Cap 19

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MARIAM 

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> —Bien, Leo, este es el trato. Ya conoces el juego: mismas reglas, mismo desafío. Solo debes terminar antes del amanecer. Mariam lo observa con una sonrisa que no revela nada.

Leo frunce el ceño, cruzando los brazos con desconfianza. ¿Dónde está el truco?

> —Ninguno. ¿Cómo podrías pensar eso de mí? —dice Mariam con falsa inocencia—. Solo te estoy dando la oportunidad de volver a casa con tu hermano. Después de todo, no fui yo quien lo condenó... fuiste tú.

Xóchitl da un paso adelante con determinación. —No queremos nada de ti. Pronto estaremos fuera de aquí y verás de lo que somos capaces.

Mariam apenas le dedica una mirada, su expresión se endurece con algo de burla. —Disculpa, corazón, pero me parece que dije Leo, no pulgas.

Xóchitl aprieta los dientes, pero Leo la detiene con una mano en el hombro. Su mirada se encuentra con la de Mariam. —¿Entonces qué, Leo? ¿Aceptas el trato? —pregunta ella, extendiendo la mano a través de los barrotes del calabozo. 

Acepto. —Leo estrecha la mano de Mariam sin apartar su mirada de ella.

Mariam sonríe con una satisfacción inquietante. —Perfecto. Para que veas que no todo está en tu contra, tendrás ayuda. No solo podrás contar con tu equipo, sino que te daré un recurso extra: tu hermano y el padre de Beatriz. Solo tienen que traerme tres objetos muy preciados para mí en la feria.

Se cruza de brazos, con una expresión que es casi un desafío. Tienen hasta el amanecer. Si no los traen antes del primer rayo de sol... el trato se cerrará, y todos serán mis sirvientes.

La sonrisa en su rostro no deja lugar a dudas: Mariam sabe exactamente lo que está haciendo.

Leo frunce el ceño, su mandíbula se tensa. —Esto solo es entre tú y yo. La decisión es mía.

> —No les preguntes, ellos aceptan.

La voz de Mariam es firme, definitiva, pero entonces Alebrije se adelanta, con las orejas erguidas y los ojos llenos de desafío. —Leo, espera tantito. Ni siquiera nos has preguntado. ¿No ves que esta decisión nos corresponde como equipo?

Leo lo fulmina con la mirada, su tono ahora más áspero. —Si vinieron conmigo, es porque me ayudarían. No es momento de decir otra cosa.

Su gruñido es una advertencia, pero la tensión en el aire sugiere que el equipo no está tan seguro de seguir ciegamente sus órdenes.

> —Apaga la mala vibra, brother. Solo digo que sería bueno que pensemos bien cómo haremos esto. No solo serías tú, seríamos todos los que nos quedaríamos aquí.

Teodora frunce el ceño, pero luego sus ojos se iluminan con esperanza. —Esperen... si mi Nandito está aquí y lo veremos, yo te apoyo, Leo. Sirve que haya señal afuera.

Mariam observa todo con satisfacción. —Bien, esa es la actitud. Ellos los esperarán afuera.

Leo inspira profundo antes de hablar. —Bien, ¿cuáles son las cosas que quieres que recuperemos?

Mariam se acerca un paso, la luz titilante del calabozo reflejándose en sus ojos. Su tono es casi melódico cuando recita:

"En un cofre de madera, bien guardada y escondida, brilla una joya verde, de gran valor y vida. Solo quien la busque con paciencia y sin prisa, encontrará la esmeralda que en la oscuridad se avisa."

La leyenda de MariamHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora