Capítulo 45

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Ella habia enmudecido. Jamás habia visto a Julian siendo posesivo con algo, o con alguien. Y menos con ella. Era ridículamente absurdo. Infantil. ¿Qué clase de amenaza era esa?

Y su reacción la indigno, ¿Por qué actuaba exactamente como esas tantas personas ricas del medio que detestaba? Taylor tenía razón. Aquella gente que poseía tantos millones que se cegaban hasta el punto de creer que hasta las personas les pertenecían.

Tessa se apartó de él y subió las escaleras rumbo a su habitación. Coloco el seguro en la puerta y se arropo de pies a cabeza. ¿Qué clase de reacción era la suya también? Como el de una niña pequeña castigada. Pero al final, Julian habia conseguido lo que quería. Habia dejado que ganara. ¿Por qué su frialdad la habia asustado? ¿Por qué sentía esta tristeza en su interior? La habia tratado como una de sus posesiones. Esto no era parte del contrato, estaba rompiendo las reglas de nuevo. Y algo roto; jamás volvía a la normalidad

***

—Maldición— habia murmurado el joven mientras le dio un leve golpecito con el puño a la pared. No era asi como se supone todo debía terminar. Pero habia estado desesperado y el miedo lo habia invadido por perderla. Nunca se le hubiera ocurrido que Tessa quisiera alejarse de él. No podía permitirlo. No iba a permitirlo. Que sentimiento para más desagradable era el que sentía en su interior. Pero lo desconocía. Se desconocía. ¿Qué le estaba pasando?

Julian Anderson era un joven millonario que jamás habia tenido a alguien que amara. Su listado de pretendientes era largo, pero su historial de noviazgo inexistente. Por lo tanto, no sabia como amar. No sabía como tratar a las personas en las relaciones. Era de sentido común saber que no podías chantajear a nadie para quedarse. Pero el habia hecho eso desde el principio, y seguía haciendo. No quería que ella se quedara al final con él por obligación; deseaba que lo eligiera. Por sobre todo, que lo siguiera eligiendo siempre a el.

¿Por qué habia iniciado toda esta ridícula discusión?

Su mirada se oscureció cuando pensó en el muchacho de rubios cabellos ¿Qué tenía ese tipo que habia llamado la atención de Tessa como para ganarse su simpatía en tan solo un dia?

Miro hacia el piso de arriba

Tessa de seguro no querría ni escucharlo ahora. Pero si en algo podía disminuir su enojo, al menos era dándole eso. Dejarlo en paz. Bien. No tocaría al chico, solo porque ella se lo pidió. Pero ella debía comprender que Julian debía hacer lo que sea para mantenerlos a salvo. Tessa no lo entiende, pero las personas no siempre son lo que parecen. Julian ha experimentado la traición de primera mano, las cosas que hacía siempre eran por algo. Un paso más adelante que todos, tenían que estarlo siempre. Por el bien de el, por el bien de ella. Mantente vivo.

Se toco la cabeza ¿Por qué Tessa lo volvía asi? La sensatez debía volver a él. E irónicamente ella lo volvía loco.

Cuando toco la puerta, enserio esperaba que ella siguiera despierta como para querer escucharlo —Tessa, abre la puerta —pidió con voz calmada. —Tessa, no hemos terminado de hablar.

—Vete. —se escuchó la tenue voz a través de la madera

Julian suspiro —sé que estas molesta. Pero podemos solucionarlo. Lo lamento.... Yo...

—No quiero.

—Pero Tessa... ¿puedes abrir la puerta para poder tener una conversación mirándome a los ojos?

—No. —fue rotunda

—Dormiré en el suelo sino me quieres cerca, ¿pero puedes...?

—¡He dicho que no! — soltó molesta —ahora si quieres, puedes tumbar la puerta. Después de todo, ya has dejado claro que todo aquí te pertenece. —soltó con cierto grado de sarcasmo y burla.

—Tessa.... Yo no...

—¿Y que más da tumbarla? Repararla solo te costara unos cuantos dólares. Imagínate, eso no es nada para el dueño de media ciudad.

Julian sabía lo que estaba haciendo ella. Golpeándolo con sus propias palabras. Y sí. Sonaban tal mal como creía, como un completo idiota.

—Suena muy mal —acepto el a través de la puerta. —me gustaría que aclaráramos lo que paso abajo.

—Hasta mañana, Julian — esa habia sido su despedida

Luego de eso, el trato de llamarla más veces, pero ella ya no contesto más.

Julian Anderson miro hacia sus manos. Hacia el manojo de llaves que sostenía. Y a pesar de eso, no abrió la puerta. 

Mentira MillonariaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora