capitulo 39

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 LEO SANJUAN

Esa alucinación fue tan intensa que aún dudaba si Mariam no estaba jugando con su mente; más que un juego, parecía un recuerdo vívido, como si perteneciera a él desde hacía años

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Esa alucinación fue tan intensa que aún dudaba si Mariam no estaba jugando con su mente; más que un juego, parecía un recuerdo vívido, como si perteneciera a él desde hacía años. Fuera real o no, aquello era lo que Mariam había vivido: una existencia desdichada, tal como la vio en su mente.

¿Cómo pudo una chica tan dulce y hermosa, la misma del recuerdo, convertirse en una tirana dispuesta a todo para obtener lo que quería? Era igual de sanguinaria que la imagen que él había visto de sí mismo en el espejo, o quizá incluso peor. Sin quererlo, su pensamiento derivó hacia recuerdos propios: la vio joven, la envidia del pueblo, corriendo con su vestido y su canasta hacia el mercado para comprar lo necesario. Aquella imagen de inocencia contrastaba con la mujer fría y llena de odio en la que se había transformado.

¿En qué momento él dejó de ser consciente y dejo que el tiempo tomara a esa niña para moldearla en el monstruo que era ahora, sin piedad, colmado de rencor? Ella ya no se parecía ni a su propia sombra de años atrás. El daño que él causó fue tan profundo que su ausencia se volvió vital para ella; su partida fue el detonante que la empujó a tramar un plan para traerlo de vuelta.

Creyó entonces que su destino era destruirla. Todos los caminos que tomaran parecían conducir al mismo final: él convertido en el charro, ella reducida a un sirviente más entre los suyos. En esta vida, sus decisiones lo llevarían a la esclavitud que había visto en la visión del espejo. Tal como Mariam se había doblegado ante él para sobrevivir, él sería capaz de hacer lo mismo sin importarle nada más. Si así fuera, su destino y el de Mariam se habrían entrelazado hasta volverse indistinguibles.

—¡Leo, mira! Esos son nuestros amigos, al fin podremos irnos todos de este lugar. ¡Chicos, por aquí! -dijo Xochitl

 Sintió alivio, pero al mismo tiempo un dolor en el corazón. ¿Cómo mirarlos a los ojos y decirles que ya no quería detener a Mariam? Lo mejor sería suplicar piedad y seguir con sus vidas como si nada. Se había rendido; ya no tenía fuerzas para pelear.

—Chicos, ¡qué bien que logramos encontrarlos! Es mejor estar acompañados... pero ¿dónde están los demás?

 Al reunirse, notó que faltaban algunos, incluido su hermano

—¿Y los demás? Faltan Teodora, Rupertino... y Nando. - Eva mirando alrededor, inquieta

—Tuve miedo de que ella te hiciera algo. Me asusté cuando desapareciste junto con Teodora. - Chimo corriendo hacia su hermana, la abraza con fuerza

—¿Y Teodora y Nando? ¿Estarán juntos? - Xochitl con voz temblorosa

—No lo sé... solo sé que Mariam me dijo que uno de nosotros murió por culpa de alguien de aquí. Me pregunto quién será... alguien que no está presente. -Alebrije dijo bajando la mirada

 —¡Si se encontraron con esa mujer malvada, no os preocupéis! Yo os salvaré. - Don Andrés alzaba su espada con valentía

—Bájale dos rayas a tu emoción. Debemos buscar la forma de salir de aquí, encontrar un camino seguro. -Leo lo reprendió con firmeza

La leyenda de MariamHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora