MARIAM
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Al día siguiente de mi encuentro con la Gitana y la hija de Rupertino, recorrí la región, aprovechando el tiempo para cerrar algunos acuerdos y cobrar dos deudas pendientes. Dos pobres ingenuos creyeron que podían esconderse de mí... nada más divertido que ver cómo sus rostros de ambición se desmoronan en puro terror.
Después de eso, regresé a casa. Tenía asuntos que atender antes de mi siguiente salida, pero primero debía ocuparme de un asunto más importante.
Llegué a la Hacienda y me dirigí directamente al lugar donde estaban los chicos. Era hora de hablar. Las catacumbas subterráneas esperaban, y en ellas, un grupo que había intentado escapar. Veamos cuánto tiempo me toma quebrantar su frágil resistencia.
Mariam observó a los prisioneros con una sonrisa fría.
> Vaya, qué compañerismo veo entre ustedes. Me impresiona... Todos son iguales: grandes traidores jugando a ser héroes. Algunos más que otros.
> ¡Sácanos de aquí! Te pregunto... ¿Dónde está mi hermano? -Su voz cargada de furia y desesperación.
> ¿Qué pasa? ¿Estás preocupado por él?
> Te exijo que nos digas dónde está mi Nandito, y que nos saques de aquí. ¡Ni siquiera me llega la señal!
> No te entendí nada. -Ríe con desinterés. - Pero no saldrán de aquí... al menos, no todavía. De hecho, vine a dejarle un regalo a Leo. Ya sabes, porque lo quiero tanto. -Su sonrisa se ensancha con burla.
> ¿Un regalo? ¡Qué padre! ¿Qué es? -Por un instante, Alebrije su ingenuidad lo hace olvidar la tensión.
> Toma. -Extiende un paliacate naranja y lo coloca en las manos de Leo. - Tal vez te resulte familiar... Espero que te guste.
> Esto es de Nando... ¿de dónde lo sacaste? ¡Devuélveme a mi hermano, ahora! -Su voz quebrada por la desesperación.
> Ya me cansé. Me voy. Nos vemos. -Sin darle mayor importancia, gira sobre sus pasos y se marcha.
Mientras subía, los gritos de Leo resonaban detrás de mí, exigiendo respuestas sobre Nando. Pero ya no tenía interés en darle explicaciones.
Al llegar a la Hacienda, Rosendo apareció escoltando a dos figuras que no esperaba ver tan pronto: Beatriz y la Gitana.
> Señora, descubrimos a estas personas rondando la Hacienda. ¿Qué hago con ellas?
> Ponlas con los demás, Rosendo
> ¡Alto! ¡No nos aten! Te exijo que nos sueltes. -Su furia era evidente, pero su voz no tenía peso ante Mariam.
> No creo que estés en posición de exigir nada. -Sonríe con superioridad. - Rosendo, llévatelas.
Luego de asegurarme de que todos estaban donde debían, supe que el plan podía comenzar. Pero antes, había una duda que necesitaba resolver.
Ya en la sala de la Hacienda, me encontré con Rousseau. Se puede decir que es el mayordomo, el encargado de mantener el orden dentro de la casa.
> Rousseau, dile al Señor que lo quiero ver en mi cuarto. Es muy urgente.
> Sí, señora. -Responde con una ligera reverencia antes de retirarse.
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La leyenda de Mariam
Fanfiction"¿De dónde nace un villano? Algunos aseguran que la maldad se reconoce desde el primer aliento, otros que es un legado oscuro que se hereda como una marca imposible de borrar. Tarde o temprano, esa sombra busca a su portador, lo consume o lo obliga...
