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En el camarote del imponente Red Force, el sonido de las olas golpeando el casco creaba una sinfonía inquietante que cubria el silencio de ambos amantes. Akagami se mantuvo firme, con una mirada decidida sobre el bello rostro de la sirena que le habia hechizado desde su juventud. Por su parte, Reina forcejeaba en vano, intentando pelear contra la voluntad de un viejo lobo marino.

A pesar de que aun era temprano por la mañana, el camarote solo se mantuvo iluminado por la luz titilante de un par de lámparas de aceite, el camarote estaba oscuro y la luz lanzaba sombras danzantes sobre las paredes de madera. Habia un leve olor a lluvia mezclado con sal marina, sin embargo para la rubia la fragancia se perdia por la cercania del pelirrojo, quien parecia tener el olor del fuerte alcohol tallado en la piel.

—Reina—  Shanks fue el primero en romper el silencio, su voz grave estaba cargada de convicción—. He navegado durante años, buscando a alguien que pudiera llenar el vacío que dejaste en mi vida...— empezo él a abrir su corazon. La observo apretar sus dulces labios, sus ojos violaceos se cristalizaron llenandose de la creciente frustación.

—No digas estupideces— escupio la rubia con una furia contenida—. Sea quien sea, cualquier mujer puede servirte.

A la mente de la rubia llego la imagen de Shanks con aquella Puta rubia de la isla de las Prostitutas. El pelirrojo intuyo sus sombrio pensamientos mientras estrechaba sus ojos escéptico, luego sacudio la cabeza.

—Cariño, creo que anoche no me di a entender lo suficiente. ¿Debería volver a repetirlo?— A pesar de sus palabras llenas de ardientes promesas, podia sentir que aun seguía enojado con ella. Sus labios apenas se habían curviado hacia arriba y sus ojos se mantenían fríos—. Indudablemente, no cualquier mujer me sirve. Lo he sabido todos estos años, e intentado reemplazarte muchas veces... Y creí, como un idiota, que sería suficiente solo si el físico era parecido.

Shanks se inclino hacia delante, para pegar sus labios al cuello de Reina. Ella apartó la mirada hacia la unica ventanilla, su respiracion se detuvo al sentir el pesado aliento del pelirrojo sobre su piel, con el simple toque su mente reaviva los recuerdos de la noche anterior.

》— Merline fue víctima de esa búsqueda y a su vez tu fuiste víctima de su ira.

Los ojos violacios se abrieron de golpe por la sorpresa, había escuchado ese nombre mientras perdía el conocimiento en Dressrosa, era el mismo que Beckmann había gritado durante su batalla con la tripulación de los Piratas Candy. Supuso que en ese momento, que era el nombre de la mujer pirata que la había atacado y despreciado. Ahora sabía a dónde iba dirigido su odio y la razón por la que ambas se parecían.

Y, esa era la explicacion por la que, en su semana de recuperación, Shanks se había disculpado muchas veces con ella. La capitana de los piratas Candys, Merline, había sido su amante favorita y un prometedor reemplazo.

Al reconocer la comprensión en sus ojos, Shanks intento excusar sus malas practicas pero no tuvo el suficiente tiempo para comenzar su chachara barata.

—Capitán...— Shanks se detuvo antes de que sus labios se unieran a los de ella, levantando la cabeza para observar a Beck en la entrada del camarote. El rostro estoico del vicecapitan no cambio ni siquiera cuando se dió cuenta del escenario que estuvo a punto de presenciar. Se aclaró la garganta antes de continuar, ignorando los ojos suplicantes de Reina—. Un barco de la marina está pidiendo acercarse.

—¿Ignoraron la bandera de advertencia?

—Uno de los Marines se acerco en un bote, el Capitan solicita una reunión contigo— en ninguno momento intento entrar en el camarote, sabía que su capitán estaba de mal humor así que no quería echarle más leña al fuego—. Es el G-5. Lucky reconoció al «Cazador blanco» en la cubierta.

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