"¿De dónde nace un villano? Algunos aseguran que la maldad se reconoce desde el primer aliento, otros que es un legado oscuro que se hereda como una marca imposible de borrar. Tarde o temprano, esa sombra busca a su portador, lo consume o lo obliga...
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Hay dos verdades que han quedado marcadas en mi vida desde el momento en que tomé este papel. La primera, y la más crucial, es que mi camino me forjó. Cada decisión tomada por otros y cada elección que hice por mí misma han construido lo que soy ahora.
Me moldearon y me transformaron en una mujer que, en su momento, veía el mundo como un paisaje de pastelillos y arcoíris. Pero la ignorancia es una niebla dulce que oculta la verdadera naturaleza del mundo, y cuando esa niebla se disipó, pude ver con claridad las atrocidades que el ser humano es capaz de cometer, siempre con la excusa del bien común.
Vi cómo la inocencia de niñas era arrancada por sus propios padres al venderlas en matrimonio antes de tiempo, cómo se forzaban uniones sin amor solo para fortalecer apellidos y expandir el poder sin importar la felicidad de los desdichados. Mi propio camino estuvo marcado por una desgracia similar: el espejismo de un amor unilateral, construido sobre la convivencia y destruido sin miramientos cuando aquella persona solo pensó en sí misma, dejando atrás un corazón abandonado.
Cuando este corazón, fragmentado hasta lo irreparable, dejó de latir por amor, la oscuridad se presentó con su oferta. No solo me prometió redención, sino también una familia, un lugar donde jamás volvería a ser destruida. Me garantizó una posición, una fortaleza inquebrantable, a cambio de favores que, poco a poco, me hicieron partícipe de aquello que alguna vez desprecié.
Su justificación siempre fue la misma: castigaba a los codiciosos, a aquellos que deseaban más de lo que merecían. Pero en su cruzada, su esencia se desvaneció, consumida hasta no dejar más que un alma vengativa.
Lo lograré. Estoy a un solo paso de cumplir mi venganza. Horas me separan de mi destino y nadie—nadie—podrá detenerme. No habrá ojos que se alcen contra mí, porque esto es mío y de nadie más. Mi destino es solo mío, y en apenas unas horas veré cumplido mi sueño. Yo gobierno el mundo de las tinieblas. Yo soy el principio y el final.
Yo soy Mariam Daria Ascencio de la Torre. Mi nombre no es un accidente, ni una simple herencia. Fue elegido para la grandeza.
Mi primer nombre proviene de la historia de una mujer cuyo poder trascendió el tiempo. Mis padres se inspiraron en una de las sultanas más recordadas, aquella cuyo nombre representaba tanto el sol como la luna. No solo era bella, sino astuta, influyente y económicamente estable, capaz de sostener un imperio con su inteligencia. Mis padres sabían que mi destino no sería común. Desde el principio, fui marcada para la grandeza, para caminar por el sendero dorado que yo misma forjé.
Mi segundo nombre, Daria, significa riqueza, y eso es precisamente lo que poseo. No es por alarde, pero la vida me ha dado más de lo que muchos pueden siquiera imaginar. Todo lo que desean, pueden pedirlo de mí. Claro, a cambio de un pequeño sacrificio. Porque nada en la vida es gratis... siempre hay un precio que pagar.