Sentía el corazón golpearle el pecho con violencia, desbocado por el temor. Aun asi sus facciones estaban entrenadas por los años de supervivencia, se mantuvo lo suficientemente "amigable" como para fingir agrado ante la compañía de su familia. Como era costumbre, los Dominique se esmeraban en ser anfitriones impecables, sin dar ningun motivo público para pensar lo contrario.
Su abuelo, Abel, la tomó del brazo con su mano pesada y áspera, guiándola con firmeza hasta al lugar que le correspondía por el resto de la velada. El contacto le provocó un escalofrío desagradable.
Abel Dominique era un hombre repulsivo, de presencia imponente y alma corroída. Su crueldad no era un secreto entre los muros de la mansión. Había arrinconado a su única hija hasta empujarla al suicidio, después de que esta fuera "mancillada" por un don nadie. Reina fue el fruto de aquel amor prohibido, la hija de una joven Tenryūbito y un pirata célebre de su época. Sus abuelos jamás le revelaron el nombre de su padre, pero se aseguraron de que nunca olvidara la "impureza" de su sangre.
Al ver al invitado de esa noche, Reina se irguió con elegancia forzada. Su rostro se tensó por un instante, pero enseguida dibujó una sonrisa leve, casi mecánica. Era hora de desempeñar su papel.
—Es un placer conocerlo, mi lord —saludó con cortesía impecable, con la voz tan pulida como el cristal.
Reina hizo una reverencia impecable, bajando más de lo necesario para que su escote no pasará desapercibido. El movimiento fue sutil, pero suficiente para captar la atención del visitante. Lord Gustav apenas esbozó una sonrisa. Aunque su aspecto era el de un anciano encorvado por los años, en realidad era nueve años menor que ella.
Según lo que Bertha le había confiado antes de salir de su dormitorio, si la alianza se concretaba, los Dominique esperaban recibir una generosa parte de la fortuna de los Gustav, incluyendo una elegante mansión cerca del Castillo de Pangea. Ese era el verdadero objetivo de sus abuelos: una transacción disfrazada de unión. A cambio, los Gustav obtendrían el derecho de usar el título de “Santo” a su conveniencia, resolviendo así la disputa con la familia de su difunto esposo.
—He venido a hablar con su abuelo —dijo Gustav con tono seco, apenas inclinando la cabeza hacia Reina antes de apartar la mirada. Su presencia fue desplazada con la misma indiferencia con la que se ignora una estatua decorativa—. Creí que cenaríamos en privado… sin la… sin Lady Dominique.
Abel sonrió con la serenidad que solo los hombres peligrosos sabian fingir. Con un gesto amplio, condujo a su invitado hacia el gran salón de banquetes. El espacio estaba diseñado para impresionar: columnas de mármol, cortinas de terciopelo, y un techo pintado a mano que era la joya del lugar.
La obra era monumental. Narraba la historia de los reinos, desde sus guerras fundacionales hasta la glorificación de los Tenryūbitos como herederos legítimos de aquellas tierras majestuosas. Reina alzó la vista, como lo hacía cada vez que entraba allí, y se dejó envolver por la imagen central: figuras de piel morena, ojos rojos como la sangre, cabellos plateados como la luna. Criaturas con alas negras espesas, envueltas en llamas que brotaban de sus espaldas. No había visto nada parecido en el Nuevo Mundo. Ninguna tribu con esa apariencia. Era una fantasía imperial, una mitología construida para justificar la supremacía.
Y ella, atrapada entre esas paredes, sintio que tambien era parte del decorado.
—Es un bonito salón —comentó Lord Gustav, sin apartar la mirada del techo pintado—. Esas criaturas… ¿Son las que llaman Lunarias?
Por un instante, Reina se sorprendió. No muchos sabían identificar a las figuras de la pintura.
—Vaya, es la primera vez que alguien acierta la tribu a la que pertenecen esas bestias —respondió Abel con una risa seca, más teatral que sincera.
ESTÁS LEYENDO
Wanted
FanfictionLady Dominique está ansiosa por iniciar su viaje al Nuevo Mundo, era la primera vez que viajaba fuera de la ruta de la nobleza y estaba emocionada por ello. Al menos todo estaba saliendo bien, hasta que divisaron una bandera pirata a la lejanía. Aka...
