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Cuando llegamos a casa, nos bañamos, comimos algo y nos acostamos, hablamos un poco sobre cosas de la vida, nos dimos un poco de cariño y decidimos dormir. Pero a pesar de que ambas estábamos cansadas, ninguna de las dos pudo hacerlo.

Estaba intentando no moverme para no despertarla, yo la estaba abrazando por la espalda y no podía ver su rostro, pensé que estaba durmiendo, pero de pronto la sentí suspirar.

—¿Estás despierta, Chaengie? —susurré.

Asintió levemente con la cabeza.

—¿Estás nerviosa? —pregunté un poco más alto, ahora que sabía que no estaba durmiendo.

Volvió a suspirar y se giró para quedar de frente a mí, volvió a asentir con la cabeza.

—No tienes que estarlo, estoy segura de que todo saldrá bien —acuné su mejilla con mi mano.

—Lo sé, pero...  ¿y si no? —se escondió entre mi mentón y mi pecho.

—Si no, seré yo quien se asegure de que no vuelva a acercarse a ti, te lo prometo —le di un beso en la frente.

—No quiero que vuelvas a estar en peligro.

—Lo estaré las veces que sea necesario por ti.

—No, Mina, no quiero que estés en peligro, lo digo en serio —dijo con seriedad.

—Tranquila, no tenemos de qué preocuparnos, estoy noventa y nueve por ciento segura de que mañana ese imbécil irá a la cárcel.

—¿Y si no?

—Buscaremos una solución juntas —le di otro beso en la frente—. Ahora, intentemos dormir —la abracé con fuerza.

Entrelazó sus piernas con las mías y se aferró a mi espalda. La sentí suspirar contra mi pecho y luego se relajó en mis brazos. Cuando su respiración se volvió lenta y pesada, supe que se había dormido y yo también pude hacerlo.

En la mañana despertamos asustadas con el sonido de la alarma que Chaeyoung había puesto la noche anterior, se encargó de buscar la canción mas ruidosa que encontró porque llegar tarde no era una opción, y conociéndonos, seríamos capaces de quedarnos durmiendo abrazadas hasta las tres de la tarde, posponiendo alarmas una tras otra. Era mejor no arriesgarse.

A primera hora, ya estábamos sentadas en la corte, esperando que llegara la jueza a dar el veredicto.

Primero entró Woobin, esposado y acompañado de dos guardias, con la cabeza agachada y sin mirar nada más que el piso. Después ingresó la jueza, que demoró una eternidad en ordenar unos documentos que tenía en sus manos. Chae, que miraba el suelo al igual que Woobin, suspiró y vi como sus manos temblaban e intentaba calmarse agarrándolas entre sí. Tomé sus manos con la mía y las apreté, se volteó a verme. Hice el gesto de tomar aire profundamente y luego soltarlo lentamente, logrando que ella me imitara.

—Tranquila, amor, todo va a estar bien —susurré.

Chaeyoung asintió, con una leve sonrisa.

—Disculpen la espera —comenzó a hablar la jueza—. A continuación, daré el veredicto del juicio en contra de Jung Woobin —se aclaró la garganta—. Después de deliberar y tomando en cuenta todas las pruebas y testimonios, se declara a Jung Woobin... —sentí a Chae tomar una bocanada de aire— culpable de todos los cargos que se le acusan... —Chae soltó todo el aire en un gran suspiro— Por el delito de agresión sexual, se condena a trescientos sesenta y ocho días de prisión. Por el delito de consumo de drogas, cuatrocientos setenta días de prisión. Por agresión física con resultado de lesiones simplemente graves, quinientos cuarenta y un días de prisión. Un total de mil trescientos setenta y nueve días.

Malentendido 2 (Michaeng)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora