Cap.33

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MARIAM 

¿No les irrita esa gente que se finge fuerte frente al mundo, pero por dentro no es más que un manojo de miedo y cobardía?

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¿No les irrita esa gente que se finge fuerte frente al mundo, pero por dentro no es más que un manojo de miedo y cobardía?

A mí no me encantan, pero me fascinan. Son tan fáciles de manipular... basta con jugar un poco con su mente, chasquear los dedos, y listo: víctimas perfectas. Me deleita ver cómo se enfrentan a sus peores temores, cómo se quiebran. Y aunque me gustaría quedarme a contemplar cómo mi última presa se va corrompiendo poco a poco, no puedo permitirme ese lujo.

Solo me detengo un instante. Lo suficiente para ver a Xóchitl retorcerse en el suelo, atrapada en sus propias visiones. Lo que imagina la consume. Y ese sufrimiento... es dulce. Me encanta.

Sin más, me dirijo a la Hacienda. No puedo seguir descuidando mi trabajo, aunque atormentar a los amigos de Leo sea, sin duda, el pasatiempo más entretenido que he tenido en semanas.

Al salir al exterior, noto que la mañana ya está por desvanecerse. Me dirijo al cuarto de las botellas con las almas. Sé que mi abuelo, el antiguo charro, está allí. También necesito recuperar mi cristal.

—¿Está listo ya el cristal? —pregunto al entrar en el cuarto.

—Sí, ya terminó de unirse. Además, cerré un trato aquí —responde sin levantar la vista.

—De acuerdo, gracias —digo mientras él alza la mirada.

—Pero mira nada más... ya veo que has dejado de lado tu humanidad, mi Luna —dice, observando mis ojos—. Poco a poco, el rojo se mezcla con el azul de tu iris. Eso significa que estás completamente decidida a seguir con el juego de la feria.

—El juego de la feria fue solo un aperitivo. Este es el verdadero juego, el macabro, el que planeé desde el principio. Debo agradecerle a Leo por ser tan fácil de manipular. Me facilitó todo: las piezas cayeron solas en su lugar. No puede negarlo... el destino también empieza a llamarlo. Y ese cuadro lo demuestra: ya no es el mismo que cuando llegué. Está cambiando.

—Bien dicho, mi Luna —susurra el abuelo, con una reverencia que no necesita inclinarse.

—Y ahora... el toque final —murmura Mariam, mientras desliza la hoja sobre la palma de su mano. La sangre brota sin resistencia, como si supiera que ha llegado su momento—. Con estas gotas, nuestros destinos dejan de ser caminos paralelos. Se funden. Se confunden. Se vuelven uno.

—Pero ¿cómo vas a introducirlo en su cuerpo?

—El terreno ya está preparado —responde con una sonrisa que no busca aprobación—. Leo empieza a mirarme distinto. A desearme. Y si algo he perfeccionado en este tiempo, es el arte de la seducción. Lo que hice... lo que vio... ya no puede borrarlo. Estoy en su mente como una melodía que no cesa.

Hace una pausa, se observa en el reflejo del cristal.

—Me arreglaré. Usaré mis encantos. Y cuando al fin logre que baje la guardia... cuando crea que me tiene... será entonces cuando yo lo posea.

La leyenda de MariamHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora