El Omega rubio camino hasta llegar a la mesa donde estaba sentado ese mariachi que a diario lo veía cenando con sana, su compañera, otra mesera, una Omega.
Pero esta vez el alfa estaba solo, Jimin tenía demasiada curiosidad por ese mariachi, siempre...
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El siguiente fin de semana llegó rápido, Jimin se sentía raro, entraba a las 3:30 PM al restaurante, y estaba anhelando la hora en que llegarán los mariachis.
Exactamente, a las 7:30, empezaron a llegar uno por uno, el Omega rubio dejó sus mesas bien atendidas, y suspiro antes de entrar en el área donde los mariachis siempre estaban.
Pudo ver tres en la mesa grande para ocho personas, y otros cuantos regados por las otras mesas.
Pero no estaba el mariachi que él iba a buscar, saludo a Mario, el jefe de mariachis y a Martín, ambos alfas lo saludaron sonrientes.
La puerta se abrió, y pudo ver al alfa que esperaba, con su estuche de violín en su espalda, saludando a todos, estaba seguro de que si no usará supresores, su olor a manzana, llenaría el lugar.
Quería hablar con él, quería hacer una amistad con ese alfa, no lo conocía, pero se le hacía tan diferente a los demás.
El saludo a todos, y contestaron, Jimin rápidamente se dio la vuelta, para ir a revisar sus mesas, y sintió una pesada mirada.
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A las 8 pm la música del mariachi empezó a sonar por todo el restaurante, la música alegraba el raro, y el ambiente de los músicos ponía a todos alegres.
Jimin no podía evitar, pasar sin mirar al alfa pelinegro, se sentía raro, él no era así, jamás buscaba a nadie, ni a su familia, no le interesaba nadie, pero por qué le interesaba ese alfa.
Quería conocerlo mejor, preguntarle cosas, Jimin llegó a ese país, algo verde, y ahí aprendió a la mala a no confiar ni en su familia.
Pero su lobo lo guiaba a buscar a ese alfa, ni siquiera sabía cómo olía, ya que todos usaban supresores, no sabía qué le estaba pasando, se estaba volviendo loco.
El descanso de los mariachis había llegado, y tabú se acercó a Jimin…
—¿iras a comer?— preguntó tranquila.
Tabú tenía 36 años, 14 más que Jimin, y se había dado cuenta, que el Omega estaba interesado en alguno de los mariachis, más no sabía bien cuál.