"¿De dónde nace un villano? Algunos aseguran que la maldad se reconoce desde el primer aliento, otros que es un legado oscuro que se hereda como una marca imposible de borrar. Tarde o temprano, esa sombra busca a su portador, lo consume o lo obliga...
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—No lo entiendo... ¿Cómo pudiste conocerme? Nunca te había visto antes del encuentro en este lugar cuando era más joven. Aunque, ahora que lo mencionas... recuerdo aquella vez que te seguí cuando me perdí en la plaza. -Sonríe ligeramente, con un aire de nostalgia.
—Tu abuela era una mujer de origen mestizo, amiga cercana de la familia Villavicencio, en especial de Teodora Villavicencio. En su tiempo, tu abuelo y el señor López hicieron un trato conmigo para asegurar el éxito de su negocio en estas tierras. Me invocaron, y como precio por el favor, ofrecieron pagar su deuda con el alma de quien rompiera el pacto. Acepté el trato, pero les advertí: el día en que la codicia cegara a alguno y traicionara a otro... regresaría para reclamar lo que me pertenece. Mi pequeña luna... en ese entonces eras demasiado joven para comprenderlo. Pero yo te conocí mucho antes de ese día. Eras solo una bebé, una criatura hermosa y llena de luz... y supe, desde el instante en que te vi, que tu destino sería grande.
—Pero ¿qué tiene que ver mi abuela en todo esto?
—Todo. Su historia es el núcleo de los secretos que te rodean. Tu abuelo se enamoró perdidamente de tu abuela. A pesar de que ella era cinco años menor, no le importó y fue a pedir su mano al padre de ella. Pero tu abuela no tenía intención alguna de casarse... hasta que el destino se selló con un pacto.
—Tu abuelo y el señor López hicieron un trato conmigo. Querían prosperidad, riqueza, éxito en estas tierras, y yo se los di. A cambio, me juraron que, si la codicia los cegaba y uno traicionaba al otro, yo regresaría para reclamar su alma. Cuando el negocio comenzó a florecer y tu abuelo acumuló fortuna, la familia de tu abuela no dudó en entregarla como esposa. Al enterarse de la boda arreglada, intentó huir un mes antes, pero no lo logró. En su desesperación, me invocó. Me ofreció un trato aún más tentador: si no podía pagarme la deuda, me daría a su primogénito. Si era hombre, heredaría mi legado. Si era mujer... se uniría a mí para darme descendencia. Pero algo cambió en el destino. Intenté ayudarla... pero terminé cautivado por otra mujer. Me enamoré de la amiga de tu abuela, Toñita. Y así, rompí el trato. Liberé a tu abuela de su deuda... pero no imaginaba las consecuencias de mi decisión. Tu abuela me suplicó que la llevara conmigo, que la liberara de su destino impuesto. Nunca entendí su desesperación... hasta que descubrí que se había enamorado de mí, en secreto, mientras la ayudaba a escapar de su matrimonio. Pero yo no podía corresponderle. Mi corazón ya pertenecía a Toñita. Una noche, la busqué... solo para descubrir que estaba comprometida con Eliseo Sanjuan. La rabia me consumió. Tu abuela vio en mi dolor una esperanza. Me pidió que me quedara con ella, que nos pertenecíamos el uno al otro. Pero yo... yo solo anhelaba a la mujer que nunca fue mía. El día de la boda de tu abuela, ella lloró desconsolada y me suplicó una vez más que me la llevara. Pero sabía que jamás podría quererla como amaba a Toñita. La noche antes, me invocó... me dijo que Toñita se casaría, que ya nada nos separaba, que podíamos estar juntos. Pero yo seguía aferrado a una fantasía. Toñita era mi obsesión, y no entendía por qué. Cuando tu abuela se casó, Toñita empezó a planificar su boda. Mi corazón, que aún latía, se quebró en mil pedazos. Y en ese instante, mi maldad se multiplicó. Intenté conquistarla, pero fue inútil. La perdí... para siempre. Cuando ambas se casaron, los meses pasaron y, pronto, ambas esperaban un hijo. Fue entonces cuando descubrí un nuevo secreto: Toñita había escapado de la Nahualá... Desde ese día, quedó atrapada entre dos mundos. Mi obsesión por ella solo creció.
— Pero ¿qué pasó con lo de la Nahualá? Ahí estaba doña Toñita cuando era joven, ¿no?
—Sí... Aquella noche, la vieja casona estaba iluminada por una cena importante. Pero mientras los invitados celebraban, una amenaza acechaba desde las sombras. Un Nahual poderoso rondaba la casa de los Villavicencio, esperando el momento perfecto para atacar. Tu abuelo no estuvo allí. Tampoco tu abuela... porque, justo ese día, él había ido a pedir su mano en matrimonio. Fue esa decisión la que los salvó de compartir el destino de los demás. No pudieron vencer al Nahual. No estaban ahí cuando ocurrió. Pero, con el tiempo, tu abuela y doña Toñita descubrieron el oscuro trato de que tu abuelo había hecho con Don López... y conmigo.
— Eso explica muchas cosas...
El amanecer pinta el cielo con tonos dorados mientras los trabajadores del pueblo comienzan su jornada.
— Ven, hermosa, vamos a ver cómo se encuentra la gente en este Día de Muertos.
— ¿Sabes? Eres más una figura paterna para mí que el hombre que alguna vez llame padre. De todo lo malo, esto es lo único bueno que salió de todo esto. -Se acerca y lo abraza con fuerza.
—También eres alguien muy especial para mí, mi sol y mi luna. Te quiero como si fueras mi hija. -Le devuelve el abrazo, con una mirada cargada de nostalgia. - Pero estar en el mundo de los vivos te está volviendo más sensible... -ríe suavemente, intentando aliviar la tensión.
—Bien, me adelantaré al pueblo. Te veo más tarde para la comida.
Se aleja montada en su caballo, galopando hacia el pueblo, con el firme propósito de completar su plan.
— Eres tan hermosa, mi niña... -Observa cómo Mariam se aleja, con un brillo de incertidumbre en los ojos. - Espero que, cuando descubras toda la verdad, no me rechaces... como tu padre me rechazó a mí.
Ese era su gran secreto el origen de su poder y por más que intente ocultarlo no puede negar lo que la sangre llama porque por más que se desvié de su rumbo siempre encontrara la forma de buscar continuar con su destino sin interrupciones
Y para el desgraciadamente el tiempo se le escapó de las manos.
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