No es normal que un hombre de 28 años trate de manera cariñosa a su estudiante fémina, menos cuando esa "amistad" te quitará todo lo que conoces.
Nombre del oc/Gen
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—Veras cariño. Es algo básicamente normal. —Se dirigió a mi Diana.
Si mi cara pudiera estrujarse más lo haría, empezabas a respirar pesadamente.
—¿normal?
Mi voz tembló.
—Si, todas nosotras fuimos comprometidas y casadas a temprana a edad.
Oh.
Miraste a cada una en la mesa, con sorpresa y terror. Cada una de ellas bajaba la mirada y se veían bastante tristes.
—Pregúntale a Irene. —Señaló a esa castaña. —Se casó con 16 años, tu misma edad.
Sentiste tus manos temblar. Furia corría por tus venas.
—¡Normal! ¡Como esto puede ser normal! ¡Es una abominación, todas ustedes son víctimas!—Grite con enojo, me paré de mi silla. Comenzabas a entrar en pánico.
—Te sugiero que bajes la voz. No querrás que Satoru te castigue ¿verdad?
Mire con terror a esa pelirroja. Ibas a salir de ahí porque ibas a salir. Tomaste tu cartera, miraste a todos lados tratando de detectar a Satoru. No estaba lo tomaste como ventaja y te alejaste de la mesa.
—Mientras te sigas viendo joven y des desendencia, tendrás la vida hecha. Señora Gojo. —Fue lo último que escuchaste de Diana, miraste por última vez a la castaña parecía tener ganas de refutar algo. Pero te fuiste.
Aceleraste el paso, intentando no correr. Seguiste mirando a cada lado orando para no toparte con Satoru. Viste a Giana a lo lejos, entraste en pánico. Si te veía le contaría a Satoru. Viste un pasillo y ahí te escabulliste.
El pasillo era oscuro, nadie pasaba por ahí. Como si fuera un almacén. Suspiraste de alivio, te sentaste en el suelo.
¿Qué clase de lugar era este? Acaso traficaban menores? Todas esas mujeres fueron niñas que casaron. ¿Qué clase de pedofilia era esa? Estabas aterrada, ¿para eso Satoru te restringió? ¿Para ser un conejillo de indias? Esto ya se está saliendo de control.
Tenía que preguntar, tienes que aclararte.
Unos susurros te sacaron de tus pensamientos, frunciste el ceño. Al poder reconocer la voz de Satoru te exaltaste, ibas a irte. Hasta que algo llamó tu atención, con cuidado y calma te acercaste a la puerta entre abierta. Empezaste a observar, Satoru estaba ahí. Parecía frustrado y desesperado.