecian ser reclamos del Ex pirata hacia Akagami. El Capitan no parecia , como si esperaba que "Ese Sujeto" actuara de la manera en que lo hacia. Con la informacion aun en su mente, Georgi decidió regresar apresuradamente al camarote para informar a Reina. Su mente giraba alrededor de la desconcertante revelación sobre la conexión de su señora con alguien tan legendario como el Rey Oscuro. Sin embargo, antes de poder escapar por el pasillo, fue sorprendida por una presencia imponente. Una mano fuerte la alzó con brusquedad, haciendo que sus botas cayeran al suelo con un ruido seco.

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