No es normal que un hombre de 28 años trate de manera cariñosa a su estudiante fémina, menos cuando esa "amistad" te quitará todo lo que conoces.
Nombre del oc/Gen
Con lentitud tus ojos despertaron, con párpados igual de lentos. Sentiste de inmediato el cansancio en ti, en tus ojos. Recordando los sucesos de la noche anterior, tus párpados estaban agotados. Te sentaste en la grande cama, con pesar buscaste a Satoru como si ayer solo hubiera sido un sueño, no aceptando la realidad. Tu rostro no tenía expresión, tu semblante serio y tus ojos estaban vacíos. Te levantaste de la cama como si estuvieras poseída, no sentías ninguna responsabilidad en el momento. Como un cuerpo sin vida y sin propósito, perdido. Tomaste un abrigo para cubrirte de la fría mañana, arropando tus hombros y brazos. Te aferraste a él como si el calor que emanaba el abrigo fuera el único toque suave y gentil que hubieras sentido en mucho tiempo.
Tus ojos pararon en la puerta de la habitación, sintiendo curiosidad del porqué Giana no había ido a despertarte como siempre hacia. Pero aún así tu rostro no expresaba nada. Desviaste la mirada al vacío perdiéndote otra vez en tu agujero negro. Volviste a sentir un frío por tus mejillas alertándote.
Vagamente decidiste salir de ahí, buscando a tu única forma de volver a la realidad.
Giana.
Con pasos lentos te acercaste a la puerta, a punto de abrir la manecilla. Te detuviste, alzaste tu cabeza y tus orejas se activaron.
Se oían voces, gritos y correteos.
Abriste tus ojos con sorpresa, sentiste energía pasar por tus venas. Tu corazón se puso en marcha.
Abriste la puerta con rapidez, saliste de ella. Visualizaste al personal corriendo con desesperación por todos lados. En una situación normal todos esas personas al verte hubieran hecho su tonta reverencia como si fueras alguien importante. Miraste en la dirección en la que iban, tu rostro pareció descongelarse pues tu ceño se frunció al instante.
Algo estaba pasando.
Pero...¿qué?
Reconociste la voz de Giana. Era un tono de grito y desesperación. Gritaba con fuerza, no reconociste de que hablaba o gritaba. Tu cuerpo seguía congelado mientras tu alrededor todos corrían, tu corazón deseaba buscar a Giana pero tus piernas no respondieron. Bajaste la cabeza, lentamente cayendo otra vez en el agujero negro con infinitos pensamientos.
— ¡Todos enfóquense! !Sigan el protocolo!
Alzaste tu cabeza rápido al sentir como dos personas tocaban tus brazos, eran dos mujeres con kimono extravagante. Ambas con serios rostros, te arrastraron, miraste hacia atrás al escuchar la voz de Giana. Ella te miraba con una expresión destrozada y desgarradora. Viste sus ojos tan abiertos y con terror en ellos.
—¡Mi señora no se preocupe, todo estará bien!
Al escuchar eso volviste a poner tu mirada al frente, haciendo una mueca en tu rostro. Dejándote arrastrar por la mujeres y sin quejarte. Básicamente corrían de lo rápido que esas mujeres te llevaban. Te llevaron por un pasadizo secreto, mirabas con asombro todo. Miraste las paredes y el techo eran de un negro intenso, no había casi luz. Habías recorrido todo ese clan en tus tiempos a solas buscando salidas, jamás supiste de un pasadizo. Y eso que te encargaste de ver cada piedra del suelo.
Increíble.
No importa cuánto pensabas que habías descubierto, todo este clan era un misterio y un libro sin terminar.
Tus pensamientos fueron interrumpidos con una luz que molestó tus ojos, los cerraste como reflejo. Al entrar la luz se hizo pequeña y tu visión se hizo más clara. Te asombraste al ver una mesa llena de hombres y mujeres ancianos que nunca habías visto en tu tiempo en el clan.
Toda su conversación se calló al verte entrar, los miraste confundida.
¿Quienes eran?
—Mi señora, es un honor conocerla al fin...
• • • AF
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