cap. 45(Reescrito)

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CAPITULO FINAL


Hace mucho tiempo se creó una villana

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Hace mucho tiempo se creó una villana. Pero ¿quién será esa villana? Un caramelo de fresa gotea de su boca, rojo como la sangre, brillante como un rubí, como si fuera su última cena.

Todos sabían que ella no creía en fantasmas, pero todo cambió cuando su vida se vio envuelta en ese mundo. Aprendió a no dejar que la gente se le acercara, se convirtió en alguien buena en dejarlos ir.

Ahora su recompensa es inmensa por eso. Siempre la desechable, la poco amada... algo difícil de entender para una niña de diez años que se preguntaba: "¿Por qué no me aman?". Ellos construyeron a esta villana, y ahora se preguntan: "¿Cuándo terminará esta loca historia?". No lo saben. Terminará solo si el villano muere. Podría ser fácil para ellos: disparar y acabarla. Pero yo soy la protagonista de esta historia. Nunca moriré. Incluso si eso significa que ellos tendrán un final triste.

Por mucho tiempo me sentí un personaje secundario, pero ahora soy la protagonista de mi propia historia. Para ellos la villana del cuento soy yo. Los odio. Ellos arruinaron todo. Supongo que de aquí los únicos "buenos" son ellos. Pero los buenos no siempre se llevan la gloria. No ven claramente las señales de advertencia.

Me iré al infierno, pero no me iré sola. Mis jugadas van a cambiar el desenlace de esta historia. Todo porque el la amaba a ella. ¿No lo ven? Ella siempre me lastimaba con su constante presencia en la vida de Leo. Ahora la tengo de rodillas suplicando perdon.

Xóchitl se giró. -¡No!

Intentó atacarla. Mariam levantó una mano. Xóchitl salió despedida y cayó contra las escaleras de la iglesia.

-¡Xóchitl! -gritó Chimo.

Mariam caminó lentamente hacia ellos. Los tacones de sus botas resonaban en el suelo, cada paso un presagio. Sus uñas dejaban un rastro de rayones en la pared, y la sangre goteaba por un costado. Se acercó a Xóchitl, que seguía en la entrada de la iglesia, adolorida por la caída, con sus poderes bloqueados, indefensa, sin nada para detenerla.

Don Andrés levantó su espada. -¡Volverás al infierno, monstruo! -gritó, corriendo hacia ella con la espada en alto.

Mariam ni se inmutó. Alzó la mano y el tiempo se detuvo.

Mariam sostuvo la quijada de Xóchitl, sus uñas negras marcando la piel como venas de sombra sobre porcelana fría. La miró a los ojos y sonrió. -Eso es lo que más admiro de ustedes.

-¿Qué...? -balbuceó Xóchitl, herida.

-Su esperanza. -Mariam apretó más fuerte-. Pero es exactamente lo que voy a destruir.

El tiempo volvió a correr. Don Andrés apareció frente a ella y la atravesó con su espada. Mariam lo miró con calma. -¿Lo ven? Ya nada puede tocarme.

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⏰ Última actualización: 4 days ago ⏰

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