"¿De dónde nace un villano? Algunos aseguran que la maldad se reconoce desde el primer aliento, otros que es un legado oscuro que se hereda como una marca imposible de borrar. Tarde o temprano, esa sombra busca a su portador, lo consume o lo obliga...
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2 de noviembre- Dia de muertos -Hacienda del charro negro
Son las cuatro de la mañana en Puebla de los Ángeles, y ha llegado el momento de que mis empleados y yo crucemos al mundo de los vivos. Algunos tienen asuntos pendientes por resolver, mientras que otros aprovecharán para pasear o visitar a sus familias todavía vivas. Por ahora, todos esperamos a que Yoltzin termine de preparar los alimentos que serán repartidos antes del viaje.
Desde mi habitación, aguardo en silencio, sumida en mis pensamientos, cuando de repente alguien toca a mi puerta.
—¿Quién es?
—Disculpe, señorita, pero ya estamos listos para partir. -Se escucha su voz detrás de la puerta
— Bien, ahora salgo. Espérenme en la entrada de la hacienda, iré con ustedes.
—Sí, señorita. - Se retira. -
Es hora de reunirme con el antiguo charro en Puebla para saber qué ha descubierto sobre Leo en estas dos semanas de vigilancia. Al final, siguió mi consejo y ahora vive en la hacienda con nosotros, aunque ya no ocupa el cargo de charro. Sin embargo, si lo necesito, aún puedo enviarle a cobrar un trato mientras yo manejo otros asuntos.
Me puse el sombrero y, antes de salir, me detuve frente al espejo. Mi reflejo me observaba con la misma intensidad con la que yo lo miraba, como si buscara respuestas en mí misma. Luego, sin más demora, emprendí el camino hacia la entrada de la hacienda.
Al llegar a la entrada de la hacienda, veo a todos reunidos, expectantes por el viaje. Sin perder tiempo, llamo a mi fiel caballo, Axel, para que venga a mí. Mientras espero su llegada, me acerco a mis empleados.
—Sé que llevamos poco tiempo conociéndonos, pero estoy segura de que construiremos una buena relación durante los años que me quedan como el Charro Negro, hasta que llegue el momento de elegir un sucesor. Mientras tanto, haré mi mejor esfuerzo por ser mejor con ustedes, porque al final, somos lo único que tenemos. Este es apenas el primero de muchos 2 de noviembre en los que visitaremos a nuestras familias y amigos aún vivos, recordaremos los lugares donde solíamos vivir y honraremos nuestra historia. No olviden regresar al punto de encuentro antes de las 12 AM de mañana; desde ahí, volveremos juntos a la hacienda. Que tengan un buen Día de Muertos.
Con estas palabras, me subí sobre Axel y silbé, abriendo el portal para nuestro viaje. En un instante, cruzamos y aparecimos en la entrada de Puebla. La oscuridad aún cubría las calles, por lo que no había riesgo de que alguien nos viera. Lo primero que distinguí fue el letrero: Puebla de los Ángeles.
Después de indicar a todos la hora y el lugar de encuentro para nuestro regreso, me encaminé hacia una laguna oculta entre el bosque que rodea el pueblo. Era demasiado temprano para visitar a los Sanjuan, aunque, a estas alturas, seguramente ya estarían despiertos, horneando el pan.