Capítulo 14 La corona de cuarzo y el príncipe de obsidiana

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-Muy osado de su parte llamar de esta manera la atención- Violette avanzaba tomando entre sus manos un pañuelo de seda, jugaba con el corriéndolo entre los dedos mientras caminaba por el pasillo al lado del jardín.

-Seguro todas las damas de la corte se quedaron susurrando al respecto, será un escándalo, una mancha en su reputación de mujer inalcanzable-

Eso le robo una sonrisa a Violette, sabía muy bien el tipo de imagen que ella tenía, una mujer cruel y directa, tal vez incluso grosera pues podía sin pestañear rechazar a cualquiera.

-Palabras, simples y llanas palabras- ella se detuvo soltando un pequeño suspiro, lo que pensó aquella noche, que hizo avanzar la siguiente pregunta, cambio a Violette por completo –¿Quién es usted mi señor? -

Aquel hombre se paró en seco y dio media vuelta para contemplar como la luz de la luna ya dibujaba la sombra de Violette sobre el piso –¿de verdad no lo recuerdas? -

-Es muy descortés que me responda con otra pregunta y más una tan obvia, es evidente que no lo recuerdo, he rebuscado en mis memorias, pero nada aparece-

-Si solo se trata de responder diría que soy Edmond, hijo del Duque Dean- él se acercó y tomo de entre las manos de la Madam aquel pañuelo, en la esquina tenia bordada su inicial en hilo rojo y grueso –si tuviera que decir la verdad, diría que no fui nadie, hasta que tú me diste nombre-

-Hijo del duque...- separo los labios con sorpresa evidente, pues era aún más improbable que ella lo hubiera olvidado así de fácil, siendo tan relevante –eso es imposible, ni siquiera he convivido con tu padre, menos aún contigo-

-Bueno, lo hiciste antes de que Dean fuera mi padre- el estiro la mano y sobre su palma estaba la llave del cofre de recuerdos que tenía Violette, una pequeña roca de obsidiana igual a la de su niñez.

El corazón se le removió en el pecho, como la crisálida de la mariposa tintinea en las altas ramas de un árbol antes de que ella nazca, se esfumo el aire por un instante de sus pulmones y con la mano temblorosa recogió aquel pedazo de memoria que el alto hombre le ofrecía.

- ¿Grand frére? –

- ¿Cómo has estado Viole? - las lágrimas cayeron de sus ojos y los mares se dejaron contemplar por la ternura de aquel hombre, que confiado se sentía del amor que hace años había plantado en Violette y que ahora veía germinar –por favor no llores-

Con toda la confianza del mundo la envolvió entre sus brazos y le coloco con cuidado el rostro en medio del pecho, para que ella pudiera recordarlo aún mejor con esa unión.

-Es imposible...- aquello parecía un sueño y miles de emociones aturdían a Violette

-Sin embargo, aquí me tienes, después de tanto...-

Y eso la hizo recordar, Violette le puso las manos en el pecho y lo aparto con rapidez, cuando Edmond regreso su rostro a la altura de ella, vio aquellas lagrimas cavando profundo como lava de un volcán, estaba muy enojada.

-Si- dijo casi gritándole –después de todos estos años... ¿crees que tienes aun un lugar en mí? -

-Entiendo que estés molesta, no era...-

-¡Me abandonaste!- eso le dolió, aun siendo tan robusto y maduro, como si fuera un niño rechazado por su primer amor –te espere por años, si no hubiera aparecido Didier yo seguiría esperando, en mi ignorancia-

-Jamás planee que tardara tanto tiempo, pero regrese, te busque por todos lados y cuando al fin de encontré, ya era tarde para cumplir mi promesa- él dio un paso hacia adelante al mismo que tiempo que ella lo daba hacia atrás –debes perdonarme, estaba fuera de mis manos-

VioletteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora