"¿De dónde nace un villano? Algunos aseguran que la maldad se reconoce desde el primer aliento, otros que es un legado oscuro que se hereda como una marca imposible de borrar. Tarde o temprano, esa sombra busca a su portador, lo consume o lo obliga...
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La esperanza es lo último que se pierde.
Pero cuando apenas queda un hilo, empiezas a cuestionar cada decisión que te llevó hasta aquí. Siempre creí que ayudar era lo correcto, pero nunca imaginé que esta misión de rescate rozaría lo suicida... para todos. Excepto para Leo.
Pensamos que habíamos acabado con el legado del Charro Negro. Qué ingenuos. No consideramos que pudiera buscar a otro portador. No solo no lo destruimos: lo guiamos directamente hacia alguien con lazos de sangre.
Alguien que ahora es la persona más poderosa. Alguien que, irónicamente, iba a casarse con Leo. La misma mujer que él mencionó durante nuestro viaje, cuando rescatábamos a la aldea de los chaneques.
Pero a mí me confió la verdad. Me dijo que no quería casarse con ella. Que quería desaparecer para siempre. Que, en su corazón, yo era la única con quien alguna vez soñó estar. Que no le importaba morir si eso significaba estar conmigo. Y yo... no lo acepté. Le pedí que viviera. Que tuviera una vida normal. Una familia. Que fuera feliz, como yo habría querido serlo.
Ahora, desde que volvió y enfrentó a Mariam para salvar a Nando, algo cambió en él. Lo veo distinto. Como si le doliera lo que esa mujer ha logrado. Como si deseara tener ese poder. Y eso me asusta. Porque significa que aquel niño bondadoso se fue al mar... y nunca regresó. Solo volvió alguien nuevo. Alguien que se adaptó a las circunstancias y se dejó seducir por ellas.
Todos estamos aquí por Leo. Yo estoy aquí por mis amigos. Y daré hasta mi última vida por salvarlos de este mundo... y de esa mujer que nos tiene atrapados. Porque ellos son mi familia. Y tengo miedo de perderlos.
Si muero, quiero morir siendo yo. No convertirme en alguien tan cruel como ella.
—¿Sabes, Xóchitl? Eres alguien a quien realmente admiro. Tu forma de ser... tu entereza. Porque si no te has dado cuenta, somos lo opuesto. Ambas perdimos a nuestras familias. Las dos conocemos el dolor de estar solas y desprotegidas en este mundo. Pero la diferencia está aquí: tú encontraste amigos. Yo fui marginada en el pueblo. Tuve una casa, sí, y no fui parte de la servidumbre... pero no duró. Terminé viviendo en una panadería —dice Mariam, con voz firme, casi orgullosa—. En cambio, tú... tú tuviste un hogar con amor. Y aunque te lo arrebataron, terminaste como la señorita de compañía de las mismas personas que te quitaron todo lo demás.
—Eres un monstruo. No puedes seguir arrastrando nuestras vidas por tu rencor.Sigue tu camino y déjanos en paz.Porque eso que llevas dentro... no te va a llevar a nada.Yo soy feliz con mis amigos.No me aferro a lo que perdí.Me aferro a lo que gané.
—Tienes razón en algo: no dejaste que te volviera mala. Pero a diferencia de mí, tú viviste —y sigues viviendo— la vida que fue escrita para ti. A mí me arrebataron la que fue escrita e inculcada desde niña. Una vida destinada para mí... nada más y nada menos que para una indígena con aires de heroína que me quitó a mi prometido —dice Mariam, mientras sus ojos se tornan rojos como brasas encendidas—. Y ahora te pregunto, Xóchitl ¿qué hubieras hecho tú si te hubiera tocado vivir lo mismo que yo?