uno.

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Maressa y Gabriel llevaban cuatro años juntos. Su relación no era perfecta, pero tampoco tenía que serlo. A pesar de las peleas, a veces por cosas pequeñas, a veces por temas que los dejaban sin hablarse por días, siempre volvían a encontrarse.

Desde el principio, habían sido más que pareja: eran equipo. Cuando Gabriel hablaba de querer dedicarse a la música, Maressa fue la primera en decirle que lo hiciera. Ella no solo lo apoyó con palabras; en sus vacaciones universitarias tomó un trabajo para ayudarlo a comprar sus primeros instrumentos. No le pesó. Verlo perseguir lo que amaba la hacía feliz.

Gabriel también se entregaba a su manera. Nunca había sido un fan de la lectura, pero cuando se trataba de Maressa, leía cada cosa que ella escribía, como si fuera lo único que importara. Le sugería ideas, la animaba, incluso cuando ella misma dudaba de su talento.

Las cosas cambiaron cuando Gabriel comenzó a ganar fama. Su amistad con Natanael Cano y Junior H lo puso en el radar, y su vida dio un giro. Maressa, sin pensarlo mucho, dejó todo para apoyarlo. Pausó sus propios sueños, empacaron lo poco que tenían y se mudaron a una ciudad donde no conocían a nadie.

Eran inseparables, al menos eso parecía. Pero a veces, lo que parece perfecto desde fuera no lo es tanto. Las cosas no se mantenían igual cuando uno crecía y el otro se estancaba.

fendi;gabito ballesterosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora