Cap. 8

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LEO

Esto no puede estar pasando

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Esto no puede estar pasando. Mis amigos lo detuvieron... Pero no. Es el Charro Negro. Tengo que salvar a mi hermano, es lo único que me queda.

Debo pedirles ayuda para regresar al Inframundo.

Tomo la nota y la guardo en el bolsillo de mi pantalón. Me apresuro a reunir lo necesario: comida, ropa, una cuerda, cualquier cosa que pueda servirle.

Con el corazón latiendo con fuerza, preparo la carreta y engancho la mula. Es hora de partir. Es hora de salvar a mi hermano.

Al llegar a la casona, el aire es denso, pesado. Entro por un hoyo en la parte trasera, moviéndome con cautela entre las sombras. El lugar está en silencio, hasta que...

Desde la planta de arriba, un sonido se filtra por los pasillos. Teodora está cantando.

Su voz resuena, melancólica, pero extrañamente festiva:

"Y los muertos aquí la pasamos muy bien, con flores de colores y el viernes qué tal si en la fosa no hay plan...

Nos vestimos y salimos para dar una vuelta ooooh sin pasar de la puerta, eso sí, y el cielo por mí se puede ESPERAAAAAARRRR!!!"

Las notas vibran en el aire, como si las paredes mismas las absorbieran. Algo se mueve detrás de la puerta.

Se abre lentamente.

Leo da un paso adelante.

—Chicos, necesito su ayuda.


MARIAM 

Pasé todo el día ocultándome entre las calles del pueblo, esperando el momento adecuado

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Pasé todo el día ocultándome entre las calles del pueblo, esperando el momento adecuado. Visité el panteón, observando las ofrendas, respirando el aroma a cempasúchil y copal que flotaba en el aire. Pero yo no estaba aquí por nostalgia.

Mi propósito en el mundo mortal era claro: cobrar un trato.

Un trato que no hice con el deudor, sino con su hermano. Una oportunidad perfecta para vengarme de todos los que me dañaron. Y el primero en mi lista era Nando Sanjuan.

La leyenda de MariamHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora