Cap.32

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LEO SANJUAN

La verdad, esto ya no me está gustando

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La verdad, esto ya no me está gustando. Llevo caminando lo que para mí parecen círculos, sin rumbo, sin señales, sin encontrar a mi hermano ni a ninguno de mis amigos. Me pregunto si ellos ya lograron reunirse... o si ya salieron de este maldito lugar. Y yo, como un trapo olvidado, sigo atrapado aquí.

Solo quiero estar en casa, junto a mi hermano. Quiero arrancarme este dolor que se clava en mi pecho, este peso que me recuerda la pérdida de mis padres... y de mi abuela. Espero que todos podamos salir de aquí. Que podamos dejar atrás este infierno y no volver jamás.

Empiezo a pensar que desafiar a Mariam fue una estupidez. Aunque sé que no es solo ella. Hay algo más... algo oscuro que la manipula. No entiendo por qué. Si quisiera acabar con nosotros, podría hacerlo sin esfuerzo. Quitarnos el alma, dejarnos agonizar. Pero no. Parece que disfruta este juego. Un tira y afloja con mi paciencia. Y cada vez que la veo sonreír con esa satisfacción, solo quiero borrarle esa maldita expresión de la cara.

Lo que no entiendo... es a mi propio cuerpo. Reacciona a ella. Me impulsa a desafiarla antes de que mi mente pueda detenerme. Como si algo dentro de mí quisiera verla sometida. Como si necesitara saber que tengo el control. Que ella no puede domarme. 

Vuelvo a la realidad cuando siento una mirada clavada en mi espalda. Es intensa, persistente... como si alguien me hubiera estado observando desde hace rato. Tal vez desde el momento en que me perdí en mis pensamientos.

Pero no puedo rendirme. Tengo que seguir caminando, salir de aquí, encontrar a mis amigos y descubrir qué está pasando. Porque esto que crece dentro de mí no es normal. Y sé que la única persona que tiene respuestas... es justo la que menos quiero ver.

— Mariam-susurra 

Si no logro cambiar lo que siento, voy a caer directo en sus manos. Y todos estos años evitándola habrán sido en vano.

Me dirijo por el camino que creo más seguro, aunque la sensación de esa mirada sigue pegada a mi nuca. Pero lo que realmente me hiela la sangre es el susurro que llega a mis oídos.

—Te atrapé. Ahora tú las traes —dice, y se ríe suavemente.

Esa voz... la conozco. Es ella.

Y si está aquí... estoy arruinado.

Y por más que quise seguir mi camino como si nada, ignorarla como tantas veces antes... mi boca volvió a traicionarme.

—Mariam, sal. Sé que estás aquí. Puedo sentirte —dije, girándome hacia la dirección de esa mirada que quemaba mi espalda.

—Me descubriste —respondió ella con una voz juguetona, casi burlona.

—¿Qué es lo que quieres? Déjame en paz.

—¿Dejarte en paz? Pero si fuiste tú quien me llamó. Lo escuché muy claro... dijiste mi nombre, Leo. Mariam.

Desde la oscuridad emergió ella. Mariam. Pero esta vez no llevaba su característico traje de charro. Era solo ella, vestida con una tela negra, casi transparente, que contrastaba con su piel blanca como la luna. Sus ojos, antes azules, ahora tenían toques rojos que no recordaba. Su cabello estaba recogido en una coleta de lado, dejando caer sus ondas con una elegancia inquietante.

La leyenda de MariamHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora