"¿De dónde nace un villano? Algunos aseguran que la maldad se reconoce desde el primer aliento, otros que es un legado oscuro que se hereda como una marca imposible de borrar. Tarde o temprano, esa sombra busca a su portador, lo consume o lo obliga...
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Toda mi vida me sentí invisible, como si mi valor se midiera por mi silencio. Callar, obedecer y caminar un paso detrás eran las reglas no escritas que me enseñaron a seguir. Si no hubiera sido por Leo, quizá habría permanecido en esa sombra; con él, sin embargo, algo en mí despertó. Sus ojos encendían una necesidad que no entendía: me doblegaban, me cegaban, y por primera vez estuve dispuesta a rendirme ante un hombre, no por sumisión, sino por una atracción que me consumía.
Cuando me quedé sola, la fantasía que mis abuelos me vendieron se volvió mi obsesión. Me contaron un amor puro, un hogar feliz destruido por la ambición de un hombre sin corazón. Creí en esa historia porque era lo que me dieron; más tarde descubrí que era apenas la superficie de una mentira que mi propia abuela tejió para proteger algo peor.
El espejo no miente. Una noche, frente a su superficie fría, vi más que mi reflejo: vi escenas que no eran mías, rostros que se desvanecían y la mano de mi abuelo moviéndose como la de un titiritero. Me mostró la verdad que nadie se atrevió a decirme: él fue quien orquestó la caída de mi familia. Vi el momento en que la ambición se convirtió en violencia, y cómo mi padre fue sacrificado para sellar una mentira.
Esa visión me dio dos certezas: que mi abuela había mentido para salvar una reputación, y que mi abuelo me había usado tanto como yo ahora planeaba usar a otros. El espejo me mostró también el destino que me habría tocado si me hubiera sometido por completo a Leo: una vida de servidumbre envuelta en apariencias. Desde entonces, la idea de venganza dejó de ser un susurro y se volvió un plan con nombre y forma.
No busco solo venganza; quiero reescribir el legado. Ejecutaré el plan original de mi abuelo, pero con mi sello: más frío, más preciso, sin la hipocresía que lo cubrió todo. Sé que él también fue responsable de muertes que aún no se han pagado. Sé que él mató. El espejo me lo mostró. Ahora debo convertir esa verdad en poder.
Mi estrategia es simple y letal: desestabilizar al grupo, sembrar desconfianza, usar a una de ellas como instrumento. Mi siguiente víctima es perfecta: vulnerable, deseosa de pertenecer, con secretos que puedo explotar. La guiaré con palabras suaves, con gestos que parezcan casuales, hasta que ella misma abra la puerta que yo necesito.
La manipulación comenzará con una grieta pequeña: una confidencia sembrada en el momento justo, una duda inoculada en una conversación privada. Luego vendrá la prueba que la haga actuar, y cuando lo haga, creerá que fue su decisión. Así, sin mancharme las manos públicamente, desataré la primera caída.
—Vaya, vaya, vaya. Mira lo que trajo el viento: nada menos que don Comedias —apareció detrás de él con una sonrisa afilada.
—¡Aaaaah! —retrocedió, haciendo la señal de la cruz—. ¡Se me apareció el Chamuco!
—Qué gracioso —dije, sin humor—. En mi tierra eso no funciona como en el mundo de los vivos.
—¡Ushale, vete de aquí! —se alejó, nervioso—. No tienes nada que hacer aquí.
—Yo fui como tú —continué, bajando la voz—: aguanté, callé, fui la niña buena que todos esperaban. Creí que así alguien me querría. Me condenó a ser invisible.
—No oigo, no oigo, soy de palo, tengo orejas de pescado —canturreó, tapándose los oídos—. ¡Bruja egoísta!
—Resiste cuanto quieras —sonreí con frialdad—. Disimula que no te sientes solo. Yo fingí felicidad, hice bromas para que no vieran lo rota que estaba. Contigo sería uno más en la lista de trastornados.
—Un trastornado más —murmuró, sin saber que ya formaba parte de mi juego.
En ese intercambio sembré la semilla: una frase, una mirada, una duda. Lo que para él fue un insulto, para mí fue la llave.
La oscuridad ya no es solo un refugio; es mi herramienta. Cada acto me fortalece, cada secreto descubierto me acerca al objetivo. Solo necesito un último empujón para desestabilizar al grupo y encaminar a mi víctima hacia la acción que detonará todo. Después, vendrá la expansión: demostraré que una mujer puede sembrar la maldad con la misma eficacia que cualquier hombre, y que mi legado no será una mentira sino una conquista.
—Si quieres, dime si esta historia te suena —dije, dejando que cada palabra cayera como un golpe—: un idiota con delirios de grandeza, una mimada, otra que se victimiza por todo y nada, el que se cree héroe invencible, tú el bromista ignorado y, para rematar, dos mentirosos que se creen más listos que yo y uno muerto. Tres ya recibieron su merecido. ¿Quién sigue?
El silencio se tensó. Sus manos temblaron al recordar al ausente.
—¡Muerto! ¿Qué hiciste, Mariam? ¿A quién mataste? —gritó, la voz rota por el pánico.
—No tengo por qué decírtelo —respondí con frialdad—. ¿Dónde estaría la diversión si te arruinara la sorpresa?
—Más te vale que todos mis amigos estén vivos —replicó, intentando imponer calma.
—¿Tus amigos? —exhalé con desprecio—. ¿Los que te ignoran siempre? ¿O acaso tienes más amigos de los que trajiste? Si Leo se hubiera hecho a un lado, nada de esto habría pasado.
—¡Mentiras! Fuiste tú la que insistió a Leo en buscar a Nando y nos metiste en este mundo —me acusó, señalándome como si eso borrara su culpa.
—Nando tenía una deuda que pagar —dije, clavándole la mirada—. Una deuda que, te recuerdo, tu propio amigo condenó. Yo no inventé la culpa; solo cobré lo que ya estaba pendiente. Puedes criticarme todo lo que quieras, Alebrije, pero yo solo muestro la verdadera cara de las personas y castigo a los codiciosos. No soy la villana del cuento; ellos se acercaron solos al matadero y yo fui su verdugo. La cuerda se la ataron ellos mismos.
Hice una pausa, midiendo el efecto de mis palabras.
—Si fuera al revés, él sería más sanguinario y ustedes terminarían peor. Yo les doy tiempo para irse y se empeñan en seguir a Leo, cuando lo único que a él le importa es recuperar lo que su ex prometida le quitó por idiota.
Sus ojos buscaron una salida. Quise que sintiera la incomodidad de la verdad.
—Ahora dime, Alebrije —continué, bajando la voz hasta convertirla en cuchillo—. ¿Qué ocultas tras esa sonrisa? Eres igual de trastornado por dentro que yo. Lo que para ti es broma es una máscara. Mientras hablas, yo ya vi tu reflejo en el espejo: las decisiones que te habrían consumido, las manos que apretaron el gatillo, las promesas rotas. Todo eso me dio la certeza de que mi plan debe seguir adelante.
—Resiste cuanto quieras —añadí con una sonrisa helada—. Disimula que no te sientes solo. -desaparece_
—Un trastornado más —murmuró él, sin comprender que ya formaba parte del tablero.
el siguió su camino sin escuchar la última palabra de ella
-Y me parece que tu fuiste el que no sabe que acaba de caer -dice Mariam mientras él se aleja
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uuuuuhhhhh hola regrese y espero seguir actualizando más seguido en fin nos leemos luego